REAL MADRID

Las redes sociales se llenan de odio hacia la joven de 17 años, Irune Dorado

Irune Dorado está viviendo una oleada de críticas en redes sociales por el codazo que dio a Ona Batlle en el Clásico de Copa de la Reina. Los expertos analizan esta situación

Los mensajes que está recibiendo Irune Dorado en redes sociales
@Kiloycuarto

Una vez más las redes sociales se han vuelto a convertir en el arma de doble filo. En esta ocasión, es Irune Dorado, la protagonista de sufrir el lado más negativo de esta realidad digital. La jugadora de 17 años del Real Madrid está viviendo una oleada de críticas tras un lance del juego con Ona Batlle. Todo ocurrió durante el Clásico de Copa de la Reina del pasado 29 de enero en el Di Stéfano.

Era el minuto 85 de encuentro y el FC Barcelona ya tenía sellado el billete a las semifinales del torneo copero. Entonces ocurrió algo que ha indignado a los culés. En una disputa área, la futbolista madridista, Irune Dorado metió un codazo a Batlle. La colegiada del encuentro, Lorena Trujillo castigó dicha acción con una tarjeta amarilla, a pesar de que en la grada se pedía la roja directa.

Este suceso ha causado que la joven madridista esté viviendo un auténtico calvario de críticas y comentarios inapropiados a través de su cuenta de Instagram. En Twitter también son muchos los que manifiestan su odio y rencor hacia Irune Dorado. Este acontecimiento no ha sido un lance aislado. Dorado ya vio una tarjeta roja tras agredir a Nayadet López Opazo, fue en el partido entre el filial del Real Madrid y el Deportivo Alavés Gloriosas (en septiembre). Y, parece que la gente no lo ha olvidado y se lo recuerdan en a través de mensajes cargados de odio.

Los expertos analizan la situación de Irune Dorado

Este suceso no es el primero que ocurre en el mundo del deporte, pero llama más aún la atención que lo esté recibiendo una menor de edad. Algo que podría considerarse, si no es que lo es, bullying. Los expertos en la materia hablan con Artículo14 sobre cómo pueden influir todos estos comentarios a una jugadora como Irune Dorado o incluso si estos mismos se pueden calificar como de bullying.

Para despejar todas las dudas sobre este asunto, Alia González Jano, psicóloga y experta en cibereducación, habla claro sobre este asunto. Califica los comentarios “menuda cerda estás hecha”, “la carnicera de Valdebebas” o “eres una agresora que se ha librado de una expulsión” de esta manera: “Estas expresiones no son simples opiniones deportivas, sino un claro ejemplo de violencia verbal, estigmatización y deshumanización, incompatibles con los principios de derecho a la igualdad, igualdad de oportunidades y prohibición de discriminación que deben regir tanto el deporte como el entorno digital”.

“En este contexto, es importante recordar la llamada ley de la inhibición en Internet, que explica por qué muchas personas, amparadas en el anonimato y la distancia de la pantalla, dicen cosas que nunca expresarían cara a cara. Esta desinhibición reduce la empatía y normaliza mensajes de odio que tienen un fuerte impacto emocional en quién los recibe”, continúa explicando González Jano.

Las consecuencias para la víctima

Con respecto a distinción entre libertad de expresión y ciber-odio, la experta en esta materia explica la diferencia entre ambos conceptos. “La libertad de expresión permite opinar sobre un partido o una jugada. Pero, no legitima insultar, humillar ni promover el desprecio hacia una persona, y menos aún cuando se trata de una menor de edad. Hablamos de ciber-odio cuando esos mensajes se apoyan en la pertenencia a un grupo por ejemplo, por ser mujer o por el club al que pertenece”, aclara.

En cuanto a los efectos que pueden tener estos comentarios hacia una menor de edad, González Jano habla sin pelos en la lengua y califica estas acciones de ciber-acoso. “Las consecuencias psicológicas para la víctima pueden ser graves: indefensión aprendida, ansiedad, miedo, vergüenza, pérdida de autoestima y abandono de la práctica deportiva. En menores, estos efectos se intensifican porque su identidad personal aún se encuentra en proceso de construcción. El mensaje que reciben no es una crítica deportiva, sino un ataque directo a su dignidad como persona”, comenta.

“En este marco, la posible restricción del acceso a redes sociales para menores de 16 años puede tener un efecto protector frente al ciber-acoso y el ciber-odio. Especialmente en casos de alta exposición mediática como el de deportistas jóvenes. Sin embargo, esta medida por sí sola no resuelve el problema de fondo: la normalización de la violencia verbal y la discriminación en el entorno digital”, continúa aclarando.

Medidas en el ámbito legal

Ante este tipo de acciones o comportamientos inapropiados, existen medidas legales que pueden poner fin al ataque que en este caso está sufriendo Irune Dorado. Porque como sabemos el deporte es un espacio educativo basado en el respeto y la igualdad, no un escenario donde se legitime el insulto como parte del espectáculo. Por este motivo, González Jano hace un llamamiento: “resulta imprescindible reforzar la ciber-educación, entendida como la formación en el uso responsable de las redes, el pensamiento crítico y la empatía digital. No basta con sancionar: hay que enseñar a distinguir entre crítica deportiva y agresión personal”.

Asimismo, las herramientas legales existentes en estos casos para proteger a las víctimas son las siguientes: La legislación contempla delitos de odio, acoso y amenazas en entornos digitales, especialmente cuando afectan a menores. La impunidad percibida en redes sociales no es real, y estos comportamientos pueden tener consecuencias jurídicas. Incluso en algunos casos multas económicas.

En definitiva, los comentarios dirigidos a Irune Dorado no reflejan rivalidad deportiva, sino una forma de violencia simbólica y discriminatoria que vulnera derechos fundamentales. Defender la libertad de expresión no significa tolerar el insulto ni el desprecio. Apostar por la igualdad y la no discriminación implica construir un entorno digital más sano, donde el deporte sea un ejemplo de convivencia y no de ciber-odio, concluye la experta.