Opinión

¿Cancelamos a Morrissey porque es imbécil? Venga, va. Y al resto también

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Mi idea inicial, totalmente sesgada y movida por la rabia, era redactar un anti-perfil del cantante británico Morrissey a propósito de sus cancelaciones (estas literales) de conciertos, como el de hace unos días en Valencia. Y revelar al mundo algo que ya sabe: que se puede ser un genio y un imbécil al mismo tiempo. Y no pasa nada. El titular que escribí era chulísimo: ‘Un poco de Morrissey es mucho’. Pero el tiempo ha querido por una vez jugar a mi favor y ponerme en bandeja algo para zurcirse solito.  A la pobre Rosalía, heroína de mis diatribas, en esos mismos días le metieron en un lío por soltar algo cancelable sobre Pablo Picasso, un pintor: “Nunca me ha molestado separar al artista de la obra (…) No me importa, disfruto de su obra”.

Rosalía - Cultura
Una fotografía de la artista catalana en concierto.
EFE

A quién se le ocurre, Motomami.

Es verdad que, poco después, se corrigió y escu(l)pió el blandiblú que le redactó su spin doctor: “Yo pensaba que Picasso era un hombre muy tremendo, lo típico que se dice de él. No tenía conciencia de que había casos reales de maltrato. Quiero pedir disculpas por si hubo falta de sensibilidad por mi parte en esa conversación. Y esa falta absoluta de empatizar con esas mujeres”.

Decía que le han metido en un lío porque ella no ha organizado nada, más bien ha comprado la mandanga de unos cuantos líquidos y ha tenido que pedir, otra vez, disculpas por quítame allá unos milloncejos, aka patrocinios.

Y yo no sé qué da más cringe, Si tener que ver a la artista disculpándose todo el santo día por decir que 2+2 es igual a 4 o volver a este viejo debate woke más pasado que Marino Lejarreta de separar-o-no-a-la-persona -de-su-obra. Oh, my Gosh!, qué pereza.

Así que, mi amigo el tiempo ha querido que coincidiera el descargo de Rosalía junto con las bilbainadas del bigmouth del entertainment: Steven Patrick Morrissey, o Mozz, o nuestro tontolaba de cabecera.

Y claro, me reventó el artículo. Porque yo había venido aquí para hablar de su último disco, Make-Up Is a Lie, como Paco Umbral. Otro día será

Como apuntaba, el Raphael de Manchester canceló interruptus su concierto en plenas fallas valencianas y argumentó que era “por falta de sueño debido al ruido, los cantos techno y los anuncios por megafonía”. Supongo que se refería, por este orden, a los petardos de las Fallas, la ruta del bakalao y un afilador que pasaba por su hotel. Concluyó su comunicado friendly con un conciliador “esta experiencia le ha dejado en estado catatónico y tardará un año en recuperarse”. Crowdfunding para que le den la Llave de Oro del Turia.

Imagínate si Morrissey es un majadero que hasta yo, que le adoro y es el ídolo musical de mi infancia y de todo lo demás, estoy buscando en el DRAE todos los sinónimos de imbécil. Su nivel de estupidez humana es directamente proporcional a su talento artístico. Para más inri, en España sus fans somos ejército y nos lo paga con un odio tribal, como si todos fuéramos toreros: “Bullfighting! The shame of Spain!”, proclamaba Mozz subido al escenario en el último concierto al que fui, hace más de diez años. Último, sí. En 2014 en Madrid. Para cuando se ha dignado a reaparecer por aquí ya me había dejado plantado dos veces con los tickets caídos y la moral por los suelos.

Eso sí que es cancelar. Y no lo de Rosalía con Picasso.

Aquel joven líder de los míticos ‘The Smiths’, atravesado por la tragedia, la revolución industrial tacheriana y los poetas simbolistas franceses, ha dejado paso a un viejo cascarrabias tan comunista como fascista. ¿Acaso no es lo mismo?

Y, sin embargo, adoro su música, su lirismo, su presencia en el escenario. Y cómo nos escupe su pop más potente, hondo, puro, envuelto en una voz única, derrotada, pero acariciada por Dios.

El músico y cantante británico Patric Morrissey durante un concierto. EFE/JAVIER BELVER.

Y no me siento mal. Me siento muy bien disfrutándole.

Y no pienso cancelarle. Ni a él, ni a nadie.

Supongo que el caso de Rosalía y de muchos otros artistas es el salario que han de pagar por estar en el Front row de la res publica, que trasciende su arte para convertirse en artesanía pop(ular) y el epicentro del relato. Quizá lo mío sea una cuestión de tiempo, ese que te empuja y te desplaza con su helador soplido hasta terrenos más sombríos. Y aventuro que lo que diga Mozz ya no le importa a quienes escriben el guion de la cultura. Tanto da. Su legión de seguidores sabemos, quizá porque ya estamos de perfil, que separar al artista de la persona, no es que sea bueno, es que es higiénico y que, en su caso, llevamos décadas haciéndolo. Más nos vale.

Y no me gustaría creer que los actuales escribanos puedan pensar que nosotros éramos tan cretinos como Morrissey, que no nos dábamos cuenta de que algunos iconos de juventud eran feas personas, muchos de ellos incluso delincuentes. Y eso no nos impedía disfrutar de su arte.

Y también sabemos conjugar el verbo cancelar, pero sin decir a los demás lo que tienen que pensar y disfrutar con ese simplismo pueril y reduccionista que nos ha tocado vivir, metáfora ecologista de separar, reciclar y destruir, todo juntico en la misma podredumbre.

P.D.  Menos mal que aún nos queda el guardián de las esencias, españolísimas, nuestro rey, ejemplo de coherencia y visión de contexto. ¡Viva México, cabrones!

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