Este jueves por la mañana, los líderes de Alemania e Italia han convocado una reunión con varios mandatarios comunitarios para marcar la línea a seguir antes de la cumbre europea en Bilzen, Bélgica. Comienza así a perfilarse un desplazamiento relevante en el equilibrio de poder europeo. Roma y Berlín, tradicionalmente actores secundarios en tándem, avanzan ahora como eje político propio bajo el liderazgo de Giorgia Meloni y Friedrich Merz, en un momento en que el motor franco-alemán muestra signos evidentes de fatiga y Emmanuel Macron pierde protagonismo.
Estamos ante un matrimonio de conveniencia en asuntos decisivos para el futuro de la UE: competitividad económica, defensa, migración y la relación con unos Estados Unidos cada vez más imprevisibles. En ese terreno, Meloni y Merz se reconocen como interlocutores fiables y, sobre todo, útiles. El encuentro celebrado a finales de enero en Villa Doria Pamphilj, en Roma, ya simbolizó este giro. Y la reunión de este jueves la confirma.

Los puntos en común entre Meloni y Merz
El núcleo del entendimiento entre ambos es económico. Berlín y Roma preparan un documento conjunto para la sesión de reflexión informal del Consejo Europeo de este jueves, centrada en la competitividad, el mercado único y la reducción de dependencias estratégicas. El texto, según ha avanzado Bloomberg, aboga por profundizar el mercado interior de 450 millones de consumidores, acelerar los procedimientos de aprobación y recortar lo que ambos gobiernos consideran una regulación innecesaria. En suma, crecimiento, autonomía estratégica y menor vulnerabilidad frente a crisis externas.
Merz ha verbalizado con claridad su diagnóstico. En Davos habló de un “freno de emergencia” a la burocracia comunitaria y lamentó que solo se haya aplicado parcialmente el plan de Mario Draghi para reactivar la competitividad europea. Italia, por su parte, ve una oportunidad para influir en una orientación económica que durante décadas estuvo marcada por el entendimiento entre París y Berlín.

El fin del eje franco-alemán
Ese eje clásico se tambalea. Las tensiones entre Alemania y Francia se acumulan: desacuerdos comerciales, diferencias en defensa y fricciones sobre el tono hacia Washington. Berlín reprocha a París su resistencia al acuerdo con Mercosur y su postura en proyectos industriales estratégicos. En ese contexto, el pragmatismo italiano se convierte en un activo. Un alto funcionario alemán lo resumió sin rodeos en declaraciones recogidas por Politico: Italia es “fiable”, un calificativo que Berlín aplica ahora con más cautela al Gobierno francés.
La defensa es el segundo gran pilar del acercamiento. Los preparativos apuntan a un acuerdo para intensificar la coordinación, apoyándose en vínculos industriales ya existentes, como la empresa conjunta entre Rheinmetall y Leonardo para la producción de carros de combate y vehículos militares. Además, se trabaja en un plan de acción italo-alemán más amplio, que abarcaría desde tecnología hasta espacio. Asimismo, según publica La Repubblica, Alemania estudia retirarse del programa FCAS, el ambicioso proyecto franco-alemán-español de avión de combate, en medio de disputas con París sobre su gobernanza.

Las diferencias entre Alemania e Italia
Con todo, el eje Meloni-Merz no es una alianza sin fisuras. Las diferencias también afloran. La primera ministra italiana se negó a respaldar la propuesta alemana de utilizar activos rusos congelados para financiar la ayuda militar a Ucrania. Persisten también divergencias en materia fiscal: Italia ha defendido históricamente normas más flexibles, mientras Alemania ha ejercido de guardián de la ortodoxia, aunque ese contraste se ha matizado con los recientes recortes italianos y la apuesta de Merz por inversiones financiadas con deuda en infraestructuras y defensa.
Diplomáticos italianos advierten contra la tentación de idealizar el vínculo. Más que una estrategia común, lo que existe es una superposición de intereses en un momento concreto. En gasto en defensa, por ejemplo, Roma podría sentirse más cercana a París, que comparte su demanda de mayor respaldo financiero a nivel europeo.

Pero en política europea el momento importa. Macron se acerca al final de su ciclo político, mientras Meloni y Merz gobiernan con horizonte de continuidad. De cara a la reunión de este jueves, dedicada a repensar el mercado único, reducir barreras internas y reforzar la competitividad en un entorno geoeconómico más hostil, Roma y Berlín llegan coordinados y con voluntad de marcar la pauta. Se trata de un desplazamiento perceptible del centro de gravedad. Y en una Unión Europea en busca de rumbo, ese matiz puede resultar decisivo.
