Desde mediados de junio, firmas que rastrean el tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz han detectado un ligero crecimiento en el cruce de embarcaciones, fruto de la firma del “Acuerdo de entendimiento” acordado por Estados Unidos e Irán. No obstante, todavía quedan flecos por pulir para retomar la plena normalidad. Todavía no está garantizada la seguridad, faltan por eliminar minas marítimas plantadas por el régimen iraní y, sobre todo, aclarar quién podrá sacar rédito económico por la imposición de tasas.
Si bien Teherán reclama la soberanía sobre el estratégico corredor marítimo, por donde se estima que circula una quinta parte del petróleo que consume el mundo, una pequeña monarquía del Golfo Pérsico exige ahora su parte del pastel. Omán, aliado estratégico de Washington en la convulsa región, estaría reclamando el cobro de impuestos junto a Irán, según revelaron fuentes diplomáticas al New York Times.
La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, que inicialmente tenía la intención de debilitar o tumbar al régimen de los ayatolás y su programa nuclear, ha supuesto de facto un refuerzo para el estatus de Teherán en la región. Antes del conflicto, los petroleros cruzaban libremente por el corredor marítimo del Golfo Pérsico para transportarlo al resto del mundo.
El régimen iraní no usó solamente drones y misiles balísticos para atacar Israel y las monarquías árabes de la región, sino que también empleó el bloqueo del Estrecho de Ormuz como medida de presión, lo que encareció drásticamente el precio del barril de crudo. Tras la firma del acuerdo de paz provisional, ahora Irán pretende cobrar tasas, que junto a la descongelación de fondos que aprobó la Casa Blanca, servirán para engrosar la maltrecha tesorería iraní.
A pesar de la discrepancia estadounidense, Omán habría presentado un plan a la Casa Blanca con las tasas que pretende cobrar, aunque ningún diplomático quiso revelar en público los detalles. El control del Estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los principales puntos de disputa entre Estados Unidos e Irán, junto al futuro del programa nuclear iraní, que según promete Donald Trump no permitirá que el régimen obtenga bombas atómicas.
La propuesta omaní estaría inspirada en los acuerdos que rigen el tráfico en los cruces de Malacca y Singapur -que conectan el océano de India con el mar del sur de China-, donde fundaciones privadas recaban “contribuciones” para garantizar la navegación segura. Un oficial iraní citado por el New York Times aclaró que en Ormuz los pagos serán obligatorios.
Acorde a Kazem Gharibabadi, viceministro de exteriores iraní, la prioridad de Teherán sería alcanzar un acuerdo con Oman. No obstante, si la pequeña monarquía árabe rechaza el pacto, el régimen iraní aplicará su propia fórmula para controlar los cobros de los barcos petroleros que crucen por la zona. Incluso durante la guerra, Omán logró mantener su reputación de país neutral, lo que le permitió mantenerse como un puente de comunicación entre Estados Unidos e Irán. En mayo, cuando surgieron los primeros rumores de que el país árabe pretendía sacar beneficios por la imposición de impuestos, Trump llegó a amenazar con bombardear Muscat si “no se comportan como el resto”.
El “acuerdo de entendimiento” firmado dio un margen de 60 días para resolver las cuestiones claves de la disputa. Para Omán, se ha abierto un conflicto inesperado, ya que sus aguas territoriales se encuentran en una zona de una guerra que intentaron evitar a toda costa. “Es un asunto urgente de seguridad nacional para ellos”, consideró Anna Jacobs, analista del Arab Gulf States Institute. Otros analistas destacan el enfado de Omán con Estados Unidos por haber iniciado este conflicto.
El secretario de Estado, Marco Rubio, declaró a la prensa en Bahréin la semana pasada que Estados Unidos se opondría a cualquier escenario en el que el uso del estrecho se monetizara, independientemente de si se denominaba “tarifa, peaje o donación”. “Necesitamos recuperar el estado que tenían los estrechos antes de este conflicto”, afirmó Rubio. No obstante, el ministro de exteriores iraní Abbas Araghchi aclaró que el estatus del Estrecho de Ormuz no volverá a la situación de preguerra.
La semana pasada, Omán y la Organización Marítima Internacional (OMI) designaron una ruta segura que solo atraviesa aguas territoriales omaníes. Irán respondió atacando un buque de carga en el estrecho. La OMI, organismo vinculado a la ONU, suspendió entonces las labores de evacuación de cientos de barcos varados en la vía marítima. El recrudecimiento de las tensiones amenazó con frenar la incipiente recuperación del transporte marítimo en la zona.

