Quizás haya quien al mirarla la vea agotada, tendida con los ojos cerrados sobre la piedra fría, o quien la crea esperanzada y hasta le atisbe una media sonrisa asomando bajo los ojos abiertos. Puede que acierten o no. Noelia no ha querido ser más precisa en esta primera exposición pública tras año y medio de batalla judicial. Hasta ahora nunca había querido dar la cara ni atender a los medios congregados en cada una de sus citas judiciales. Ahora, tras recibir el aval del Supremo, ha dado este primer paso: “Estas fotos representan cómo me siento”, revela en exclusiva a Artículo14, sin entrar en más explicaciones; las reserva para un futuro vídeo explicativo, para el que todavía no tiene fecha como sigue sin tenerla para la eutanasia que le concedieron hace justo 18 meses.
“Está previsto que se le aplique la eutanasia el próximo 2 de agosto de 2024”, recogía en su primer recurso Abogados Cristianos, con la premura de quienes solicitaban una medida urgente que, de no aplicarse en tiempo y forma en apenas 24 horas, no tendría marcha atrás. A sus 24 años, Noelia contaba con el beneplácito del comité médico para recibir la prestación de ayuda a morir. Como ella, otras 802 personas lo solicitaron el mismo año; 426 se llevaron a término, 308 murieron antes de finalizar el proceso, a 141 se lo denegaron y 54 fueron revocadas. A favor o en contra, la mayoría recibieron la respuesta en unos 52 días. Ese tampoco fue el problema de Noelia. Su visto bueno llegó, pero lleva 550 días esperando que se haga efectivo.
“Soy una incomprendida”
En este tiempo de espera, la joven ha cumplido un año más sin grandes cambios: sigue queriendo morirse y aún vive en la residencia hospitalaria en la que la atienden 24/7. También sigue en contacto permanente con su familia, con esos padres y esas hermanas que se oponen a su muerte digna. Como si tuvieran una doble vida, son enemigos al traspasar las puertas del juzgado, pero están para todo demás, hasta para empujar la silla de ruedas de la joven cada vez que hay cita judicial. Pese a los ejercicios, Noelia no ha recuperado más movilidad de rodillas abajo desde que el 4 de octubre de 2002 saltó al vacío desde un quinto piso y quedó parapléjica. Su madre estaba el teléfono, sin saber por qué su hija la había dejado en espera; su padre estaba en la habitación contigua y bajó los escalones de dos en dos en cuanto fue consciente de que se había precipitado. Para él, verla abrir los ojos fue un regalo, el alivio. Para ella, el purgatorio.
“Soy una incomprendida”, expresó Noelia hace casi un año a Artículo14 a la salida del Juzgado 12 de lo Contencioso, en Barcelona. “Yo soy la historia de una superación, así que no creo que a nadie le vaya a gustar escucharme”, apostillaba para justificar su negativa a conceder entrevistas y remitía al trámite judicial en el que acababa de ratificar su porqué en base al enorme sufrimiento que padece. Noelia vive anestesiada y dependiente de por vida; de una vida que no quiere. Una dependencia a la que Abogados Cristianos recurrió para justificar la entrega de unos padres a los que, en cambio, se ha cuestionado duramente en este proceso: “Lejos de debilitar la legitimación activa del recurrente, refuerzan su interés legítimo en la protección de su hija, que se encuentra en una situación de extrema precariedad y dependencia de terceros”, explicaron ante la justicia que les dio voz pero no voto.
“Malas noticias”
En estos 18 meses, desde que judicialmente le paralizaron la eutanasia concedida médicamente, Noelia ha superado todas las posibles trabas judiciales: del contencioso saltó de una instancia superior a otra, desde el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña al Supremo, abriéndole puertas o, cuando menos, sin cerrárselas. De hecho, el último portazo lo ha recibido de nuevo la familia, hace tan solo cuatro días: “Malas noticias. Por primera vez, el abogado nos lo ha dicho así”, confesaba a este medio la madre de Noelia.
Yolanda vive con el miedo permanente a perderla. Ya sea porque no les quede recurso que presentar en el juzgado –se plantean llegar incluso a Estrasburgo– o porque su hija encuentre igualmente la vía para suicidarse por su cuenta, en caso de no lograr la eutanasia. Después de todo, si ya fue capaz de saltar una vez al vacío, la amenaza está latente. Lo que atribuyen al trastorno obsesivo compulsivo y al trastorno límite de la personalidad de los que está diagnosticada. Por eso creen si estuviera tratada clínica y mentalmente -abandonó el psicólogo- el objetivo de Noelia sería otro. Pero necesitan tiempo y, ante todo, no perderla. Mientras tanto, se conforman con acompañarla en cada batalla confiando en que no gane la guerra.
