Ana llegó a México en 2010, en plena crisis económica en España. Tenía 26 años, estaba estudiando un máster en comunicación y se había quedado sin trabajo. Entonces, un compañero mexicano le ofreció la posibilidad de sumarse a una agencia de publicidad en México. “Muy pocas posibilidades de trabajo en España en ese momento, me vine”, recuerda.
Lo que empezó como una oportunidad laboral acabó convirtiéndose en una vida entera. A los nueve meses de llegar conoció a su actual marido, y decidió quedarse. Hoy tiene 44 años y lleva 16 viviendo en el país.
Antes de mudarse, su imagen de México era “de un país muy peligroso, con sol y playa”, explica. Con el tiempo, esa percepción ha cambiado. Ana vive en Ciudad de México y advierte que no se puede hablar del país como si fuera una sola realidad. “Es un país gigante y muchos son msaméxicos”, resume.
Sobre la seguridad, no intenta maquillar la situación. “Es un país con muchísima delincuencia, obviamente, te corta ciertas libertades”, afirma. Aun así, también matiza que, dependiendo de la zona, se puede vivir con relativa tranquilidad. “Puedes llegar a vivir muy bien teniendo en cuenta estas cosas”.

“Es un país de oportunidades”
Su adaptación fue fácil. Llegó en una etapa muy distinta a la actual, sin hijos y con ganas de salir y descubrir. “No me costó nada”, dice. Sin embargo, sí le sorprendió mucho la informalidad laboral. “Me pagaban en B, no me lo podía ni creer”, cuenta. Describe aquella primera etapa como un entorno “muy informal, chiringuito”, pero también como parte de una cultura emprendedora.
Para Ana, México es un país donde la gente encuentra formas de salir adelante. “La gente es muy emprendedora”, afirma. Cree que, a diferencia de España, allí hay menos trabas burocráticas para iniciar proyectos. “En España puedes tener muchas emprendedoras, pero al final a lo mejor te acaban ahogando”, compara. En México, para bien y para mal, “no hay muchas trabas”.
En cuanto al trabajo, considera que México sigue siendo un país de oportunidades, especialmente para perfiles europeos. “No me parece que sea difícil, es más, me parece que es un país de oportunidades”, asegura.

“La educación y la sanidad es bastante cara”
El coste de vida depende mucho de la situación personal. Como madre de tres hijos, Ana señala dos grandes gastos: educación y sanidad. “La educación y la sanidad es bastante cara”, explica. La razón, dice, es que la educación pública no alcanza el nivel que una familia europea esperaría y muchas familias acaban recurriendo a colegios privados. “Tienes que dar un escalón hacia arriba y por lo tanto ya te plantas en una educación más cara que una educación europea”.
Lo mismo ocurre con la sanidad: “No hay una sanidad pública que funcione”, afirma. A cambio, reconoce que el acceso a la vivienda puede ofrecer más metros cuadrados que en ciudades como Madrid. “Hay mucha oferta y accedes a muchos más metros cuadrados de los que puedes acceder en España”, cuenta, aunque también señala que en determinados niveles los alquileres ya se pagan en dólares y alcanzan precios muy elevados.
Como madre, uno de los aspectos que más le preocupa es la educación. No compara directamente con el sistema español actual porque nunca ha tenido hijos escolarizados en España, pero sí critica la facilidad con la que se suspenden las clases. “Le dan muy poco valor a la educación”, lamenta. Pone ejemplos concretos: los niños estuvieron año y medio sin ir al colegio durante la pandemia, no hubo clases el día que México jugaba en el Mundial y el último viernes de cada mes tampoco hay colegio por consejo educativo. “Con cualquier excusa no hay colegio”, resume.

“Todavía hay mucho trabajo que hacer”
Sobre la situación de la mujer, Ana cree que México todavía está por detrás de España. “Siento que sí va una generación por detrás de lo que nosotros estamos”, explica. Habla de un país “bastante machista” y menciona especialmente las dificultades de conciliación para las madres trabajadoras. “Los niños salen del colegio a las dos de la tarde, no hay una posibilidad de conciliar”, señala.
También menciona la violencia contra las mujeres como una realidad muy dura. “Si te pones a mirar los números de desaparecidas es horroroso”, afirma. Aun así, insiste en que el país va evolucionando y que no quiere reducir México solo a sus problemas. “Todavía hay mucho trabajo que hacer”, dice.
En su caso, nunca ha vivido una mala experiencia grave de seguridad. “Gracias a Dios no”, responde. Pero reconoce que la inseguridad condiciona la vida diaria. “Teniendo cuidado y limitando tus libertades, puedes vivir bien”.
Esa preocupación pesa especialmente cuando piensa en sus hijos, que tienen 12, 10 y 6 años. Ana sueña con volver a España y reconoce que lo haría “mañana”. No solo por nostalgia, sino por cómo imagina la adolescencia en México. “Enfrentarse a la pubertad en este país con el problema de inseguridad es muy difícil”, confiesa. Le preocupa el momento de salir de fiesta, coger un Uber o moverse por la ciudad.
También hay una cuestión educativa y social. “En Europa somos todos más iguales, todos cogemos el metro”, explica. En México, en cambio, siente que las diferencias de clase están mucho más presentes. “Aquí mis hijos no van a ir en metro”, dice. Por eso le gustaría educarlos en un entorno donde hubiera más sensación de igualdad cotidiana.

“Es un país súper acogedor, súper divertido y alegre”
Aun así, Ana insiste en que México no puede contarse solo desde el miedo o la desigualdad. “Es un país súper alegre, es un país impresionante para viajar”, afirma. Destaca su energía, su capacidad de emprender y su manera de recibir a los demás. “Es un país súper acogedor, súper divertido y alegre”.
También tiene claro que los mexicanos quieren a los españoles. “El mexicano es súper acogedor, el mexicano es divertido, el mexicano es alegre, ellos nos quieren”, asegura. Dice que es muy fácil hacer amigos porque la gente invita, organiza planes y abre las puertas de su casa. “El mexicano enseguida está haciendo un plan”.
Para Ana, México es un país lleno de contradicciones: inseguro, desigual y difícil en algunos aspectos, pero también vital, generoso y lleno de posibilidades. “Es un país en el que siempre hay un plan”, resume. Y aunque sueña con volver a España, reconoce que allí ha encontrado una forma de vida intensa y amplia. “Puedes llegar a vivir mejor que lo que puedes vivir en España”, afirma, “porque accedes a más ocio, a más metros cuadrados y a una vida muy divertida”.

