Es la batalla de todas las batallas. Las elecciones andaluzas son, posiblemente, las más relevantes para España desde las últimas elecciones generales. El próximo 17 de mayo terminará un ciclo electoral en el que los partidos llevan inmersos medio año. Seis meses de “exámenes” parciales en los que el PP ha ganado todas las elecciones, pero no ha conseguido soltar el lastre de Vox. Extremadura, Aragón y Castilla y León tendrán, previsiblemente, gobiernos de coalición antes de que termine la primavera. Andalucía podría ser el territorio donde los populares consigan cerrar ese ciclo con un broche de oro en las urnas. Con, esta vez sí, una mayoría absoluta.
El presidente andaluz, Juanma Moreno, conoce muy bien a los de Abascal. Fue el primero de todos los barones autonómicos en recibir el apoyo externo de Vox para poder gobernar en el año 2018. Moreno gobernó en coalición con Ciudadanos, pero tuvo que negociar los presupuestos con un Vox que obtuvo 12 escaños y dejó en evidencia a todas las casas demoscópicas que no olieron, ni de lejos, ese resultado. “En Andalucía empezó todo“, recuerdan en la sede de la calle Bambú. Y así fue.
En 2022, la suerte de los de Abascal se torció. Protagonizaron una errática campaña electoral con la exdirigente de Vox, Macarena Olona, como candidata. La estrategia fue un auténtico “desastre”, así lo reconocieron ellos mismos. Vox subió dos escaños, pero Juanma Moreno consiguió una mayoría absoluta abrumadora. Su campaña fue certera y cercana y el resultado lo corroboró. 58 escaños para el PP en la tierra donde el socialismo gobernó ininterrumpidamente durante casi 40 años. El presidente andaluz se convirtió en el barón entre barones del PP. El alumno aventajado.
Revalidar la mayoría para evitar el “lío”
Tras cuatro años disfrutando de esa mayoría absoluta, el reto de Juanma Moreno es mantenerla. Nadie discute si ganará las elecciones. Su examen es volver a esquivar a Vox. Se ha ganado esa imagen de garante de la solidez frente a la inestabilidad y quiere ratificarla.

En los últimos días, Moreno ha insistido en una idea: su “adversario” es la “abstención” y el “exceso” de confianza. Puede que les suene. Es la misma estrategia que empleó en 2022. “No dar nada por ganado”, repite una y otra vez. El andaluz ha rescatado la fórmula de apelar a esa “mayoría de estabilidad” que ofrecen los gobiernos en solitario.
Con este modelo, sin pretenderlo, Moreno hace campaña contrastando con sus propios compañeros de partido. Sus homólogos que están condenados a pactar con Vox. El popular ha defendido realizar una campaña alejada de debates nacionales y sin entrar en el cuerpo a cuerpo con los de Abascal: “No debemos estar obsesionados. Nosotros vamos a hacer nuestra campaña y que Vox haga la suya. No voy a perder el tiempo en ver qué dice y qué hace Vox”.
“Nosotros tenemos en mente la ‘vía andaluza’(…) lo que vamos a buscar es no depender de nadie. Nos jugamos seguir en un gobierno de estabilidad o meternos en un lío en el que están, lamentablemente, el resto de mis compañeros que no tienen mayoría”, explica Moreno.
A las puertas de la campaña, hemos visto un movimiento de inteligencia estratégica por parte del popular. Moreno ha participado en un acto junto al expresidente socialista, Felipe González. No es algo casual. Busca nutrir esa imagen de política de mayorías que Moreno ya representa.

El control de los tiempos en política lo es todo. La convocatoria electoral del 17 de mayo ha cogido por sorpresa incluso a Génova 13. Moreno se lo comunicó al presidente del partido, Alberto Núñez Feijóo, dos horas antes de realizar la convocatoria a los medios de comunicación. También pilló con el pie cambiado a Vox, que contaba con elecciones el 31 de mayo.
Abascal quiere ser necesario
La decisión de Moreno conlleva que Vox avance en los pactos cuanto antes en Extremadura, Castilla y León y Aragón, si no quiere llegar a Andalucía con el estigma de que no quiere gobernar.
Está vez, Abascal ha dejado atrás los experimentos (como el de Olona) y ha confiado en su portavoz en el territorio, Manuel Gavira. Abascal estará la campaña íntegra junto a su candidato en Andalucía.

En la dirección de Vox han aprendido de los errores y evitan dar números concretos para que no se pueda apelar a un fracaso de expectativas. Cargos del partido, en privado, hablan de los 20 escaños (cerca del 20% del voto). Los de Abascal creen estar muy fuertes en Almería, Málaga y Cádiz. De hecho, según los sondeos, podría haber un ‘sorpasso’ de Vox al PSOE en alguna de esas provincias. Almería lo dan por seguro en el cuartel general de Vox.
Fuentes de la cúpula defienden que no sucederá como en Castilla y León, donde no han subido todo lo que esperaban. “Es de los lugares donde mejor estamos organizados, tenemos equipos”, argumentan. Además, piensan que les puede beneficiar que existe mucha población joven (su mayor nicho de voto), afectación de Mercosur y descontento por la migración.
Todos se la juegan en Andalucía. Incluidos los grandes líderes nacionales. Feijóo busca conseguir con Moreno el impulso previo para las elecciones generales. Una primera vuelta en la que pueda colocar en su vitrina la mayoría absoluta de su barón más afín. Demostrar que aún pueden sin Abascal.
