La Comisión Europea ha amenazado con retirar su subvención destinada a la Bienal de Venecia después de que el evento italiano anunciase que Rusia volvería a ser admitida por primera vez desde su invasión de Ucrania.
El comité organizador de la Bienal —cuyo presidente, Pietrangelo Buttafuoco, fue designado por el Gobierno italiano— anunció la semana pasada que se permitiría a Rusia reabrir su pabellón al inicio de la exposición, en mayo.
“La Bienal de Venecia rechaza cualquier forma de exclusión o censura de la cultura y el arte”, ha afirmado la organización en un comunicado. “La Bienal, al igual que la ciudad de Venecia, sigue siendo un espacio de diálogo, apertura y libertad artística, que fomenta la conexión entre pueblos y culturas, con la firme esperanza de que cesen los conflictos y el sufrimiento”.
Sin embargo, el pasado martes la Comisión Europea condenó “duramente” la decisión, al considerar que “no es compatible con la respuesta colectiva de la UE a la brutal agresión de Rusia”.
En un comunicado conjunto, los comisarios europeos responsables de democracia y cultura advirtieron de que, si la organización “sigue adelante” y permite la participación rusa, Bruselas estudiará “otras medidas”. Entre ellas, la posible suspensión o rescisión de una subvención en curso de tres años a la Fundación Biennale.
La ayuda está valorada en dos millones de euros, según ha dicho un representante de la Comisión al Financial Times.
Los comisarios afirman que la cultura “nunca debería ser usada como plataforma para la propaganda” y urgen a los Estados miembros de la UE a “actuar de conformidad con las sanciones de la UE y evitar dar voz a personas que hayan apoyado o justificado activamente la agresión del Kremlin contra Ucrania”.
Por otro lado, varios ministros de veintidós países europeos han redactado una carta abierta para expresar su descontento y su preocupación por que el país utilice su presencia en la bienal para “legitimar a un régimen responsable de continuas violencias”.
La carta también destaca la naturaleza política del proyecto asociado al pabellón ruso y la sospecha de sus vínculos con individuos estrechamente relacionados con la élite del Kremlin.
European stages must reflect European values.
While Russia continues its illegal war of aggression against Ukraine, this is not the moment for Fondazione Biennale to allow Russia to reopen its national pavilion at the 2026 Venice Biennale.
Culture promotes and safeguards… pic.twitter.com/yV1RS4lhRe
— Glenn Micallef (@GlennMicallef) March 10, 2026
El pabellón ruso de la Bienal mantiene fuertes lazos con el Estado. Estará comisionado por Anastasia Karneeva, que dirigió la oficina de Christie’s en Moscú durante muchos años y cuyo padre es Nikolay Volobuyev, director general adjunto de Rostec, un conglomerado de defensa estatal ruso.
La consultora de arte de Karneeva, Smart Art —que obtuvo un contrato de un año para dirigir el pabellón— fue cofundada con Ekaterina Vinokurova, hija del ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov.
Ucrania ha expresado su indignación y ha solicitado a la Bienal dar marcha atrás para evitar que el evento se convierta “en un escenario para encubrir los crímenes de guerra que Rusia comete a diario”.
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania ha señalado que la decisión de reabrir el pabellón nacional ruso “solo puede enviar una señal peligrosa de apoyo a la agresión, tolerancia hacia los crímenes de guerra de Rusia y normalización de la política genocida de los ocupantes rusos”.
La polémica añade presión política sobre la primera ministra italiana Giorgia Meloni, que en repetidas ocasiones ha expresado su apoyo a Ucrania, pero cuyo gobierno incluye a sectores considerados cercanos a Moscú.
El ministro de Cultura italiano, Alessandro Giuli, amigo cercano y aliado político de Meloni, ha expresado sus reservas personales y el desacuerdo de Roma con el regreso de Rusia al evento. Sin embargo, sostiene que se trata de una “decisión autónoma” del comité organizador, que el Ejecutivo está obligado a respetar.
Hasta ahora, Buttafuoco se ha mantenido firme, insistiendo en la libertad de decisión del comité. La exclusión y la censura, una vez más, no tendrán lugar en la Bienal de Venecia, aseguró el martes pasado.
El enfrentamiento abre así un nuevo frente entre Bruselas y la Bienal de Venecia, que defiende su autonomía cultural frente a las presiones políticas derivadas de la guerra en Ucrania.
