Siempre me han dado un poco de pudor las demostraciones públicas de afecto. Ya saben, eso de decir delante de todo el mundo “eres el amor de mi vida”, o las peticiones de mano en medio de un concierto para salir en todas las pantallas y hacer que el artista tenga que decir algo. Lo que no había visto venir es que Pedro Sánchez iba a hacer del amor un activo electoral de la precampaña del PSOE. El sábado, en Fuenlabrada, acudió al mitin con su mujer, la abrazó, la besó y luego, desde el atril, recordó: “Nos han intentado quebrar de todas las maneras y han logrado justo lo contrario (…). Que lo escuchen alto y fuerte: te quiero”. Y claro, el pabellón se vino abajo.
Sánchez se presentó como el marido que apoya a su mujer de manera incondicional permaneciendo a su lado pase lo que pase. Y claro, eso vende, y a algunos les hace pensar que, como suele decir el líder del PSOE, ella “es inocente” y está siendo perseguida, no por haber cometido supuestamente diversos delitos relacionados con su cátedra en la Complutense, sino por ser la mujer “de un presidente progresista”. A ver, como argumento, es imbatible. Y eso ya, si va acompañado de una camiseta con el lema “la fuerza de la gente”, ya ni te cuento. Que precisamente es a la gente a la que apoya ahora el PSOE, porque el Parlamento le dio la espalda, recuérdenlo.
Siempre que oigo hablar de esto recuerdo un debate en el Congreso en el que Mariano Rajoy le dijo a Pablo Iglesias: “Nadie tiene el patrimonio de la gente”. “Usted no tiene el patrimonio de los buenos sentimientos, ni de la sensibilidad social, ni de la justicia”. Todo, mientras le recordaba que al PP le habían votado 8 millones de personas (y a Podemos 5). ¿Quiénes serán -se preguntaba- “los ricos, los despistados”?
A falta de un Zapatero al que recurrir porque, (por mucho que dijera Sánchez) ya no es un activo electoral, el presidente ha querido elevar a los altares de la decencia a su mujer, anticipándose al veredicto que tendrá que emitir el jurado que juzgará su caso. Ya lo dijo la portavoz del Gobierno, Elma Sáiz: “Hacer justicia es declararla inocente”. Y lo ha hecho presentándola delante de todo el mundo como una víctima más del lawfare que ha venido denunciando toda la legislatura. Será por eso, quizá, por lo que Sánchez tiene ya 130 colaboradores imputados en distintas causas judiciales, pero de esos ya no se habla.
Hablar de Begoña Gómez y del amor incondicional ayudó también al líder socialista a dar carpetazo a uno de los temas más incómodos de este fin de semana: la dimisión de Montse Mínguez como portavoz del PSOE después de las revelaciones sobre los negocios de su pareja desvelados por Artículo14. Negocios legales, por supuesto, tan legales al menos como el de otras inmobiliarias que operan en el mercado ahora mismo. Es lo que tiene la hipocresía, que no aguanta la realidad.
Sánchez ha dejado caer a Mínguez, sobre la que no pesaba sospecha de haber cometido delito alguno, porque era el elemento débil de la manada y porque su continuidad estaba distorsionando la precampaña de los socialistas, así de simple. Y ahora, ya se sabe, a hablar del amor, de la entrega, porque, como cantaban Wet Wet Wet: “Love is all around” (“el amor está en todas partes”), sobre todo en Fuenlabrada.

