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Carol Guzy, ganadora de la fotografía del año: “A veces ser testigo puede ser devastador, pero es fundamental”

Carol Guzy, con décadas de experiencia en conflictos y desastres naturales, explica en Artículo14 cómo capturó ese instante: "El fotoperiodismo es la práctica de la empatía visual"

Carol Guzy lleva más de cuatro décadas retratando la dureza más extrema. Lo hizo en 1999 durante la guerra en Kósovo o en 2010, capturando las consecuencias del terremoto que azotó Haití. Ha estado en Ucrania y en Mosul, al norte de Irak. Y también en Siria. Lo sabemos porque a parte de su biografía -ampliamente conocida- algunos de sus trabajos más importantes figuran en la página web que, que cuida y mantiene actualizada.

Desde hace tres días su porfolio ya no aparece como la primera opción de los buscadores. Para llegar hasta el hay que saltar las decenas de noticias que la sitúan como la mujer que ha capturado la fotografía del año del World Press Photo 2026: el concurso de fotoperiodismo más prestigioso del mundo que reconoce el trabajo más brillante y la mejor fotografía documental a nivel mundial.

Pero a Carol Guzy le importan poco los premios. A lo largo de su trayectoria ha ganado cuatro Pullitzer. Fue una de las cinco personas en lograr una cifra así y la primera mujer periodista en conseguirlo. Desde los 25 años, Guzy recorre el mundo con su cámara, pero para ganar este último premio no le ha hecho falta ni siquiera salir de su país.

La fotografía elegida como la mejor del año no se produce en una frontera o en un país tercermundista, sino dentro de los juzgados federales en el corazón de la ciudad de Nueva York. En la imagen, el protagonista ni siquiera sale. De Luis sólo vemos su sudadera, agarrada por sus hijas, y al fondo, con gesto serio, su mujer. Es una de las tantas escenas que llevamos viendo desde que Trump endureció su política migratoria. Luis fue detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

‘Separados por el ICE’ de Carol Guzy, ZUMA Press, iWitness para Miami Herald
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-Para capturar esta fotografía estuviste día tras día acudiendo al único pasillo donde se permitía el acceso a periodistas en el Edificio General Jacob K. Javits. ¿Qué te llevaba a volver todos los días al mismo juzgado?

-La cobertura de las detenciones del ICE en el tribunal de inmigración de Nueva York fue diaria durante seis meses en 2025 y continúa hoy. Ahora más que nunca, los medios de comunicación son un vínculo crucial para documentar los efectos de las políticas en personas reales. A veces puede ser devastador ser testigo, pero es fundamental. Algunas historias nos trascienden. Creo que esta es una de ellas.

-Durante mucho tiempo hablaste con muchas de estas familias… ¿Cómo conseguiste acceder a ellas y que se abrieran a ti en un momento tan duro y vulnerable?

-Aunque puede ser un entorno de trabajo muy tenso y volátil, cuando ocurren las detenciones, reina el caos y no recibimos información a menos que podamos hablar con los familiares después, algo que sucede con frecuencia. Llevo meses siguiendo a ciertas familias para mostrar el rostro de las consecuencias de las acciones del Gobierno. Ganar la confianza de una comunidad inmigrante atemorizada ha sido una tarea delicada, donde la autenticidad y la sensibilidad son fundamentales. Nos abren sus vidas a las cámaras, y con ello viene la responsabilidad de fotografiar sus luchas con compasión y dignidad. Trabajo con cautela, y eso es lo que me ha abierto innumerables puertas para documentar visualmente las penas, las alegrías y los momentos íntimos que viven las familias que se enfrentan a una nueva normalidad.

-Esta no es una historia fronteriza. Está ocurriendo dentro de los tribunales federales, en el corazón de la ciudad de Nueva York. ¿Cree que el público estadounidense comprende realmente la magnitud de lo que está sucediendo en estos edificios? ¿Qué espera que cambie este reconocimiento?

-Este tribunal ha sido el centro de todo lo que ahora estamos viendo también en las calles del país. El nivel de acceso ha sido algo poco habitual. A mucha gente le inquieta que todo esto esté ocurriendo justo aquí, en los pasillos donde los inmigrantes vienen buscando un proceso justo. Los mensajes que recibimos reflejan una preocupación muy profunda por cómo está evolucionando esta historia.

Muchas personas que no conozco se me acercan o me escriben para darme las gracias por la cobertura. Recuerdo que un hombre me dijo: “La prensa es ahora la última línea de defensa de la democracia”. Pero a medida que los acontecimientos continúan, la atención pública disminuye y esperamos que este reconocimiento vuelva a poner de relieve estos problemas para generar conciencia y abrir el diálogo. La prensa no está ahí para juzgar, sino para ser testigo y dejar que las fotos hablen por sí solas. Si bien a veces las imágenes también amplifican las voces de la justicia y la ley, revelan las duras realidades de nuestras decisiones como nación. Quizás planteando la pregunta: ¿Es esta nuestra identidad?

-Has dedicado décadas a documentar el sufrimiento humano, desde Kosovo hasta el huracán Katrina. Pero esta historia es local, cercana, y las familias podrían ser cualquiera. ¿Cómo te proteges emocionalmente de algo tan cercano que ocurre en tu propio país?

-Personalmente, las escenas más desgarradoras son las de las separaciones familiares. Niños traumatizados que quedan atrapados en el fuego cruzado de políticas que aún no comprenden, en medio de esta controvertida campaña de Trump. El fotoperiodismo es la práctica de la empatía visual. Pero puede ser una bendición y una maldición. Nos permite crear imágenes impactantes que resuenan a un nivel profundamente personal, pero nuestro propio corazón se rompe aún más. Mi padre murió cuando yo tenía seis años, así que entiendo el vacío eterno que la pérdida de un padre deja en el corazón de un niño.

Sin embargo, las familias sobreviven sin un sostén económico que añade más presión económica a su angustia emocional. Su resiliencia al superar la adversidad es conmovedora. Tengo mecanismos para gestionar mis propias emociones, pero siempre me veo en comparación a quienes retrato, y la importancia de la narración visual vuelve a ser primordial.

-Fuiste la primera mujer en ganar el premio a la Fotógrafa del Año de Prensa, allá por 1990. Más de tres décadas después, ¿cómo ha cambiado la industria para las mujeres detrás de la cámara y qué aún necesita cambiar?

-Antes había muy pocas mujeres en esta profesión. Eso ha cambiado drásticamente y también incluye a personas negras. Cubrimos un mundo diverso y necesitamos diversidad en el fotoperiodismo para conseguir equilibrio. Experiencias tan distintas son las que llenan de vida nuestra cobertura. Acabo de cumplir 70 años y estoy agradecida de seguir realizando un trabajo tan importante. Espero que este premio también sirva de inspiración para todos los mayores que continúan compartiendo su experiencia a través de sus imágenes.