Los hermanos Miguel Ángel (voz y bajo) y Josemán Escrivá (coros y guitarras) constituyen dos tercios de Santero y los Muchachos, el proyecto musical que formaron junto a Soni Artal (coros y guitarras) hace algo más de diez años tras pasar por otros como La Pulquería, Miss X o Absenta. Técnicamente, el trío sería “Santero”. “Los Muchachos” hace referencia a los músicos que colaboran con ellos en cada proyecto.
La primera parte del nombre surgió a partir de un letrero que Miguel Ángel solía ver en una casa de camino a su estudio en Valencia. La segunda, porque al buscar “Santero” en internet los resultados devolvían contenido no deseado.
Su primer LP, Ventura, se editó en 2017, seguido de Rioflorido (2019) y Royal Cantina (2022). Hoy se publica su cuarto álbum de estudio, Todas las luces, que supone un distanciamiento de su sonido habitual, pero sin abandonar la etiqueta de “rock reposado” que han popularizado todo este tiempo. De cara al lanzamiento y a una gira de presentación a finales de año, los hermanos Escrivá se sientan con nosotros para hablar sobre su educación musical, el camino recorrido y las experiencias personales y musicales que han inspirado el disco.
¿Cómo aprendisteis a hacer música? ¿Qué aspiraciones teníais entonces? ¿Se parecen a lo que habéis conseguido hoy?
Josemán: Pues mira, la música entra a nosotros cuando éramos muy pequeños, porque nuestro padre también es músico. Él tenía un grupo de los años 60 que se llama Los Top-Son, donde cantaba Bruno Lomas, que era un poco un estandarte del rock en Valencia. Entonces, influenciados por mi padre y la música que le escuchábamos, nos llega, nos penetra. A los trece o catorce años nos regaló una guitarra a cada uno por nuestro cumpleaños y nosotros dijimos que no. [Risas] No, que va. A los dos años o así le dijimos: “Papá, queremos hacer un grupo.” Y él nos sentó con un papel y un boli y dijo: “Pues primero, aprender el instrumento; segundo, hacer canciones; tercero, ensayar; cuarto, conciertos; quinto, disco; sexto, entrevistas; séptimo…” Y al final, pues mira, se han ido cumpliendo un poco todos esos pasos.
Miguel Ángel: Él venía a los ensayos y los dirigía, nos enseñaba a hacer voces, a componer. Sobre todo, le quitó importancia al hecho de componer, lo veía como algo más instintivo y no tan teórico. Nos enseñó que metiendo acordes y esbozando una melodía ya podías empezar a componer, y esa fue un poco la escuela que tuvimos en casa. Muy artesanal. Como decía, venía a los ensayos hasta que aquello se desmadró. Los ensayos ya no eran como él los conocía: pelos largos, el que no fumaba, la cerveza y canciones propias cuando hasta entonces eran canciones suyas. Ahí se dio cuenta de que debíamos continuar solos. Se ha mantenido un poco en órbita, aconsejando, pero entendiendo que el proceso natural era el que debíamos emprender como chavales jóvenes.
¿Cómo es la cronología de vuestros proyectos anteriores a Santero?
Josemán: Todo empezó con otra banda que teníamos. Jugábamos con canciones de mi padre, las llevábamos a nuestro terreno y era un grupo más pop en ese momento. Teníamos dieciséis años, grabamos un par de maquetas y tuvimos la suerte de que alguien nos vio, nos conoció y grabamos algunas cosas. A partir de ahí decidimos que queríamos hacer nuestras propias canciones y nos dirigimos hacia un grupo más rock, más duro. Eran los 90, el grunge estaba fuerte y nos unimos un poco a esa vertiente. De ahí, él pasó a La Pulquería…
Miguel Ángel: Teníamos una banda llamada Absenta con Soni, que es la otra parte de Santero.
Josemán: Sí, Absenta era esa parte más grunge. Luego nos dividimos: él se fue a La Pulquería y Soni y yo, que veníamos de Absenta, nos metimos en otra vertiente más rock electrónico allá por el 2000 —empecé a hacer las canciones en 2000, aunque salió en 2008— que se llama Miss X. Y de ahí nos volvimos a unir en Santero.
¿Cómo conocisteis a Soni?
Miguel Ángel: En la escena underground valenciana él tocaba en una banda que nos encantaba, Mafarka. Nosotros teníamos Absenta y acabamos mezclando las dos bandas. De ahí salió La Pulquería y Absenta se deshizo. Pero vamos, lo conocimos con diecisiete años y fue amor a primera vista, a primera birra. Y hasta ahora.
¿Cómo fue el momento de formar Santero y los Muchachos?
Miguel Ángel: De alguna manera, en el ADN de Santero está toda aquella escuela. El pop más primitivo que practicábamos con nuestro padre es muy parte de lo que hacemos, por las armonías vocales y la devoción por las melodías. Luego el rock es la actitud, es nuestra escuela y forma parte de la investigación como músicos: partir los ritmos, aprender un montón de cosas. Vivíamos prácticamente en el local de ensayo y ahí investigamos mucho. Creo que nunca le hemos dedicado tanto tiempo a la música; bueno, quizá ahora sí, pero durante muchos años estuvimos ocho o diez horas al día en el local y aprendimos muchísimo. Soni estaba con nosotros y, evidentemente, las generaciones y las escuelas se van sucediendo y te vas mimetizando con el momento. Ellos hacían cosas con electrónica, yo estaba en algo más ska, punk, mariachi, una mezcla loquísima… Todo eso nos enseñó. Al final, Santero no sería lo que es —a pesar de tener un sonido clásico, de intención clásica— sin todo ese aprendizaje.
Josemán: Sí, Santero es la destilería de todo lo que veníamos haciendo.
Miguel Ángel: Por eso decimos que hacemos rock reposado, porque al final es un destilado de todo eso.

Y entre ese tiempo y vuestro primer álbum pasan unos tres años. ¿Qué estuvisteis haciendo en ese proceso?
Miguel Ángel: Yo seguía con La Pulquería, así que fui a caballo. Me pilló con coletazos de La Pulquería, pero con la ilusión de tocar con ellos. Hicimos un EP llamado Buenos y malos.
Josemán: Sí, él estaba con el aterrizaje de un proyecto y el despegue de otro. Soni y yo estábamos muy vinculados al mundo audiovisual porque llevamos muchos años trabajando en ello, así que también estábamos a caballo entre la música y eso, que nos requería mucho tiempo. Él seguía haciendo canciones y dándole forma al proyecto y hasta que llegó un momento en que ya nos pudimos unir más.
¿Cómo recordáis esa época? ¿La veis con nostalgia?
Josemán: No. Yo no. Yo quiero empezar por donde estamos ahora.
Miguel Ángel: A mí me da mucha pereza recordar ese momento de búsqueda.
Josemán: No lo volvería a hacer.
Miguel Ángel: Sí que hay cosas bonitas, pero hacía una comparativa conyugal: como alguien que está en París y no le ilusiona tanto como irse al pueblo al lado con su nueva pareja. Era un poco así. Hacíamos cosas con Santero que eran muy costosas, nos lo tomamos con ilusión, pero si lo comparaba con mi banda anterior, que había girado internacionalmente, era una época más oscura, difícil. En cuanto a sonido, estábamos confundidos: teníamos cosas claras, pero todo era cuesta arriba en identidad.
Habladme de Todas las luces. ¿Cómo surge este disco?
Josemán: Después de tres discos de estudio y uno en directo, que resumía los anteriores, teníamos inquietudes nuevas. Queríamos experimentar. Somos un grupo ecléctico por trayectoria y también como oyentes: escuchamos de todo. Nuestras influencias siempre han sido de los años 50, 60 y 70, pero en este disco nos hemos dejado llevar por sonidos que no se utilizaban tanto en esa época, yendo hacia otros ambientes.
¿Cómo fue el proceso de creación?
Miguel Ángel: En la composición, en cierto modo, hay una parte que se disfruta y que no tiene ningún tipo de peso de responsabilidad; nada te marca el porqué esbozas una melodía. Pero llegados a una etapa en la que ya toca disco nuevo, entra la parte del oficio, donde tienes que concretar esas ideas. Entonces, yo creo que los tres somos de acumular ideas por el placer o porque simplemente nos salen, pero el estrés y tener que matizar una idea vienen marcados por el programa de la banda. Es decir: ahora toca, en un año, tener disco, y ahí es donde empieza un poco la parte que ya es cuesta arriba. Que es angustiosa y placentera a la vez. Es constante.

¿Fueron largas las sesiones? ¿Qué emociones os generó?
Josemán: Sí, porque nuestro proceso de composición no tanto, pero el de producción es donde se extiende mucho. No es fortuito todo lo que suena. Quiero decir: no nos metemos en el estudio, nos ponemos a tocar y vemos qué tocas tú y qué toco yo, sino que meditamos mucho. Hay estribillos que hemos regrabado, yo que sé, diez veces, porque no nos convencen simplemente unos golpes de voz que están donde no tienen que estar, o algunos detalles, o un sonido de guitarra. Entonces, todo ese proceso es muy largo.
Miguel Ángel: Sí, cualquiera de los tres ya presenta el tema al resto con una producción. Pocas veces —si no ninguna, o quizá una—, yo te presenté “Vamos a vernos” con guitarra y voz; la única vez que creo que ha ocurrido. Hacemos esto, o sea, siempre es como: “Ey, tíos, tengo esto”, y ya suena con esa batería, con esa onda.
Josemán: Sí, y a partir de ahí le sacamos punta. Luego le damos mil vueltas.
¿Consideráis que entre un álbum y otro tiene que verse una evolución clara?
Miguel Ángel: Esta ha sido la primera vez. Hemos querido darle la espalda al Santero de antes, que luego nos hemos dado cuenta de que está súper ligado y que la esencia sigue estando. Pero esta cosa de que sería muy fácil solucionar una parte con la guitarra… mejor dejarlo en silencio y crear otro estado de ánimo, otra cosa.
Las canciones de Todas las luces tienen un tono más nocturno e introspectivo, pero también celebratorio. ¿Qué os inspira a la hora de componer?
Josemán: Yo creo que eso te lo da el momento por el que estás pasando, también. Introspectivo porque hemos pasado momentos personales que a lo mejor nos han marcado, y eso también está ahí. Y luego hay momentos en los que queremos ir a otro lugar como músicos, que también nos llevan ahí.
Miguel Ángel: Ha habido devastación conyugal en la banda y fuera de ella. El 2025 ha arrasado con un montón de relaciones a nuestro alrededor y nos ha dejado a todos un poco girando en una rotonda. Y en esa búsqueda personal, más la búsqueda musical o de evolución después de tres discos, entendemos que un título como este es la mejor manera de definirlo: cualquier destello, cualquier zona nueva, cualquier lugar al que llegar.
Decís que es un disco de búsqueda. ¿Sentís que este ha sido un proceso de dejar atrás?
Josemán: No meditadamente, pero al final lo que te decía: el momento por el que pasas es lo que describes.
Definid con una o dos palabras las canciones que componen Todas las luces: la primera es “Nada”.
Josemán: Ya lo dice el título. [Risas]
Miguel Ángel: ¿Pero hablamos de letras o en lo musical?
Puede ser lo que asociéis con esa canción en cuanto al momento en el que trabajasteis en ella, desde la composición hasta lo que queráis.
Josemán: Yo diría “enfoque”, porque es un poco hacia donde queríamos ir, y esta canción, yo creo, focaliza mucho el lugar —a nivel paisajístico sonoro— hacia el que queríamos ir.
Miguel Ángel: Sí, “enfoque” y “antes y ahora”.
“En calma”.
Miguel Ángel: Jo, qué buen título, es que todas definen lo que tú quieres. “En calma” es tranquilidad después de la tormenta.
“Solo nosotros”.
Miguel Ángel: “Solo nosotros” es “viraje”. “Viraje” y… ¿cómo diría? “Todas las luces con alguien”.
“Llamaré a tu puerta”.
Josemán: No cierres con llave. [Risas] “Llamaré a tu puerta” es “enfado”, “diversión”
Miguel Ángel: Noche.
“Eres mi vicio”.
Miguel Ángel: Pues muy romántico no suena eso. [Risas] Una buena frase con la que empezar la canción. Eso fue lo que sucedió.
“Vamos a vernos”.
Josemán: Siempre.
Miguel Ángel: Amistad.
“Manual para la pérdida”.
Josemán: Duelo.
Miguel Ángel: Utilízala como puedas. Hay ambigüedad entre perder a alguien en vida y perder en muerte.
“Muros”.
Josemán: El pueblo.
Miguel Ángel: Sí, pueblo, barrio.
Y, por último, “Estar solo”.
Josemán: Volveríamos a la segunda canción, pero puede ir con “calma”.
Miguel Ángel: Derecho a estarlo, a pesar de.
A partir de otoño salís de gira por toda España. Para quien no os haya visto nunca en directo, ¿qué se van a encontrar?
Miguel Ángel: Nos gusta hablar mucho de que la diferencia la ponen ellos. Es decir, nos gustaría más saber qué nos van a aportar: quién va a venir de nuevo, quién ha dejado de estar, quiénes van a repetir, qué pasa con las nuevas canciones. Nosotros, la verdad, a día de hoy hemos estado tan inmersos en el disco que lo que es el show no lo tenemos preparado. Es decir, todos estos meses nos van a servir para darnos cuenta de qué calado tienen las canciones en nosotros, en el show. Entonces, en otoño, creo que es una incógnita para todos.
Josemán: Sí, qué canciones cogen más peso entre el público, porque eso también te marca a la hora de definir el show, prepararlo, el repertorio, el orden. Todavía el disco no ha salido, con lo cual es bueno empezar un poco más tarde a darle forma.
Miguel Ángel: Pero, sin duda, un primer disco se sufre mucho porque no tienes otra cosa más que eso y alguna versión. Un segundo disco va reforzando un poco la dinámica del concierto, pero imaginaos: cuarto disco… sabemos que vamos a tener un súper show en cuanto al repertorio.
Josemán: Sí, yo creo que va a ser bastante más enérgico.
