El próximo 17 de febrero Gisèle Pelicot publicará su libro Et la joie de vivre (Un himno a la vida), del que el diario Le Monde ha adelantado en primicia algunos fragmentos. Gisèle Pelicot cuenta con detalle cómo fue el día en el que dejó de reconocer su propia vida. Estaba sentada en las gradas de una pista de tenis, observando a su nieta correr tras la pelota, cuando una llamada perdida cambió el rumbo de medio siglo de matrimonio. Al devolverla, escuchó la pregunta de un agente de Policía: “Hemos interrogado a su marido hace unas semanas, ¿sabe de qué se trata?”. Era el otoño de 2020 y ella pensó que todo tenía que ver con el episodio que su esposo le había confesado semanas antes: haber grabado bajo la falda a varias mujeres en un supermercado. Él le había asegurado, entre lágrimas, que había “perdido la cabeza”. Ella, tras el impacto inicial, decidió perdonarlo con la condición de que acudiera a un psicólogo.
Pelicot relata cómo dos semanas después, en la comisaría, la escena se tornó inesperada. Dominique fue interrogado primero. Luego la llamaron a ella. El suboficial la sentó frente a su escritorio y comenzó con preguntas aparentemente rutinarias, pero la normalidad se quebró cuando el policía preguntó si practicaban el intercambio de parejas. “Nunca”, respondió ella, desconcertada.

“Mi cerebro dejó de funcionar”
Entonces llegó la advertencia: “Te voy a mostrar algunas fotos y vídeos que no te van a gustar”. Y la noticia: su marido acababa de ser detenido por violaciones agravadas y administración de sustancias nocivas. Cuenta cómo las imágenes que le mostraron parecían irreales. Ante la insistencia del agente —”En esta foto eres tú.”—, ella negaba: “No, no fui yo.” No reconocía a esa mujer inmóvil, a la que describió así: “No reconocí a los individuos. Ni siquiera a esa mujer. Tenía la mejilla tan flácida. La boca tan flácida. Era una muñeca de trapo“. El policía añadió un dato que terminó de derrumbarla: “Supuestamente cincuenta y tres hombres vinieron a nuestra casa para violarme”. “Mi cerebro dejó de funcionar”, escribiría después.
Ese momento es uno de los pasajes centrales de Un himno a la vida, el libro que Pelicot publica el 17 de febrero junto a la periodista y novelista Judith Perrignon. En sus páginas revisita no solo el descubrimiento de los hechos, sino también las revelaciones posteriores. En octubre de 2022, ya instalada en la isla de Ré, recibió otra llamada policial. Esta vez le hablaron de “viejos casos sin resolver”: una tentativa de violación y un asesinato en los años noventa. Supo que su exmarido era sospechoso en ambos casos y que había reconocido la tentativa. Sobre el asesinato de Sophie Narme, mantenía su negativa, aunque los investigadores señalaban similitudes en el método y las víctimas.

“Ninguna mujer podría sentarse en la sala para sentirse menos sola”
El libro también aborda la decisión que la convirtió en símbolo público durante el proceso judicial, rechazar que el juicio se celebrara a puerta cerrada. Pelicot temía que un tribunal sin público la dejara aislada frente a los acusados —“50 hombres y el que era mi marido”— y que sus voces terminaran por ahogar la suya. Se preguntó si no estaría protegiéndolos al impedir que la prensa y otras mujeres asistieran. “Nadie sabría lo que me habían hecho. Ningún periodista estaría ahí para escribir sus nombres junto a sus crímenes. (…) Ninguna mujer podría sentarse en la sala para sentirse menos sola”, reflexiona en el libro.
Uno de los aspectos que más impacta del relato es la manera en que la autora describe el tránsito de la incredulidad a la determinación. Al leer las cuatrocientas páginas de la orden de procesamiento —una década de violaciones detalladas— confiesa que debía detenerse para recuperar el aliento. Pero en el juicio, semanas después, corrigió al presidente del tribunal cuando habló de “escenas de sexo”: no eran escenas, eran violaciones. Y dejó una frase potente, “La gente me agradece cada día mi valentía, pero quiero decirles que no es valentía, es fuerza de voluntad y determinación para cambiar esta sociedad patriarcal y sexista”, concluye.
