El Congreso de los Diputados ha debatido esta semana si hay que prohibir el burka y el niqab en los espacios públicos.
Finalmente la propuesta ha sido rechazada porque la iniciativa se ha quedado solo respaldada por el Partido Popular pero Junts ya ha dejado claro que es partidario de la prohibición y que va a presentar su propia iniciativa para legislar en este sentido pero sin seguir el juego a Vox a los que califica de “fascistas”.
El PPN, Coalición Canaria y el mismo PSOE se han mostrado dispuestos a un debate serio sobre el asunto siempre y cuando se desgaje del discurso contra la inmigración. El asunto vuelve a la política española y a la sociedad nos toca debatir sobre un tema muy delicado, sensible y con muchas aristas pero que como ciudadanos nos toca abordar. La Constitución garantiza como derecho fundamental la libertadideológica,religiosa y de culto, pero impone la limitación “necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”. Lo que quiero decir es que no es ni un derecho sin límites y por eso el debate que ha llevado ahora Vox al Parlamento lleva abierto más de dos décadas en Europa y ya son nueve los países que por diferentes causas tienen prohibido su uso completa o parcialmente: Francia, Bélgica, Austria, Dinamarca, Suiza, Países Bajos, Portugal, Alemania y Bulgaria. Italia está intentándolo y en el Reino Unido la extrema derecha lo ha propuesto pero de momento el resto del Parlamento no ha dado su apoyo.
Vaya por delante que lo que dice Vox no es cierto. Una vez más en este caso el dato o los datos matan el relato. En su propuesta habla de que existe “una circulación masiva de personas con el rostro cubierto” pero el uso del burka y del niqab aquí en España es anecdótico y por supuesto no representa a la mayoría de comunidad musulmana que mayoritariamente no utiliza prendas que cubran el rostro. En España tenemos 2,5 millones de musulmanes residentes mayoritariamente magrebí y lo más común es el uso del hiyab que es el velo que cubre el cabello y el cuello y al que todos estamos completamente acostumbrados incluso en comunidades autónomas donde la inmigración es un asunto que ha aterrizado en la última década.
El burka cubre todo el cuerpo de pies a cabeza. Es una especie de velo de una sola pieza que cubre a la mujer por completo y que fue impuesto por los talibanes, especialmente entre las mujeres de los pueblos pastunes de Afganistán y Pakistán. ¿Han visto ustedes en España a muchas mujeres cubiertas por esta especie de velo integral? ¿tienen vecinas que usen estas prendas? Seguro que no y seguro también que sin embargo si que han coincidido y conviven con mujeres musulmanas que utilizan el hiyab y que no suponen ningún tipo de problema en cuanto a la seguridad de todos.
Para imponer la prohibición del burka y el niqab también se alega la protección de la igualdad de la mujer. Son prendas de uso femenino exclusivo y se ha puesto en cuestión que ellas sean libres para elegir si las usan. En el lado opuesto, quienes defienden el burka alegan motivos religiosos y una obligación que tienen las creyentes del Islam respecto a la vestimenta que deben usar en espacios públicos. Pero el Corán no establece que las mujeres tengan que ir cubiertas lo que pide el Corán a sus creyentes es que escondan sus partes sexuales y que no enseñen el sexo, lo normal en un mundo civilizado. En la derecha no hay dudas pero en la izquierda la cuestión ha provocado muchas divisiones. De un lado pesa la consideración de que estas vestimentas que, a diferencia del velo, cubren por completo el rostro y el cuerpo, resultan degradantes para las mujeres. Y de otro, se argumenta que este tipo de debates constituyen alimento para los discursos xenófobos. De hecho en Francia esta brecha es muy visible.
Hay un punto por el que la legislación si que tendría sentido: una cuestión de seguridad. En los tiempos que corren ir completamente cubierto es una cuestión de seguridad pública. No deja de ser una anécdota histórica pero solo hay que remontarse a 1766 cuando Carlos III trató de erradicar las capas grandes y los sombreros, alegando que se permitía el anonimato y la facilidad de esconder armas, lo que fomentaba toda clase de delitos y desórdenes. Actualmente la cuestión de la seguridad todavía es más complicada porque lo que tenemos es una amenaza internacional de la que nadie se libra. De hecho el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha aceptado las razones de seguridad que se han puesto sobre la mesa para sancionar el uso del burka o del niqab. Por ejemplo consideró que no hubo vulneración del artículo 9 del Convenio Europeo de Derechos Humanos, libertad de pensamiento, de conciencia y de religión en el caso de una mujer que se negó a quitarse el velo para un control de identidad en el Consulado General de Marruecos. Como se negó, se le impidió entrar y no pudo obtener su visado. La demandante argumentó que habría estado dispuesta a quitarse el velo pero solo en presencia de una mujer pero el Tribunal no lo aceptó. En otro momento respaldó la obligación de aparecer con la cabeza desnuda en fotografías utilizadas para documentos oficiales.
A nadie se le ocurriría entrar en un banco con pasamontañas ¿verdad?. Tampoco a nadie se le ocurriría pasar por un control de seguridad en el aeropuerto con gorra y gafas y mucho menos taparse el rostro con una careta y acudir a una comisaria de la Policía Nacional para renovar sus documentos de identidad. Y eso es de lo que estamos hablando. La utilización de prendas que ocultan el rostro como los pasamontañas, las mascarillas, las capuchas o lo que se conoce como bragas de cuello en la vía pública ha generado una creciente inquietud entre los cuerpos policiales especialmente en situaciones de desórdenes públicos o manifestaciones. Su labor de identificación se ve dificultada y por eso piden más sanciones y mayor regulación. Se encuentran además con limitaciones tecnológicas porque las máscaras dificultan el uso de tecnologías de reconocimiento facial o la captura de imágenes por parte de las cámaras de vigilancia en las calles. De hecho ante la creciente inseguridad que se está viendo en grandes ciudades como Barcelona partidos como PP, Vox o Junts han propuesto medidas para sancionar el uso de este tipo de vestimenta en vías y espacios públicos. ¿Tiene que haber libertad para llevar un burka? Desde el punto de vista de la seguridad yo lo tengo muy claro.
