En una época dominada por la espectacularidad arquitectónica y la producción de iconos urbanos, la concesión del Premio Pritzker 2026 a Smiljan Radic Clarke (Santiago de Chile, 1965) apunta en otra dirección: la de una arquitectura que rehúye el gesto grandilocuente para explorar la fragilidad como condición contemporánea.
La Fundación Hyatt, que otorga el galardón considerado el “Nobel de la arquitectura”, ha subrayado en su fallo la capacidad del arquitecto chileno para concebir edificios “cuya naturaleza híbrida refleja la contemporánea difuminación de las fronteras entre disciplinas”, así como para crear espacios que funcionan como refugios serenos dentro de un mundo atravesado por la incertidumbre.
El anuncio se produjo en un contexto institucional inusual, tras la dimisión el pasado febrero del presidente de la fundación, Tom Pritzker, por su vinculación con la trama Epstein. Todo hacía prever un retraso en la proclamación del premio, que tradicionalmente se comunica en marzo. Sin embargo, la organización mantuvo el calendario y dio a conocer el nombre del galardonado el pasado jueves.
La propia concepción que Radic tiene de la arquitectura ilustra bien su posición dentro del panorama contemporáneo. Según sus palabras, la disciplina se mueve entre construcciones masivas destinadas a perdurar durante siglos y otras estructuras más ligeras, casi efímeras, cuya existencia responde a una lógica menos definida. Esa tensión entre permanencia y fragilidad constituye uno de los ejes centrales de su obra.

Arquitectura como refugio
Nacido en Santiago, de padre croata y madre británica, Radic se formó en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989, y amplió estudios de Historia en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia entre 1990 y 1992. Su trayectoria profesional se ha desarrollado principalmente en Chile, aunque sus proyectos se extienden por diversas ciudades europeas.
Desde sus primeras obras, su arquitectura ha explorado la relación entre el edificio y el paisaje, entendiendo la construcción no como un objeto autónomo, sino como una forma de mediación entre el ser humano y su entorno. La idea de refugio aparece así no solo como respuesta funcional, sino como metáfora de la experiencia íntima.
“Hay una complejidad en el encierro: un refugio proporciona distancia de la realidad mientras te insta a sentir que la vida interior es única“, ha señalado el arquitecto en declaraciones recogidas por la Fundación Hyatt.
Formas que se resisten a una única lectura
Una de las características más destacadas de la obra de Radic es su resistencia a ser interpretada desde un único punto de vista. Sus edificios parecen mutar según la distancia, la luz o el modo en el que el espectador los recorre.
La Casa Carbonero (Melipilla, 1998), situada entre el bosque y el mar, ejemplifica esa ambigüedad: construida con madera y malla ennegrecida, se integra en el paisaje sin renunciar a una presencia material intensa. En la Casa Pite (Papudo, 2005), levantada sobre un terreno rocoso frente al océano Pacífico, la arquitectura no se impone al lugar, sino que se incrusta en él, estableciendo una relación de continuidad con la topografía.
Por su parte, la Casa para el Poema del Ángulo recto (Vilches, 2013) introduce una dimensión simbólica más explícita. Inspirada en el texto homónimo de Le Corbusier, la obra traduce referencias literarias y filosóficas en una espacialidad que oscila entre lo escultórico y lo habitable.
Una monumentalidad sin énfasis
En proyectos de carácter cívico, Radic ha demostrado que la arquitectura pública puede adquirir presencia sin recurrir a la monumentalidad tradicional. El Teatro Regional del Biobío (Concepción, 2018) propone una volumetría contenida y una luminosidad expresiva que evita cualquier gesto de ostentación.
Esa actitud se relaciona con una concepción del espacio urbano como lugar de encuentro más que como espacio de representación. Frente a la arquitectura entendida como símbolo de poder, Radic plantea edificios que invitan a la apropiación cotidiana por parte de los usuarios.
Teatro Regional del Biobío
Filosofía, mito y materialidad
El imaginario del arquitecto se nutre de disciplinas como la filosofía, el arte o la literatura, así como de referencias míticas que atraviesan su trabajo. Para Radic, la arquitectura no consiste únicamente en resolver problemas técnicos, sino en generar contextos donde puedan surgir nuevas interpretaciones.
Esa aproximación se manifiesta en su interés por la transformación de estructuras preexistentes. La renovación del centro cultural NAVE en Santiago (2015) constituye un ejemplo significativo: el proyecto preserva la memoria de la antigua vivienda sobre la que se asienta, al tiempo que introduce nuevos volúmenes que redefinen el espacio interior como un sistema estratificado de usos artísticos.

Entre lo efímero y lo ancestral
El reconocimiento internacional de su obra se ha consolidado también a través de intervenciones experimentales que expanden los límites entre arquitectura, instalación y escultura. Entre ellas destaca Guatero (Santiago de Chile, 2023), creada para la XXII Bienal de Arquitectura de Chile junto a Nicolás Schmidt. La pieza, concebida como una forma neumática y luminosa que ocupa el espacio expositivo, propone un ambiente acogedor dentro de un volumen que se percibe provisional pero plenamente habitable, donde luz, sonido y movimiento transforman de manera sutil la percepción del espacio, explorando lo efímero como condición constructiva.
Nueve años antes, Radic fue invitado a diseñar el pabellón temporal de las Serpentine Galleries, una de las plataformas más influyentes para el arte contemporáneo. El proyecto, instalado en Kensington Gardens, proponía una estructura translúcida de fibra de vidrio sostenida por un anillo de grandes piedras, combinando una apariencia arcaica con una presencia casi etérea.
El pabellón parecía simultáneamente antiguo y provisional, anclado por la gravedad de la materia y transformado por la luz cambiante del entorno. En esa tensión entre lo permanente y lo efímero se condensa buena parte de la poética de Radic.
Pabellón efímero Serpentine Gallery Pavilion (2014, Londres, Reino Unido), obra del arquitecto Smiljan Radic Clarke
La arquitectura en tiempos de incertidumbre
La concesión del Premio Pritzker a Smiljan Radic Clarke puede interpretarse como un síntoma de las transformaciones que atraviesan la disciplina arquitectónica. En lugar de celebrar la espectacularidad formal o el crecimiento ilimitado, el jurado ha reconocido una obra que se sitúa deliberadamente en los márgenes de esas lógicas.
Sus edificios, más que imponer una visión del mundo, proponen espacios donde la experiencia humana puede desarrollarse en toda su complejidad. Sus construcciones funcionan como lugares de tránsito y contemplación. En esa apuesta por la fragilidad como valor arquitectónico reside, probablemente, el sentido profundo del reconocimiento que ahora recibe.
