Edadismo

La hija de Brigitte Macron también elige a un hombre más joven. ¿Dónde está el problema?

Tiphaine Auzière, de 42 años, ha hecho pública su relación con Antoine Lecomte, un estudiante y emprendedor de 22

Francia
Tiphaine Auziere y Antoine Lecomte
Instagram/KiloyCuarto

Tiphaine Auzière tiene 42 años. Antoine Lecomte, 22. Ella es abogada, escritora, madre de dos hijos y dirige su propio despacho. Él estudia en una escuela de negocios, practica y enseña kitesurf y ha creado su propia empresa deportiva. Se conocieron este verano en Le Touquet y acaban de enseñar al mundo a través de Instagram, como mandan los tiempos, que están juntos. Las críticas no se han hecho esperar.

Es muy tentador acudir al psicoanálisis de mesa camilla y pensar que Tiphaine está repitiendo el patrón materno. Mamá Brigitte se enamoró de un hombre veinticinco años menor y la hija escoge uno veinte años menor. Freud se acomodaría en el sofá y resolveríamos el artículo antes del café.

Tiphaine Auzière y Antoine Lecomte
Tiphaine Auzière y Antoine Lecomte

El asunto no es tan complicado. Son veinte años y, naturalmente, Francia ha empezado a contar. Es curioso lo rápidamente que tiramos de calculadora cuando una mujer madura se enamora de un hombre joven. Nadie la necesita cuando Mick Jagger aparece con una mujer varias décadas menor, porque el viejo rockero pertenece a una categoría sentimental aceptada desde que el mundo es mundo. El hombre envejece y gana encanto; la mujer envejece y suma años. Él conserva capacidad de conquista. Ella, según un contrato social imaginario, debería ir retirándose discretamente del mercado del deseo.

Tiphaine no parece haberse enterado, como tampoco su madre. Brigitte Macron tenía alrededor de cuarenta años cuando se enamoró de Emmanuel, casi veinticinco años menor. La historia ha sido repetida tantas veces que casi se ha convertido en caricatura. Profesora, casada, tres hijos. Él, adolescente cuando se conocieron en las aulas. Sufrieron la separación, la distancia impuesta por la familia Macron y los años de espera. Pero se impuso el amor.

Brigitte Macron
Brigitte Macron besa al presidente de Francia, Emmanuel Macron
Efe

Tiphaine, ahora abogada, tenía diez años y aprendió una lección de forma precoz. Vio cómo se rompía el matrimonio de sus padres y cómo su madre se enamoraba de un alumno. Y observó, sobre todo, cómo el mundo se sintió autorizado para opinar. Años después reconocería que aquella separación había sido dolorosa y que las circunstancias la hicieron todavía más difícil. También explicó que aquella experiencia le enseñó mucho sobre la naturaleza humana. “Cuando ocurre algo así -dijo-, uno debe concentrarse en lo esencial y seguir adelante pese a las críticas”.

El enamoramiento es más sencillo que lo que sugiere el psicoanálisis de Freud. No sabemos por qué Tiphaine se ha enamorado de Antoine. Ni ella podrá explicarlo, puesto que el deseo tiene esa rara costumbre de no atenerse a normas. Lo que sí sabemos es que aprendió en su propio hogar que una mujer puede elegir a un hombre más joven y sobrevivir al juicio de los demás.

wNo significa que su madre le transmitiera un modelo de pareja, pero sí la legitimidad de elegir. Brigitte se sobrepuso al escándalo, al cuchicheo y después al juicio internacional. Si algo pudo tomar Tiphaine fue que la desaprobación colectiva no significa que la elección fuese equivocada.

El hombre madura; la mujer caduca

Existe además la vieja trampa social. Cuando un hombre de 62 años aparece con una mujer de 42 hablamos, como mucho, de diferencia de edad. Cuando las cifras se invierten, buscamos inmediatamente una explicación psicológica. ¿Por qué necesita un hombre tan joven? ¿Tiene miedo a envejecer? ¿Busca sentirse deseada? ¿Es una crisis de los cuarenta?

La pregunta rara vez se formula al revés. Nadie diagnostica a un hombre maduro por enamorarse de una mujer veinte años menor. En su caso, el deseo se considera explicación suficiente. Es el doble rasero del envejecimiento. A las mujeres se las expulsa del terreno sexual mucho antes que a los hombres.

Ya ocurrió hace unos meses con Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias. La actriz nació en 1968; él, en 1991. Unas fotografías besándose fueron suficientes para convertir los veintitrés años de diferencia en motivo de opinión. Como si Aitana tuviera que justificar el beso. Lo realmente interesante de las imágenes era que mostraban a una mujer de casi sesenta años fuera del personaje que le reserva la sociedad: madre, señora elegante y actriz madura todavía admirable. Todo eso se tolera estupendamente. Lo de mujer deseante cambia el tono.

Aitana Sánchez-Gijón y Maxi Iglesias en la serie Velvet. Atresmedia
Atresmedia

Brigitte Macron lleva años sufriéndolo. Se ha examinado su rostro, sus piernas, sus arrugas, sus vestidos y la edad que aparenta junto a Emmanuel. Se ha calculado cuántos años tendrá cuando él cumpla tantos y se ha especulado sobre sus celos ante mujeres jóvenes. Y aún más delirante, una campaña internacional de desinformación llegó a negar incluso que sea mujer. ¿Tan difícil es admitir que una mujer mayor conquistó sentimentalmente a un hombre más joven, brillante y finalmente presidente de Francia?

Brigitte ha cometido el pecado de ocupar el lugar que, de acuerdo con ciertos sectores de la sociedad, no correspondía a su edad. Y lo que Tiphaine ha entendido es que aquella relación que nació en Amiens como un escándalo terminó en un matrimonio duradero y con mucho glamour.

Francia
El presidente francés Emmanuel Macron y su esposa Brigitte Macron
Efe

No es que demuestre que todas las parejas con diferencia de edad funcionen. Algunas duran y otras fracasan, exactamente igual que las parejas nacidas el mismo año. Veinte años de diferencia pueden implicar distintas experiencias, expectativas y posiciones vitales. Tiphaine tiene hijos y una carrera consolidada. Antoine está comenzando la edad adulta. Esa asimetría puede merecer atención, pero no condena. Antoine tiene 22 años. Puede votar, montar una empresa, viajar solo, decidir su profesión y elegir con quién duerme. También puede equivocarse. Como Tiphaine. El derecho a amar incluye el derecho a equivocarse.

Susan Sontag escribió hace más de medio siglo sobre el doble estándar del envejecimiento, ese mecanismo por el cual la sociedad permite al hombre seguir siendo sexualmente válido mientras va retirando a la mujer de escena. Medio siglo después seguimos sorprendidos cada vez que alguna se niega a cambiar el patrón. Aitana Sánchez-Gijón lo hizo a los 57. Brigitte Macron lo hizo a los cuarenta. Tiphaine Auzière lo hace ahora a los 42. ¿Dejará alguna vez de importarnos?