Las palabras de Donald Trump no concuerdan con sus hechos, y los mercados lo están reflejando. El presidente de EE.UU mantuvo una prima de confianza en las primeras semanas de la ofensiva sobre Irán cuando quiso calmar los ánimos de los inversores al sugerir un conflicto breve y en vías de pacto. Pero esa prima de confianza ha desaparecido y ahora impera el escepticismo respecto a sus maniobras, consistentes en anunciar, por una parte, una prórroga de su tregua militar, mientras despliega, por la otra parte, a miles de soldados americanos en el Golfo Pérsico.
Cumplido ya el primer mes de guerra en Irán, los golpes de efecto con que Trump trataba de mantener en verde las bolsas mundiales (particularmente las americanas) han perdido eficacia, entre otras cosas por los desmentidos del régimen de los ayatolás. Las alusiones del presidente de EE.UU a contactos diplomáticos ya no inspiran confianza; Irán las califica al cabo de poco de “noticias falsas” para manipular los mercados y el resultado es que los inversores ya no emiten agresivas órdenes de compra a cada noticia de paz.
Hace no tanto el esquema sí que funcionaba. El pasado 9 de marzo, por ejemplo, Trump aseguró que la guerra estaba “prácticamente terminada”. “No les queda nada en el sentido militar. Se va a terminar muy rápido”, manifestó a la CBS. Los mercados acogieron con euforia el anuncio y el índice bursátil S&P 500 subió un 3% en su mejor jornada desde el inicio de la guerra. Pero fue un espejismo, puesto que los hechos desmintieron las palabras, los mercados comenzaron a moverse con pies de plomo y la estrategia de “refugio primero, preguntas después” comenzó a ganar terreno.
El síntoma del dólar
El dólar estadounidense se ha consolidado en el último mes como el principal refugio seguro, puesto que la divisa se ha revalorizado frente a la mayoría de las monedas globales debido a la cautela de los inversores. También el bitcoin, convertido en una alternativa de refugio moderna frente a la inestabilidad sistémica, ha experimentado inyecciones de más de 2.300 millones de dólares desde finales de febrero.

Aunque los movimientos hacia refugio comenzaron a ser evidentes, Trump se sentía capaz por sí solo de mantener a flote a los mercados. Así que al cabo de solo dos días de anunciar (21 de marzo) que iba a “arrasar” la infraestructura energética a menos que Irán reabriera el Estrecho de Ormuz, realizó un giro copernicano que le llevó a posponer esta amenaza durante cinco días arguyendo “conversaciones productivas”. Esa tregua anunciada el pasado lunes 23 propició un rebote de las bolsas americanas, el mayor desde el inicio del conflicto, aunque nadie pudo acreditar esas “conversaciones productivas”.
A la vista de que el anuncio de tregua gustaba a los mercados, Trump optó por declarar este pasado viernes una nueva prórroga de 10 días (hasta el 6 de abril) del ultimátum lanzado contra Irán a cuenta del bloqueo de Ormuz. Pero el efecto ya no fue el mismo: los futuros de EE.UU reaccionaron con muy ligeras subidas, mientras las bolsas europeas se metieron en caídas generalizadas (no drásticas, pero caídas al fin y al cabo) observando que Irán desmentía cualquier tipo de avance negociador y que el barril de Brent seguía su ruta por encima de los 100 dólares.
Las sospechas órdenes de compra
Por el camino de la guerra quedan otros rastros preocupantes sobre los golpes de efecto de Trump. La cadena británica BBC analizó los datos de mercado antes de la primera prórroga anunciada por el presidente de EE.UU y constató que el volumen de operaciones en contratos petroleros se disparó unos quince minutos antes del anuncio de Trump.
El precio del petróleo se desplomó tras el anuncio, cayendo un 14% en cuestión de minutos. Con lo cual los operadores que apostaron por este movimiento inesperado habrían ganado dinero. Algunos analistas de mercado afirmaron que esta actividad inusual abría, obviamente, la posibilidad de que las apuestas se hubieran realizado con conocimiento previo de la decisión de Trump.
