Opinión

Hacia dónde nos llevan las migas de pan

Violinista en la sede de Ferraz
Un violinista toca una canción frente a la sede del PSOE.
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No hay amanecer sin esperpento bajo este Gobierno tocado y hundido. Todo se va desplomando al ritmo al que lo hacen las ilusiones, un ritmo constante, pero lento. Se empezó la casa por el tejado, y ahora se está levantando el suelo, se resienten los tabiques, se pudren las paredes, se caen los techos. No hay un rincón libre de sospecha, porque no hay espacio que no esté contaminado por una manera anómala de ejercer el poder que se convirtió en costumbre. La corrupción lo ocupa todo, o peor aún, la corrupción llena el vacío de un Ejecutivo sin capacidad de gobernar.

Al final se presentó antes la UCO en Ferraz que los presupuestos generales del Estado. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil acudió ayer a la sede de los socialistas. El registro se enmarca en el caso de la Fontanera Leire, aquella estrambótica señora que pululaba por las plantas nobles de la formación y se dedicaba a amenazar como una mafiosa de medio pelo a jueces y fiscales en las cañerías del poder. También entró la UCO en casa de Santos Cerdán, exsecretario de organización del PSOE, en la de Gaspar Zarrías y en la de Ignacio Pérez-Dolset. Personajes que suenan a temporadas anteriores de una España que ya no sabe hacia dónde mirar. Pestañear significa perderse en estos laberintos de la mugre.

La militante socialista Leire Díez a su llegada a la sede del PSOE en la calle Ferraz de Madrid.
EFE/ Rodrigo Jiménez

El sanchismo se ha convertido en una especie de yincana delictiva. La actualidad es un bucle judicial acaparado por la primera fila de pretorianos de Pedro Sánchez. No hay pan para tanto chorizo, no hay lawfare para tanto sinvergüenza. El presente es un mercadillo de la zafiedad. Tenemos las adjudicaciones irregulares, el cohecho, la malversación. Tenemos la sordidez del feminismo de burdel. Tenemos los maletines, las joyas, las mascarillas. El conchaveo para expoliar dictaduras. Tenemos la mangancia en todas sus expresiones martilleando la cabeza de un pueblo que ya hizo un 15M y que tiene a los hijos políticos de aquel movimiento aupando y sosteniendo las golfadas.

Ya no es que haya un callejón sin salida, es que ese callejón cada vez se hace más estrecho y oscuro. Los hechos aplastan argumentarios cada vez más inconsistentes. El as de la conjura está raído y el conejo de la chistera ya no tiene zanahoria a la que perseguir. Negar lo inexplicable sin coartada, sacar a la palestra manidos hits que al rato son engullidos por el peso de los escándalos. Y mientras, la nada. El regate corto, la huida, el silencio, la ausencia de explicaciones. No existe el largo plazo, no existe ni la estrategia para escurrir con algo de arte el bulto. El ‘y tú más’ no funciona, porque no hay ‘más’ que empate con este festival hediondo, con este catálogo de tramas.

Es la resistencia por la resistencia, con la jodida certidumbre de que cada día que pase saldrá más cara. Alargar el viaje para una carrera que no se puede costear. Los socios tratan de marcar distancias de puntillas, los damnificados de la rosa no quieren hacerse más harakiris con las espinas venenosas. Todo se desintegra, y las líneas rojas están descoloridas de tanto moverse. Sobrevuela una financiación irregular a la que nos conducen las migas de pan. Y sobrevuela el después, el qué será de nosotros tras el naufragio. La cuestión es si habrá escombros con los que reconstruir la catástrofe o si serán todo cenizas. Con las manos chamuscadas no se pueden rescatar los muebles.

Sánchez va a ver al Papa, y piensa en su pecado original. Sus apóstoles eran mercaderes, sus ladrones están ya crucificados. Él ha renegado de todos y seguirá apoltronado hasta que pueda. Quiere llegar de nuevo al verano, y darse el piro, y ponerse la camiseta de la selección. Pero esto no lo borra una estrella. Porque el desplome es imparable, todo va cayendo al ritmo al que caen las ilusiones.

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