Una jugadora italiana de lotería protagonizó una anécdota digna de película al recuperar de milagro un boleto premiado con un millón de euros que había terminado en un camión de basura. La historia, calificada de inaudita por las autoridades locales, exigió una exhaustiva operación de rastreo en la región de Puglia, al sur del país transalpino.
Todo comenzó cuando la afortunada, cuya identidad se mantiene bajo reserva, acudió a su establecimiento de confianza para validar su jugada tras un reciente sorteo. Al pasar el cartón por el escáner, el dispositivo arrojó un aviso de invalidez. Desconocedora de los límites operativos, la ciudadana asumió que no había obtenido nada. En los pequeños comercios italianos, las terminales únicamente están autorizadas para abonar cantidades menores; los premios mayúsculos requieren trámites bancarios especiales que el vendedor no pudo procesar en ese instante.
Con la firme convicción de que su apuesta no tenía valor, la mujer se deshizo del papel en el mismo local y regresó a su casa. Sin embargo, el giro dramático aguardaba en su domicilio. Un familiar advirtió que la combinación ganadora coincidía exactamente con la serie que ella solía emplear de forma sistemática, vinculada a fechas significativas de un ser querido. Al percatarse del monumental equívoco, corrieron de regreso al comercio, pero el papel ya había sido arrojado al contenedor y retirado por los servicios de limpieza urbana.

Ante la desesperación, la afectada contactó de inmediato a Roberto Nicola Toscano, alto cargo de la compañía pública de saneamiento SANB, encargada de la gestión de residuos en la zona de Bitonto y alrededores. Con pocas expectativas de éxito, el equipo directivo analizó la ruta del camión recolector que había operado en el sector. Para su buena fortuna, al tratarse de una jornada dominical, el vehículo aún no había descargado su contenido en el vertedero definitivo.
Dada la peligrosidad biológica y los riesgos sanitarios que entrañan los desechos urbanos, el camión fue desviado hacia una planta especializada y segura. Allí, los operarios de limpieza escudriñaron durante más de 48 horas toneladas de desperdicios y bolsas rotas. Contra todo pronóstico, entre los múltiples talones y restos de papel acumulados, uno de los trabajadores divisó el codiciado boleto, el cual se conservaba intacto pese al trajín.
Al recibir la noticia telefónica de que su fortuna estaba a salvo, la ganadora rompió en llanto de absoluta felicidad. No obstante, el rescate no salió gratis. Al tratarse de una empresa de carácter público, los gastos operativos del operativo extraordinario debían ser asumidos por la ciudadanía. Por esta razón, la protagonista debió firmar previamente un compromiso formal para sufragar todos los costes derivados de la búsqueda, una inversión que, sin duda, valió la pena.

