La lupa de la Directora

De la caída de Diego Rubio al ascenso del otro Iván en Moncloa

El jefe de Gabinete de Sánchez está en el disparadero por su gestión de la crisis de Ceuta. Tras la marcha de Salazar ya sólo queda junto al presidente su “recadero”

¿Puede la Inteligencia Artificial matarnos antes de 2030? Las últimas deserciones en OpenIA, Anthropic y Google han abierto el debate sobre si la IA actúa de forma beneficiosa para la humanidad o con el fin de acabar con ella.

Si preguntamos a Gemini sobre las funciones del jefe de gabinete del presidente y repasamos cómo ha gestionado el de Pedro Sánchez, Diego Rubio, la crisis de Ceuta queda claro que la IA no es inocente.

Entre los principales cometidos de la mano derecha de Sánchez estaría- según Gemini- “proveer al presidente de análisis, estudios e informes para la toma de decisiones”; “coordinar la agenda diaria del presidente”; “facilitar la comunicación con los distintos ministerios, administraciones y grupos sociales” y “actuar como nexo con la realidad exterior”.

Es evidente que Diego Rubio no siguió ninguna de estas premisas como reconocen los ministros más cercanos a Sánchez. Conocidos los informes que él mismo aconsejó desclasificar, está probado que el CNI alertó de la avalancha a Ceuta en los días previos y él, en el mejor de los casos, no informó a su superior inmediato.

La interlocución con Vivas

Tampoco facilitó la comunicación entre administraciones pese a que como desveló el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, mantuvo una conversación con Diego Rubio el 27 de julio para alertarle de la avalancha incluso hasta ser acusado de “pesado”.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas
Pedro Sánchez y el presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas

Respecto a la función de “actuar como nexo con la realidad exterior” es evidente que el fracaso de Diego Rubio ha sido estrepitoso. La mayoría de la opinión pública y publicada coincide en que Sánchez parece vivir en una “realidad paralela”. Su falta de empatía con los ceutíes y su defensa del derecho a las vacaciones han hecho que al “perro” se le perciba con rabia.

Líder en horas bajas

En el PSOE nadie se explica cómo Sánchez ha sumado errores en esta crisis. El presidente, con fama de crecerse ante la adversidad, ha dado la imagen de un líder en horas bajas y todos se lo atribuyen a Diego Rubio. La carne de jefe de gabinete está en oferta tras la dimisión del hombre de confianza del delegado del Gobierno en Ceuta.

A Diego Rubio se le exige demasiado desde la caída de Paco Salazar. El joven asesor no tiene experiencia política ni de gestión de crisis. Es un académico con “alma de árbitro”, según los que han trabajado años codo con codo con él.

El asalto a Ceuta requiere de decisiones emocionales y de inteligencia política, nada que ver con la prospectiva y la ciencia. Con el presidente fatigado, él debió tomar el mando, pero no lo hizo. “Se fue de vacaciones como él”, reprochan ministros cercanos a Sánchez.

Sin ánimo de exculpar al presidente si algo ha evidenciado esta crisis es que la herida del Gobierno llega a lo más profundo de la Moncloa. Los asesores han fallado en su labor de alerta. Cuando Diego Rubio atendió la llamada de Vivas se convirtió en un jugador político y tendrá que asumir responsabilidades como tal.

Iván, el susurrador

En el Consejo de Ministros hay una mayoría que se siente “desasistida”. Los más críticos acusan a la Secretaría de Estado de “no leer la prensa” y de echar un pulso al gabinete de Presidencia para repartir culpas en lo que califican del “peor momento” del Gobierno Sánchez.

Sólo la ministra de Defensa fue capaz de dimensionar antes, durante y después el desafío de Marruecos. Margarita Robles puso en alerta al Ejército, se echó a las calles cuando visitó Ceuta (Ángel Víctor Torres, pese estar al frente del mando único, pasa sus estancias en la Ciudad Autónoma encerrado en el Parador) y ha sabido medir las consecuencias legales de una dejación de funciones que puede acabar con el también juez, Fernado Grande Marlaska, como imputado en el Tribunal Supremo si prospera la causa abierta en la Audiencia Nacional.

Con Diego Rubio en el alero, el único hombre que queda en el círculo de máxima confianza de Sánchez es Iván, y no Redondo. El susurrador es García Yustos. Entró el primer día con el presidente. Su labor va mucho más allá de la de un asesor. “Se encarga de los temas delicados”, acotan dentro del Palacio. Lo mismo “ejecuta” a un enemigo que hace los “recados”.

Nadie levanta la voz

Empezó en el PSOE de Madrid como Sánchez de la mano de Rafael Simancas, de quien fue jefe de gabinete. Allí, cuentan los socialistas, aprendió lo peor de la política. Hace años se vio salpicado por el escándalo de unas llamadas a teléfonos eróticos desde la terminal de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Móstoles de la que era edil.

Su figura es más propia de “Los Soprano” que, un gabinete, pero cada vez más necesaria dentro de un equipo en descomposición donde nadie levanta la voz a un líder al que sólo le queda decidir cuándo convocar elecciones. Quizás se lo pregunte a la IA.

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