Bangladés afronta este 12 de febrero unas elecciones parlamentarias, las primeras desde la caída y el exilio de Sheikh Hasina, derrocada tras el levantamiento masivo de julio de 2024. Aquella revuelta, encabezada por estudiantes de la Generación Z, dejó alrededor de 1.400 muertos y más de 20.000 heridos, según el Tribunal Internacional de Crímenes del país, y abrió una etapa de transición política bajo un gobierno interino.
Tras la destitución de Hasina el 5 de agosto de 2024 y su posterior salida hacia India, el Nobel de la Paz Muhammad Yunus asumió la jefatura provisional del Ejecutivo. Desde entonces, se puso en marcha un proceso de reformas negociado a nivel nacional que desembocó en una hoja de ruta para cambios institucionales y electorales. La cita con las urnas incluye no solo la elección de un nuevo Parlamento, sino también un referéndum simultáneo sobre un paquete de reformas constitucionales, electorales e institucionales.

50 escaños reservados para mujeres
El contexto electoral difiere de manera notable del de enero de 2024, cuando Hasina logró un quinto mandato en unos comicios boicoteados por la oposición y ampliamente cuestionados por observadores internacionales. En esta ocasión, la Liga Awami —el partido que dominó la política bangladesí durante casi 17 años— tiene suspendida su inscripción y sus actividades políticas. Su tradicional símbolo electoral, el barco, no aparecerá en la papeleta por primera vez desde la independencia en 1971.
Más de 127 millones de ciudadanos registrados están llamados a votar en 300 circunscripciones parlamentarias. Los colegios abrirán de 7:30 a 16:30 hora local en 42.761 centros repartidos en los 64 distritos del país. Por primera vez se ha facilitado el voto por correo, también para trabajadores en el extranjero, un colectivo estimado en unos 15 millones de personas cuyas remesas son clave para la economía nacional.
El sistema es mayoritario simple: en cada circunscripción gana el candidato con más votos. De los 350 escaños del Jatiyo Shangsad, 300 se eligen directamente y otros 50 están reservados para mujeres y se asignan proporcionalmente a los partidos según sus resultados.

Dos grandes bloques en disputa
La contienda principal enfrenta a dos coaliciones. Por un lado, el Partido Nacionalista de Bangladés (BNP), liderado por Tarique Rahman, que regresó al país en diciembre tras casi 17 años en el exilio en Londres. El BNP encabeza una alianza de diez partidos y ha reaparecido como fuerza central tras la salida de Hasina.
En el otro extremo se sitúa la alianza encabezada por Jamaat-e-Islami, que agrupa a once formaciones, entre ellas el Partido Nacional Ciudadano (NCP), creado por estudiantes que lideraron las protestas de 2024. Jamaat, que había sido excluido de elecciones anteriores y cuyos dirigentes fueron juzgados por crímenes vinculados a 1971, recuperó su inscripción en 2025 y compite ahora como rival directo del BNP, antiguo aliado.
Las encuestas publicadas en diciembre de 2025 muestran una carrera ajustada. Un sondeo del International Republican Institute situó al BNP con un 33 % de apoyo y a Jamaat con un 29 %. Otros estudios reflejan márgenes distintos, pero coinciden en señalar una competencia estrecha.

El peso de la generación que se levantó
Las protestas que cambiaron el rumbo político de Bangladés estallaron en julio de 2024, cuando miles de estudiantes salieron a las calles para rechazar el sistema de cuotas laborales que reservaba una parte significativa de los empleos públicos a descendientes de combatientes de la guerra de independencia de 1971, hoy asociados a las élites políticas. Lo que comenzó como una movilización contra una política concreta se transformó rápidamente en un movimiento de alcance nacional contra el Gobierno de Sheikh Hasina. La respuesta oficial fue una represión que dejó cerca de 1.400 muertos y más de 20.000 heridos.
La magnitud de la violencia y la persistencia de las movilizaciones juveniles acabaron por desbordar al Ejecutivo. El 5 de agosto de 2024, Hasina fue apartada del poder y posteriormente partió al exilio en India. Muchos de los jóvenes que lideraron aquellas protestas no solo precipitaron la caída de un Gobierno que llevaba casi 17 años en el poder, sino que también impulsaron demandas de reformas estructurales que hoy se someten a referéndum.

Llamamiento a votar y advertencias de seguridad
En la víspera de la votación, Yunus dirigió un mensaje televisado a la nación en el que instó a la participación ciudadana: “No solo se lo estoy pidiendo. Se lo estoy exigiendo. Dejen el miedo de lado y avancen con valentía hacia los colegios electorales. Su voto no solo elegirá un gobierno. Responderá a 17 años de silencio, desafiará un fascismo sin freno, remodelará la nación y demostrará que este país nunca volverá a permitir que se silencien las voces de su juventud, de sus mujeres y de su pueblo resiliente”.
El dirigente interino advirtió de una respuesta firme ante cualquier intento de sabotear el proceso y aseguró que su gobierno entregará el poder “lo antes posible” tras los comicios. Más de 958.000 miembros de las fuerzas de seguridad han sido desplegados y se han instalado cámaras de vigilancia en más del 90% de las circunscripciones. Desde el anuncio del calendario electoral en diciembre, cinco personas han muerto en episodios de violencia vinculados a la campaña.
En paralelo, el gobierno ha solicitado apoyo técnico a la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos para investigar el asesinato del activista juvenil Sharif Osman Hadi, candidato independiente en Dhaka-8, fallecido en diciembre tras ser tiroteado.
Con la celebración simultánea de elecciones y referéndum Bangladés se enfrenta a una jornada que redefinirá el país.
