Polémica

Una pancarta reabre la guerra de las Malvinas: Londres exige a la FIFA investigar a Argentina

Los jugadores albicelestes desplegaron en Atlanta el lema "Las Malvinas son argentinas" tras eliminar a Inglaterra, y la respuesta de Downing Street llegó con dardo incluido: "Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas definitivamente lo son"

Liliana Colino (izquierda), y un grupo de combatientes argentinos en las Malvinas (derecha)
DefensaYAviación

El partido terminó 2-1, pero lo que ocurrió después del pitido final ya importa más que el resultado. Tras eliminar a Inglaterra en la semifinal del Mundial disputada este miércoles en Atlanta, varios jugadores argentinos recogieron una pancarta que les tendieron desde la grada y la exhibieron sobre el césped. Se leía “Las Malvinas son argentinas”. Fue el centrocampista Giovani Lo Celso quien la colocó en el suelo, acompañado entre otros por Nicolás Otamendi. 24 horas después, el gesto ha escalado hasta convertirse en un choque diplomático entre Londres y Buenos Aires, con petición de investigación a la FIFA incluida.

La reacción británica no se hizo esperar. El ministro Peter Kyle calificó el comportamiento de los futbolistas de “totalmente inapropiado” en una entrevista con la BBC y reclamó al organismo rector del fútbol mundial una investigación “exhaustiva”. “La política debe estar separada del fútbol”, zanjó, recordando que ese es uno de los principios fundamentales del Mundial. Desde Downing Street, el portavoz del primer ministro Keir Starmer respaldó la petición con dardo incluido: “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas definitivamente lo son”. 

Javier Milei, participa en un acto recordatorio del 42° aniversario de la guerra de Las Malvinas.
Javier Milei, participa en un acto recordatorio del 42° aniversario de la guerra de Las Malvinas
EFE/ Juan Ignacio Roncoroni

Milei intenta esquivar un choque diplomático

Los argentinos no se han echado para atrás y lejos de hacer caso a su propio seleccionador, que lleva pidiendo durante días calma a los aficionados argentinos, han defendido su movimiento. Preguntado por la pancarta, el centrocampista Leandro Paredes la defendió apelando a la memoria: “Lamentablemente es una parte triste, triste de nuestra historia. Para todos los que estuvieron en ese episodio de nuestra historia. Y duele. Sabíamos que también jugábamos por ellos”. También el presidente Milei intentó rebajar la tensión y pidió que no se mezclara la política y el fútbol, pero su movimiento ha llamado la atención dentro incluso de sus aliados más fieles, porque horas antes el mismo desde su cancillería alimentó la polémica por otras vías.

Porque la pancarta no es el único frente abierto. El Gobierno argentino presentó el lunes una protesta formal ante Reino Unido por los movimientos del buque de guerra HMS Medway, con base en las islas, al que acusa de haber transitado por mar territorial argentino sin haberlo notificado. La queja existía desde el lunes, pero Buenos Aires esperó a hacerla pública hasta el miércoles, justo después de tumbar a Inglaterra en la semifinal.

Leo Messi celebrando uno de sus goles ante Austria en la segunda jornada de la fase de grupos del Mundial 2026
Leo Messi celebrando uno de sus goles ante Austria en la segunda jornada de la fase de grupos del Mundial 2026
@leomessi

Una rivalidad histórica

El trasfondo es una herida que nunca ha cerrado del todo. Las Malvinas, un archipiélago del Atlántico sur situado a 600 kilómetros de las costas argentinas y bajo control británico desde 1833, fueron escenario en 1982 de una guerra de 74 días que dejó 649 muertos argentinos y 255 británicos. El conflicto lo ganó Reino Unido, pero Argentina lo mantiene vivo en la memoria colectiva y, muy especialmente, en los estadios. La rivalidad futbolística entre ambas selecciones se forjó al calor de esa guerra: el duelo del Azteca en 1986, con la mano de Dios y el gol del siglo de Maradona apenas cuatro años después del conflicto, quedó grabado como la revancha simbólica de todo un país. Los cánticos de la hinchada albiceleste en este Mundial lo confirman: “por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”. La llama sigue aún encendida.

Vista del pesquero Argos Georgia, en el que iban 27 personas a bordo, entre ellos tripulantes gallegos, que se ha hundido de madrugada en las Islas Malvinas
Vista del pesquero Argos Georgia, en el que iban 27 personas a bordo, entre ellos tripulantes gallegos, que se ha hundido de madrugada en las Islas Malvinas.
EFE

¿Qué hará la FIFA?

Ahora la pelota está en el tejado de la FIFA, y los precedentes no juegan a favor de Argentina. Su reglamento prohíbe expresamente a jugadores y miembros de las delegaciones exhibir mensajes políticos antes, durante o después de los partidos, y la Comisión Disciplinaria puede actuar de oficio. Y además, hay más antecedentes: Serbia pagó 20.000 francos en Qatar 2022 por una pancarta sobre Kosovo en su vestuario, y un jugador surcoreano fue sancionado con dos partidos por reivindicar los islotes de Dokdo frente a Japón tras los Juegos de Londres. Hasta el fútbol español conoce el género: Rodri y Morata fueron suspendidos un partido por corear “Gibraltar es español” en la celebración de la Eurocopa de 2024.

La paradoja es que las autoridades habían intentado blindar el partido precisamente contra esto. Considerado un choque de alto riesgo, la seguridad estadounidense y la propia FIFA prohibieron a los aficionados entrar al estadio con banderas o insignias políticas, incluidas las alusivas a las Malvinas. De poco sirvió: el mensaje acabó entrando igual y terminó en el césped, sostenido por los propios jugadores ante las cámaras de medio mundo. En Argentina no preocupa esta sanción. La hinchada cree que mereció la pena: que las Malvinas continúen en manos británicas mientras el relato siga bajo el brazo de Argentina.