Opinión

Carolina para la historia

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Eran los años 80 cuando Mercedes Chapa, profesora de educación física del Liceo Italiano de Madrid, llegaba a su clase con su raqueta, más pequeña y ligera que cualquiera de las de tenis que los niños y niñas que nos disponíamos a dar clase de gimnasia podíamos conocer. Después sacaba el volante y hablaba a sus alumnos con entusiasmo del bádminton, un deporte que a todos nosotros, en aquella época nos sonaba a chino.

Pasaron más de 30 años hasta que volví a detenerme, con la curiosidad que me provocó mi profe de gimnasia, en ese deporte. Una española, de Huelva, estaba consiguiendo dominar una disciplina que siempre había sido el reino de las asiáticas. Una gesta que despertaba interés y a la vez orgullo.

Fue en junio de 2015, en unos cursos organizados por el CSD en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander sobre “El éxito del deporte español “ donde conocí a Carolina Marín, que ya era por entonces campeona de Europa y del mundo. La ponencia de su entrenador Fernando Rivas sobre su metodología de entrenamiento para llevar a Carolina a lo más alto, en ese momento ya era número uno del mundo, dejó asombrados a los periodistas allí presentes.

También causó asombro la guerra que la deportista onubense destapó aquel día, pidiendo la dimisión del entonces presidente de la federación española de bádminton David Cabello, que le estaba haciendo la vida imposible a su mejor deportista. “He sido amenazada, me he sentido como una porquería, he llorado muchas veces y he tenido pesadillas “.

La denuncia de Carolina, mostrando ya entonces una gran personalidad y determinación pese a su juventud, se basaba en los impedimentos que estaba recibiendo por parte de la federación para buscar patrocinadores tras proclamarse campeona del mundo y por la degradación de la propia federación hacia su entrenador, Fernando Rivas. Él se estaba incluso planteando abandonar el país para aceptar ofertas mejores y con más posibilidades de desarrollo.

El conflicto fue resuelto posteriormente con la mediación de Ana Muñoz, entonces directora del CSD, haciendo compatible el patrocinio individual con el federativo.

Un año después Carolina consiguió la medalla de oro en los JJOO de Río de Janeiro, convirtiéndose así en la primera deportista no asiática en lograr el oro en bádminton, un hito que la situó en todo lo alto.

Además de los logros extraordinarios de una carrera increíble, con 7 campeonatos de Europa, 3 del mundo-siendo la primera mujer en lograrlo- y ese oro olímpico de Río 2016, Carolina ha demostrado durante su trayectoria una capacidad extraordinaria para levantarse de sus peores momentos, casi siempre debido a las graves lesiones de ligamentos en sus dos rodillas, una de ellas la privó de estar en los JJOO de Tokio y la última que acabó por retirarla definitivamente en la pista de París, aunque como ella misma ha dicho esta semana, en ese momento no lo supiera.

Sus gritos desgarradores aquella mañana, su retirada entre lágrimas a un pasito de la medalla conmovió a todo el mundo del deporte. Pero su capacidad innata de resiliencia, de trabajo y de lucha han hecho que lo intentase hasta el último momento, buscando una despedida merecida en su casa, Huelva, con ocasión del Europeo. Hace semanas que su equipo la invitaba a reflexionar y a pensar si tenía sentido ponerse en peligro.

Y Carolina ha elegido poner punto y final. Ahora queda su legado y la esperanza de que una deportista gigante como lo ha sido ella, Premio Princesa de Asturias 2024, no solo reciba todo el cariño y reconocimiento que merece, sino que se le brinde la oportunidad de transmitir todo lo que lleva dentro para que ser referente en su deporte no se quede en una simple frase vacía. Talento al servicio del talento que viene. ¿Será?

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