Su voz se diluye en un cada vez más intenso ‘no a la guerra’ español y el relevo en tertulias e informativos lo han tomado los corresponsales y los expertos en cuestiones castrenses cuando la guerra total que Israel y EE UU libran contra la República Islámica está a punto de entrar en la tercera semana. A falta de algún estudio de opinión que les pregunte una a una, difícil es saber si su posición es unánime entre la diáspora en nuestro país, pero no tanto que el apoyo a una intervención externa contra el régimen iraní cuenta con un amplio apoyo entre los iraníes de España.
“Muchos iraníes la llamamos ‘misión de socorro’, porque la vemos como la ayuda que durante años pedimos a Estados Unidos e Israel para liberarnos del yugo de los ayatolás”, admite a Artículo14 la profesora de persa y español y traductora Elnaz Gholami, residente en Valencia desde hace seis años. “Durante mucho tiempo pedimos apoyo a la comunidad internacional, pero en muchos casos no fuimos escuchados. Por ejemplo, España, hasta este momento, ha mantenido una postura que percibimos como favorable al régimen islámico”, concluye la joven.

Saben que la libertad tiene un precio, y asumen que muchos iraníes lo van a pagar, incluidas ellas mismas si el régimen acaba prevaleciendo. “Los iraníes que vivimos fuera del país también estamos siendo amenazados. Desde la televisión estatal nos envían mensajes en los que nos califican como enemigos, afirman que ya tenemos una condena a muerte y anuncian que confiscarán nuestras propiedades en Irán”, detalla la traductora afincada en la capital del Turia.
Apoyo al hijo del sha y desprecio al nuevo ayatolá
“El nombre que la gente más menciona, tanto en las protestas de hace dos meses como ahora en las manifestaciones fuera de Irán, es el de Reza Pahlavi, hijo del antiguo sha de Irán. Si realmente se celebran elecciones libres en Irán, se votará por él”, asegura la psicóloga iraní Galin Shirzad, actualmente en Málaga y desde hace nueve años en España.

“Apoyo a Reza Pahlavi como jefe de la oposición, pero ni él ni ningún otro debe asumir un papel parecido a del líder supremo. Irán necesita un buen político en esta importante transición, alguien capaz de poner al país de acuerdo. Alguien como lo fue el canciller Konrad Adenauer en Alemania después de la Segunda Guerra Mundial”, asegura, a Artículo 14, por su parte, la matemática Maryam Beygmohammadi, residente en Sevilla desde el verano pasado.
“La esperanza dentro de Irán se parece a una onda senoidal. Para muchos la elección de Mojtaba Jamenei ha sido una especie de decepción, pero no lo entiendo. Para mí la esperanza aumenta cada día. Estoy totalmente segura de que es el final del régimen y de que nada puede salvarlos. ¿Por qué? Es difícil de explicar”, prosigue la doctora en Matemáticas. “Estoy segura de que al menos Israel no va a parar hasta el final”, asevera la joven natural de Kermanshah, una ciudad de mayoría kurda situada en el oeste del país.

Sobre la identidad y futuros planes del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, el desprecio es profundo entre las iraníes. “No hay diferencia entre padre e hijo: la misma ideología, la misma crueldad y el mismo camino que antes. Mojtaba fue el puente de su padre con la Guardia Revolucionaria y tiene millones de euros en capitales y bienes por todo el mundo”, asevera Shirzad. “Creo que si el hijo de Jamenei siguiera vivo, porque algunos creen que está muerto, lo más probable es que sea el próximo objetivo de Israel, y quienquiera que esté en el gobierno de la República Islámica”, confiesa la psicóloga afincada en la capital malacitana.
“Ya se rumoreaba que Mojtaba estaba detrás de todas las decisiones del régimen y que su padre era una mera marioneta. Nada en este tipo de régimen es transparente y no puedes creer las noticias. Así que no me sorprende su designación, y, honestamente, me da igual. No cambiará nada en Irán”, concluye, con un convencimiento similar, la matemática residente en la capital andaluza.
Incertidumbre y preocupación por el curso de los acontecimientos
Aún es pronto, son conscientes, para saber a ciencia ciertar si esta que cumple ya dos semanas era la operación militar más eficaz y definitiva para derrocar a la teocracia de los mulás. “Estamos viviendo un momento agridulce. Por un lado, hay un sentimiento de alivio entre muchos iraníes por la muerte del ayatolá Jamenei y de varios de sus colaboradores, personas que durante casi cinco décadas han reprimido al pueblo iraní”, confiesa la traductora Elnaz Gholami.

“Pero, al mismo tiempo, existe una gran preocupación por el futuro de Irán. Vivimos en una profunda incertidumbre, porque no sabemos si este régimen desaparecerá definitivamente o si logrará mantenerse de alguna forma”, admite la profesora de persa y español. “Dentro del país la represión continúa: las protestas siguen siendo duramente castigadas. Por ejemplo, si alguien grita consignas desde la ventana de su casa, puede recibir disparos directamente. Hay controles constantes en las calles y un clima de miedo permanente”, continúa su reflexión.
“Somos conscientes de que EEUU e Israel también actúan en función de sus propios intereses y que probablemente esperarán algo a cambio. Pero, como hemos dicho muchas veces, para muchos iraníes casi cualquier alternativa parece mejor que seguir bajo el régimen islamista. La situación dentro del país se ha vuelto insoportable. Tampoco sabemos realmente qué puede pasar ahora. Nadie sabe con certeza qué piensa Donald Trump ni cuáles son sus planes para el futuro liderazgo de Irán. No confiamos plenamente en sus declaraciones sobre un posible líder de transición, porque ha demostrado en muchas ocasiones que puede decir una cosa en público y hacer otra diferente”, concluye la profesora de persa y español residente en Valencia desde hace seis años.

Por su parte, la psicóloga Galin Shirzad comparte con este medio cómo sus amigos en la capital iraní le cuentan que “hay controles estrictos en las calles, con agentes armados, y que en cada coche que paran revisan todas las aplicaciones móviles, mensajes, vídeos y fotos, y la gente lo sabe y por eso sale de casa con la memoria de sus teléfonos móviles borrada”. “La comida se ha vuelto muy cara y la gente se ayuda mutuamente. Los iraníes son muy empáticos en situaciones como esta”, asevera.
Lo cierto es que desde que decenas de miles de iraníes se echaran en enero a las calles para exigir cambios profundos al sistema político nacido en 1979, una protesta reprimida de manera sangrienta por el régimen -las víctimas mortales se cuentan por varios millares-, las iraníes residentes en España, como la diáspora persa en todo el mundo, viven en un estado de preocupación y sobresalto que la guerra ahonda estos días. “Internet es en estos momentos muy inestable dentro de Irán. Sólo tengo contacto con algunos de mis amigos, y mi comunicación con el país y con mi familia solo la puedo hacer a través de esos amigos”, relata Maryam Beygmohammadi.

“Basándome en lo que me cuentan, las escuelas y universidades están todas funcionando online. En las oficinas está acudiendo un 30% del personal y prácticamente todas las mujeres han dejado de ir a trabajar. El país está como a la mitad, como en la pandemia”, abunda Beygmohammadi. “Antes de que empezaran los ataques, los iraníes ya se preparaban para un posible apagón eléctrico y de gas, e incluso de agua. Pero, por lo que sé, no ha ocurrido aún, lo que son buenas noticias”, admite la joven.
“Mi padre me dijo que quería quedarse y ver la destrucción del régimen”
Con emoción, Shirzad evoca cómo la última vez que habló con su padre, “me dijo que quería quedarse y ver con sus ojos la destrucción de este régimen. Y que si algo les ocurre, la República Islámica será la única responsable y que no tienen miedo a morir. Me dijo además que no tengo que hacer caso a las amenazas y que tengo que ser la voz del pueblo iraní, y yo haré todo lo posible para decirle al mundo que nosotros, el pueblo de Irán, no buscamos la guerra y queremos la amistad con todo el mundo. ¡La única vez que hemos querido la guerra ha sido esta, para destruir este régimen criminal!”. “Todos nosotros, los iraníes, tenemos muchas esperanzas y creo que la sociedad iraní está culturalmente muy preparada para pasar de una dictadura islamista a un gobierno democrático”, concluye la psicóloga vecina de Málaga.
Por su parte, Elnaz Gholami comparte con Artículo14 cómo está siendo la comunicación con sus padres, residentes en Teherán, dese que comenzó la contienda: “Me llaman cada dos días solo para decirme que están bien físicamente, especialmente después de noches o días en los que hay bombardeos o ataques. Me cuentan, por ejemplo, que algunas noches dejan las ventanas abiertas para reducir la presión de las ondas expansivas de las explosiones, aunque sea invierno y haga frío. Otros días tienen que cerrarlas porque el aire se llena de humo, olor a combustión o gases tóxicos cuando atacan instalaciones petroleras. Ellos viven en la capital, en una zona donde hay muchos objetivos potenciales, así que el riesgo es constante, relata Elnaz Gholami.
“Al final, solo esperamos que, después de tantos años de represión y sufrimiento, el pueblo iraní pueda por fin decidir libremente su propio futuro”, concluye esperanzada la profesora de español y persa.
