Noelia no quería esto cuando me pidió entrevistarla

Pidió ver emitida la entrevista antes de morir, sin revelarme la fecha hasta el día de la grabación. "Hoy, para mi sorpresa, estoy tranquila", me dijo horas antes

Noelia Castillo.
Noelia Castillo.
Artículo14

Nuestro primer encuentro fue un año antes. El 4 de marzo de 2025, Noelia Castillo Ramos tenía cita en los juzgados de Barcelona, y ninguno de los periodistas allí congregados le poníamos cara. Solo sabíamos que era joven, 24 años, y que llegaría en silla de ruedas al estar parapléjica. “Aunque en este tiempo se ha dicho de mí que estaba postrada en la cama del hospital sin poder moverme o que apenas podía hablar…”, me contaría después, el pasado lunes 23 de marzo, en claro reproche a lo que había leído publicado sobre ella durante este tiempo. Sin embargo, ninguno de los allí presentes imaginamos el tsunami que estaba por llegar tras la única y última entrevista de Noelia.

En apenas 24 horas, ese dulce rostro que vieron los lectores de Artículo14 en primicia este febrero, cuando Noelia alcanzó los 550 días esperando su eutanasia, se convirtió un mes después en portada nacional, protagonizando tertulias, columnas de opinión, apareciendo en cada scroll en redes sociales hasta cruzar fronteras, desde la BBC a The Guardian pasando por innumerables medios argentinos. Allí, el interés mediático ha sido mayúsculo. Y, aun así, debo confesar que nada de esto habría sucedido de no haberlo solicitado la propia Noelia.

La primera vez que Noelia accedió a compartir su imagen fue para Artículo14, el pasado 3 de febrero

“Dejaré un mensaje para que salga en TikTok cuando me muera”, me reveló una de las primeras veces que hablamos tras aquel primer encuentro en los juzgados, vestida con blusa blanca y lazo negro al cuello, como si saliera de una novela de Charlotte Brontë. Así la describí entonces para este periódico, aún sobrecogida por el impacto que me había provocado la presencia de esa joven que se enfrentaba a sus padres ante el juez. Esos mismos padres a los que yo veía empujando la silla de ruedas de su hija. Una imagen que me rompió los esquemas en un caso que, no he parado de explicar, para mí está lleno de zonas grises. Aún después de su muerte, me apabulla la firmeza con la que otras voces se posicionan.

“Si no te digo nada es que no ha habido milagro”, me anticipó su madre este jueves en el hospital Sant Camil de Sant Peres de Ribes, Barcelona, justo tres horas antes de la hora prevista para practicarle la eutanasia a su hija. Ese día, el pasillo del área de paliativos tenía el acceso restringido hasta la habitación de Noelia, en cuyo interior pasó casi dos años ingresada y donde finalmente dio su último suspiro junto a la médico encargada de la sedación letal.

Captura de la entrevista de Noelia durante el programa ‘Y ahora Sonsoles’

“Mi respuesta es un no”, reveló en plena entrevista. Su madre, que estuvo presente durante toda la grabación, calló. Acababa de enterase de que no podría estar junto a ella en su momento final, como le había implorado. “Si no puedo impedir que se muera, al menos quiero estar con ella todo el tiempo que pueda”, me ha repetido Yolanda, su madre, durante esta última semana. Ella es quien me ha ido actualizando la evolución de Noelia: no quiere ir al psicólogo, ha dejado la fisioterapia, apenas come… En un año, había perdido diez kilos.

Su aspecto podía ser más frágil, pero no su decisión. Durante la entrevista la enfrenté incluso a sus recuerdos más felices -la playa de su infancia, su perrito Wendy, las croquetas de su yaya…-, como al dolor que ella misma asumía que dejaría detrás. Pero una y otra vez respondió que su decisión de morir era inamovible. “Será en cuatro días, el próximo 26 de marzo”, me descubrió nada más empezar la entrevista. Una inminencia en el tiempo, que en nada modificaba su petición: quería que se emitiera antes de morir y, sobre todo, quería que saliera todo el material posible. Y, por encima de todo, lo que tenía que ver con su padre. “Me quiero ir en paz”, me respondió al plantearle que quizás esto abriera un cisma familiar.

Numerosos periodistas y curiosos esperan a las puertas del Hospital Residencia Sant Camil, en Sant Pere de Ribes (Barcelona), el desenlace de la eutanasia de Noelia Castillo este jueves.
EFE/Andreu Dalmau

Conmovedora. Es la palabra que Noelia eligió para definir la emisión del segundo día. El día anterior, había sido más expeditiva: “Me he visto guapa, ¿pero daréis lo que falta, no?”. Aún faltaban por conocer algunos detalles de la convivencia con su padre, su paso por los centro de menores y sucesivos psiquiátricos tras varios intentos de suicidio que culminaron con ella rememorando cómo saltó al vacío desde un quinto piso, justo cuatro días después de sufrir una violación múltiple que no denunció, como tampoco la agresión sexual de un ex o el abuso en el interior de una discoteca. Con lo que fue imposible investigarlas ni ella ofreció los datos que, sin embargo, sí han abierto un debate paralelo estos días sobre quién lo hizo.

“Nunca habló de ‘menas’ y mucho menos tenían que ver con uno de los centros en los que estuvo, porque incluso ese CRAE del que hablan por ahí era solo de chicas“, me explicó su madre ante la deriva de determinados mensajes virales, totalmente alejados de una Noelia que no mostró mayor interés en aclararlo cuando le repregunté por ello y se ciñó a lo contado en la entrevista días antes. Igual que contó eso y más ante el juez, durante la batalla judicial por su eutanasia: “Claro que saben que puedo ponerme en pie”, me reconoció tras grabarla subiendo las escaleras de la casa de su abuela materna, sirviéndose de sus piernas parapléjicas, que de rodillas para abajo usaba como si fueran bastones. Solo por un momento temió que esa imagen pudiera utilizarse para cuestionar de nuevo su decisión. “Pero bah, me da igual, graba”, concluyó.

Porque todo se hizo tal cual solicitó. Hasta el punto de que resulte paradójico que quienes cuestionan la entrevista lo hagan en aras a su supuesta vulnerabilidad. La misma que no encuentran para avalar su decisión de ser eutanasiada. Y, en cambio, quienes por contra cuestionan su capacidad para decidir sobre su muerte le otorgan veracidad a acusaciones imposibles de confirmar o están convencidos de que, en su situación, habrían optado por otro camino. Como si en el fondo todos olvidarán lo más evidente: que no son Noelia.

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