Opinión

La España de Luis de la Fuente

Luis de la Fuente - Sociedad
El seleccionador español durante una rueda de prensa.
EFE
Actualizado: h

A mi gran amigo Miguel Ángel Ladero.

El de profeta, para lo bueno y para lo malo, es uno de los oficios más difíciles de este mundo. Cuando Andrés Iniesta hizo que toda España alcanzase el nirvana, yo dije a mis cuatro hijos (faltaba Constanza, mi niña mimada, que nació al año siguiente): “Disfrutad de este momento único. Yo ya no lo volveré a vivir y vosotros puede que tampoco”. Me equivoqué más que las encuestas, pero es que yo no podía imaginar la España de Luis de la Fuente.

Sí, en poco más de tres lustros España ha vuelto a ganar un Mundial y a darnos a los españoles una alegría inmensa. Un campeonato espectacular que ha enlazado, en éxito y grandiosidad, con los maravillosos Juegos Olímpicos de París, ese otro Betanzos. Y en los dos acontecimientos planetarios que, junto a las ruedas de prensa del marido de Melania, paralizan el orbe, el protagonismo de la patria de Seve Ballesteros ha sido absoluto: la antorcha olímpica de Rafa Nadal y la estrella de la España de Luis de la Fuente.

Un Mundial repleto de anécdotas, imágenes y personajes; un Mundial repleto de historias. La historia de Gianni Infantino dejándose el alma y la salud para hacerle más la pelota a Donald Trump que Mark Rutte y consiguiéndolo. La historia de Vozinha, el portero caboverdiano, dejándose el alma y la salud para demostrar que cuarenta años no son nada y consiguiéndolo. La historia de Mariano Rajoy dejándose el alma y la salud para escribir sus crónicas marianas y consiguiendo crear un lío formidable.

MADRID, 20/07/2026.-Los jugadores de la selección española a su paso por la calle Princesa de Madrid durante la celebración tras proclamarse ayer campeones del mundo al derrotar en la final a Argentina. EFE/ Ballesteros
Los jugadores de la selección española a su paso por la calle Princesa, en Madrid.
EFE/ Ballesteros

La desmesura en la respuesta dio, sin embargo, al presidente gallego una salida tras la pifia rajoyesca: que los amigos franceses de Vox llamen racista a Mariano Rajoy es como si Juan Carlos Monedero llamase machista a Cristina Fallarás, un despropósito y un exceso. Y, finalmente, la historia de todas las historias de este mundial, que para los aficionados españoles es la de Keyne, el hermanito de Lamine Yamal, convertido ya con sus celebraciones y carreras en el símbolo de la hinchada de la España de Luis de la Fuente.

Los que se cachondean

La visita del Papa y la victoria ante la Argentina de Messi fueron un paréntesis, un oasis de felicidad y orgullo, entre una España políticamente calcinada y una España que arde por tierra y mar en Almería, Ávila y Ceuta. La magnitud de los fuegos que nos asolan supera con mucho mi humilde capacidad de análisis. Yo no soy, desgraciadamente, una Sarah Santaolalla, un José Manuel García-Margallo o una Cayetana Álvarez de Toledo, que saben de todo. Lo único que yo sé respecto de los incendios terrestres que padecemos es que los fuegos se tienen que apagar, los montes se tienen que limpiar y los bosques se tienen que repoblar en tiempo récord.

Y lo único que sé respecto del incendio marítimo que nos indigna y asombra es que las fronteras españolas se respetan, la ontológica españolidad de Ceuta y Melilla se defiende con uñas y dientes y, lo mismo, la sagrada soberanía nacional española. Si difícil fuera comprender qué Papúa Nueva Guinea se pitorrease de Australia, mucho más difícil es aceptar que Marruecos se chotee de nuestra patria. Pero yo hoy quiero hablar de la España de Luis de la Fuente.

Selección española de fútbol - Deportes
La selección española de fútbol levanta la Copa del Mundo.
@SEFutbol

Un equipo que ha demostrado que el grupo es siempre más fuerte que las individualidades, como el agua es más fuerte que la piedra; un equipo que ha unido (como ya sucedió en Sudáfrica) a toda España tras él. Las audiencias de televisión no engañan y muestran como el seguimiento de los partidos de la selección ha sido masivo en todos los rincones de nuestra querida piel de toro. También en Ripoll, el feudo de Sílvia Orriols, la Santiago Abascal catalana.

De la España invertebrada de Ortega hemos pasado a la España vertebrada por la selección nacional de fútbol. Ya lo decía el soneto de Luis Alberto (inmenso bardo sin silla en la Academia, pero con sillón en el Parnaso) dedicado a Iniesta: “Marcaste el gol del triunfo. ¡Qué trastada / para los holandeses y qué apuesta / de futuro para esta descompuesta / tierra española, tan desvertebrada!”. Una triunfal apuesta de vertebración y futuro; eso es la España de Luis de la Fuente.

Esa gran trainera

Un equipo con veintiséis remeros y un solo timonel: Luis de la Fuente. Un timonel que fue puliendo a la tripulación durante años en las categorías inferiores de la selección y en los campeonatos de Europa que conquistaron. Un timonel riojano que con trabajo, respeto y seriedad ha sacado varias añadas de futbolistas excepcionales: Luis de la Fuente, ese otro marqués de Bradomín “feo, católico y sentimental”. Un español, muy español, con talento y con valores. Otro nombre que añadir a esa pléyade de compatriotas que ocupan los banquillos más cotizados y prestigiosos del mundo. El Toni Nadal de Haro. El hombre que lidera la España de Luis de la Fuente.

Es injusto destacar a ninguno de los remeros de esa gran trainera llamada España, porque todos han bogado de un modo excepcional, pero yo quiero referirme a Dani Olmo, el Benzema de Zagreb. Un futbolista exquisito, un políglota que habla todas las lenguas del fútbol y por eso se asocia, asiste y filtra balones de espaldas a sus compañeros, con la misma generosidad y genialidad que el francés de Lyon al portugués de Madeira. Ese trabajo en equipo, ese dumasiano “uno para todos y todos para uno” es uno de los secretos, otra de las claves de la España de Luis de la Fuente.

En el siglo de Oro del deporte español, España, para disfrute de todos los aficionados, ha hollado casi todas las cumbres del Himalaya y el Karakórum del deporte y seguirá conquistando las que faltan, abriendo las rutas más difíciles y complicadas. Quiero un mundo donde las únicas guerras sean las deportivas; un mundo donde aficiones y equipos se desgañiten cantando los himnos y compitiendo en el césped y la grada. Un mundo donde nadie quiera enfrentarse -antes de la final- con España: una nación con un himno sin letra, pero con dos estrellas en la camiseta. Eso es la España de Luis de la Fuente.

El deporte puede ser una gran escuela de vida. La España actual -una España dividida, enfrentada y cainita- tiene en sus deportistas, en sus futbolistas (somos campeones del mundo en mujeres y hombres) el mejor espejo donde mirarse, el mejor ejemplo del camino a seguir. Tenemos en nuestro deporte un antídoto para nuestro atávico fatalismo, el antídoto a los versos del enorme Jaime Gil de Biedma: “De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal”. La historia de la selección española en el mundial norteamericano es sin duda la más feliz, porque termina bien, muy bien. Esa alegría inmensa es el regalo, el gran regalo a todos los españoles de la España de Luis de la Fuente.

TAGS DE ESTA NOTICIA