Un mes después del inicio de la operación “Furia Épica” en Irán, el coste político para Donald Trump es cada vez más evidente. El presidente estadounidense, que comenzó su segundo mandato con unos índices de popularidad relativamente sólidos, se enfrenta ahora a los índices de aprobación más bajos de su mandato, según una serie de encuestas que apuntan en la misma dirección.
Incluso los medios tradicionalmente alineados con la base del magnate republicano reflejan este cambio. Una nueva encuesta de Fox News sitúa el índice de desaprobación de Trump en el 59%, el más alto de sus dos mandatos. Dentro de esa cifra, el 47% de los votantes registrados afirma que desaprueba totalmente su actuación. La aprobación se sitúa en el 41%, y sólo el 22% expresa un fuerte apoyo. La tendencia es clara. Aunque los analistas de la cadena apuntan a que el mandatario estadounidense es experto en remontadas y logró superar los picos de descontento anteriores (el 58% de noviembre de 2025 y el 57% de octubre de 2017), su popularidad, nunca había sido tan baja.

La media de las encuestas de RealClearPolitics muestra una erosión constante desde los primeros días de su segundo mandato. El 27 de enero de 2025, Trump tenía un índice de aprobación del 50,5%. Hoy, esa cifra ha caído al 41,3%, mientras que la desaprobación ha subido del 44,5% al 56,6%, abriendo una brecha de aproximadamente 15 puntos.
El seguimiento diario de The Economist, basado en datos de YouGov, sitúa la aprobación neta del presidente en -18, con un 38% a favor y un 56% en contra. En este mismo momento del calendario, Trump va siete puntos por detrás de Joe Biden y se sitúa doce puntos por debajo de su propia posición al inicio de su primer mandato.

Trump se revuelve
Trump ha mostrado recientemente confianza en sus apariciones públicas, citando encuestas selectivas entre sus seguidores más fieles. Sin embargo, los datos más amplios ofrecen una visión más completa: la mayoría de los estadounidenses desaprueba su actuación, y la situación ha empeorado a medida que se desarrolla el conflicto con Irán.
El impacto interno de la guerra en Oriente Próximo es un factor central en su baja popularidad. El aumento de los precios del petróleo tras los ataques de EE UU e Israel ha alimentado las preocupaciones sobre el coste de la vida, una cuestión que ocupa sistemáticamente los primeros puestos entre las prioridades de los votantes estadounidenses. En este frente, la aprobación neta de Trump se sitúa en -34.

Un sondeo de Reuters/Ipsos publicada el 24 de marzo también capta el efecto de la guerra en Irán. La aprobación del inquilino de la Casa Blanca cayó al 36%, cuatro puntos menos en una semana. Solo el 25% de los encuestados expresó su apoyo a la gestión de Trump respecto a los precios y el coste de la vida en EE UU. Aproximadamente la mitad de los votantes desaprueba su gestión de la guerra en Irán y la estrategia militar.
Las mujeres comienzan a abandonar a Trump
El apoyo al mandatario sigue siendo mayor entre los votantes blancos y hombres, mientras que los votantes más jóvenes, las minorías étnicas y aquellos con niveles de educación más altos muestran niveles de desaprobación notablemente más elevados. Los votantes de más edad, tradicionalmente un electorado republicano fiable, parecen más reservados en su respaldo que en momentos anteriores. En cuanto a las mujeres, con las que el magnate republicano volvió a la Casa Blanca, registran niveles de desaprobación más altos que los hombres en este momento.

La gestión de la inmigración, un asunto crucial para los estadounidenses, tampoco convence. La destitución de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, obtuvo una aprobación mayoritaria en las encuestas, pero las muertes a manos de los guardias del ICE y otras prácticas cuestionables han dañado la popularidad de Trump también en este terreno.
Pero no sólo hay que remitirse a las encuestas. Ya se puede comprobar en las urnas. Las señales electorales locales comienzan a seguir el mismo patrón. En Florida, la demócrata Emily Gregory se aseguró la victoria en un distrito de la Cámara de Representantes estatal que incluye Mar-a-Lago, la residencia de Trump y un bastión simbólico de los conservadores. El resultado marca un cambio notable en una zona de tendencia republicana y se suma a una narrativa más amplia sobre el impulso demócrata de cara a las elecciones de mitad de mandato de 2026.

Para los republicanos, las implicaciones van más allá de la presidencia. Los índices de popularidad persistentemente bajos amenazan con complicar los esfuerzos por mantener el control del Congreso en noviembre. Aunque la posición de Trump dentro del partido sigue siendo sólida (solo uno de cada cinco republicanos expresa su desaprobación), ya existen los primeros indicios de un debilitamiento en comparación con las semanas anteriores.
