Algo va muy mal cuando un humano no protege a un niño. Los horribles casos que aparecen de cuando en cuando en prensa tienen casi siempre una casuística relacionada con la disfuncionalidad familiar, y sin tener a mano más estadística que la que me brinda la memoria, diría que el alcohol y las drogas se cobran más víctimas que la locura. En el caso de la actriz porno Bonnie Blue la motivación es un absoluto misterio para mi. Miro sus ojos y no atisbo nada, ni locura, ni dolor, ni disfrute. No creo que tenga la ocasión de cruzarme con ella. Bonnie Blue ha tenido una hija tras mantener relaciones sexuales sin protección con, dice, 1000 hombres en el lapso de 24 horas. Aunque fueran cien, aunque fueran cincuenta. Una cantidad elevadísima de hombres desconocidos y enmascarados haciendo cola para mantener relaciones con una mujer que ha prescindido de su propia humanidad. Estoy a favor de una vida sexual rica y variada. Estoy completamente a favor de los tríos, las orgías, y cualquier otra modalidad de sexo que se produzca sin coacción, sin intercambio económico, y sin una finalidad que rebase el placer, la diversión o la experimentación. Pero lo de Bonnie Blue no puede ser, y no debería ser. Con un bebé de por medio no. La modalidad de pornografía más depravada es la de embarazadas, y cuando se pasa ese umbral está Bonnie Blue esperando para acostarse con un centenar de cazurros tras una cesárea. En un vídeo reciente, la descerebrada actriz aparece con un bebé que estoy casi segura que es de goma, pero que simbólicamente pone en brazos de uno de los infraseres embozados con los que va a acostarse en nada. También planea grabar un “Golden shower” haciendo una ¿erótica? variante del clásico baby shower que me ahorraré ver.
No tengo ninguna duda de que una actriz de cine para adultos puede ser la mejor de las madres, pero al mismo tiempo creo que determinados perfiles exhibicionistas – y pienso en casos muy concretos que no voy a poner en un artículo – no deberían tener la custodia de ningún ser vivo.

La competición turbocapitalista por el porno más exagerado tiene una interesante historia al igual que la popularización de determinadas prácticas sexuales. El bukkake, el gagging, e incluso esa barbaridad de eyacular en el ojo de una mujer llegan a nosotros a través de escenas popularizadas en webs pornográficas donde, si bien hay algo para todos y cada uno de nosotros (lo que en el foro más grande del mundo, 4chan, se conoce como “Rule 34”), se populariza la novedad. El gagging (provocarle arcadas a una mujer durante la felación) por ejemplo, era algo totalmente residual hace veinte años, pero hoy día es una preferencia entre hombres por debajo de los 35 años e incluso mayores. En el gagging la mujer no disfruta, pero qué más dará. La pornografía, que en tiempos se pagaba bien, tiene unas tarifas ridículas para escenas que requieren más esfuerzo del que se producía hace treinta años. Un conocidísimo productor español ofrecía, en 2005, 600€ por escena. Ahora tengo entendido que la cosa anda por 300€.La mujer se ha empoderado, se abre un Onlyfans donde hay que hablar y chatear con los pajeros [ si no os chana la palabra podéis sustituirla por “clientes”]. El negocio se diversifica, se amplía, acaba convirtiendo a la actriz en esclava del trabajo. Es la variante industrial de la pornografía y la prostitución, tanto junto como por separado. Me encantaría que Erich Fromm estuviera vivo para que le diera una pensada a todo esto: mujeres que, para destacar entre la tremenda competencia, tienen que elevar el sexo a niveles industriales, aumentar la producción y erigirse como máximas representantes de una sexualidad desbocada, insaciable, infinita, donde no existen los matices. Cada una de estas acciones (ya sea la de Bonnie Blue, la de Lily Phillips o la de nuestro productor estrella Torbe) se plantea como un acto publicitario para acercar a más clientes a sus redes sociales. Récords imposibles de batir para las próximas hornadas de mujeres empoderadas a la búsqueda de una vida de lujo y comodidades.
Cada uno se destruye como quiere y como puede: relaciones tóxicas, una adicción, una mentira repetida por las noches, el juego, el alcohol, la droga, un trabajo drenante, una aspiración irreal, una administración irresponsable de las medicinas, una mal llevada obsesión, o un récord grotesco en el campo de la pornografía. Pero, dentro de esa autodestrucción, hay que dejar fuera a los demás, máxime si son niños, y muy en especial si son tuyos. Ojalá la hija de Bonnie Blue crezca lejos de su madre y que tenga una oportunidad para llevar una vida plena con una sexualidad gratificante y, ya puestos, acompañada de un hondo y sincero afecto.

