Opinión

La vivienda, el “Corazón partío” y el 29-N

Protesta por la vivienda frente al Congreso y en la Puerta del Sol
Protesta por la vivienda frente al Congreso y en la Puerta del Sol
Jorge Herrera
Actualizado: h

A la memoria de Olga Matute.

Mucha gente (y sobre todo muchísimos escritores) cree que los que escribimos tenemos respuesta para todo. Yo, como buen gallego, pienso exactamente lo contrario: que lo único que tenemos los plumillas son dudas, incertidumbres que nos deberían llevar siempre a buscar la pregunta verdadera, la madre de todas las preguntas.

El desahucio de Maricarmen se nos ha ido ya de las manos. La política, una vez más, ha triunfado y lo ha invadido todo. Si defiendes a los pequeños propietarios y el derecho a la propiedad privada eres un miserable rentista y especulador, un buitre y si defiendes a los acampados en Sol eres un perroflauta, un vago y un peligroso sans-culotte. Los amos de España (políticos y mediáticos, de izquierdas y de derechas) una vez más se han salido con la suya y, siendo los grandes responsables del problema, hoy solo sueñan con ser los grandes beneficiarios de la solución. El sufrimiento de Maricarmen, o antes, el dolor, muchísimo más atroz, y la desesperación de Olga Matute y sus hijas, son solo peones que se mueven, y en ocasiones terribles se sacrifican, en la gran partida de ajedrez que es la lucha por el poder en la España de 2026.

Con el tema de la vivienda tengo como el gran Alejandro Sanz, el Bruce Springsteen de Algeciras, el “Corazón partío”. Permítanme mis lectores una digresión: quiero destacar y aplaudir a rabiar la emotiva solidaridad y el gran compromiso del genio que compuso “Amiga mía” con Ceuta y los ceutíes. ¡Qué gran lección para otros grandes artistas e intelectuales españoles que padecen estas semanas una inesperada afonía y amnesia!

Soy un entusiasta admirador de la Revolución Francesa y, por lo tanto, del artículo 17 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que dice que la propiedad es un derecho inviolable y sagrado. Soy también un humilde pecador y creyente que intenta seguir la doctrina social de la Iglesia y las palabras del Santo Padre. En su habitual diálogo con la prensa en el vuelo de vuelta a Roma, tras el histórico viaje a Francia, un periodista español le preguntó al sucesor de Francisco por el desahucio de Maricarmen. León XIV pidió encontrar “soluciones más justas para que no sucedan estos casos”.

Míriam González, en una gran columna en Artículo14, “El problema de la vivienda son ellos”, centra perfectamente la cuestión y pone el dedo en la llaga (necesitamos construir casi un millón de viviendas), en muchas llagas, sobre todo cuando cierra su artículo con este párrafo profético y demoledor: “Cuando una política fracasa durante veinte años bajo gobiernos centrales y autonómicos de colores distintos, el problema no es la política, son los políticos”. Esta columna y otras muchas columnas y papeles Pedro Sánchez las ha leído este fin de semana y le han convencido de anticipar las elecciones generales y, a pesar de todas las encuestas, augurios y vaticinios, salir a ganarlas.

Sánchez sabe que si los españoles de izquierdas votan con la cabeza será barrido por Alberto Núñez Feijóo, que indiscutiblemente sería el mejor gestor y el mejor presidente que puede salir de estas urnas otoñales. Pero también sabe que si la España progresista vota con el corazón, el partido está abierto, muchísimo más abierto. La vivienda no es un yate, como el pan no es caviar. Para millones de españoles la vivienda se ha convertido en algo inalcanzable y utópico y eso le da al líder indiscutible de la sinistra europea la oportunidad de convertirse en el gran defensor de una idea muy sencilla, pero, al mismo tiempo, muy profunda: la vivienda es el pan de la gente. Este va a ser su único mensaje (aunque como resalta con acierto Míriam González él sea uno de los grandes responsables de esta crisis), porque le permite sepultar en las catacumbas de la actualidad política todos los demás temas que le perjudican. Temas que al lado del de la vivienda (salvo la invasión marroquí de Ceuta) son absolutamente secundarios para las familias españolas. La corrupción en España no se penaliza, ni cambia un solo voto de lado y la peinadesca y esperpéntica instrucción judicial que ha sufrido Begoña Gómez creo que, al revés, movilizará miles de votos para el partido socialista, hoy dispuestos a quedarse en casa.

Sánchez tiene no obstante ahora un grave problema que no tuvo en 2023. Feijóo ha crecido, ha mejorado mucho, se ha endurecido y se ha convertido en un adversario político formidable, un rival que ya no comete los incomprensibles errores del pasado. En la anécdota de la gaiteirada de Ana Vázquez fue el único de la bancada popular que no aplaudió. En esos pequeños detalles se ven las hechuras presidenciales. Esta convocatoria anticipada le viene muy mal a Sumar y a Podemos, a pesar del gran acierto que supone la denominación de Frente Amplio que evoca al inolvidable Pepe Mujica, el político más sugerente que la izquierda ha ofrecido en décadas a los votantes de todo el orbe.

El adelanto también le viene mal, muy mal a Vox. Porque Sánchez, para que las izquierdas patrias se movilicen y voten con el corazón, sacrifica que las derechas, que ya estaban movilizadísimas, voten masivamente con la cabeza al Partido Popular, que va a recuperar muchos votos que estaban migrando a Vox. Las cosas al igual que en el Balón de Oro 2026 están claras: Lamine Yamal o Mbappé; Pedro Sánchez o Alberto Núñez Feijóo. El resto, como dijo el Bardo de Avon, es silencio. Hoy me voy a mojar en la votación que primero se producirá cronológicamente. Todos saben que soy de Betanzos, del Deportivo de A Coruña y, subsidiariamente, del Real Madrid. Pues bien el Balón de Oro lo va a ganar Lamine Yamal, el Maradona de Rocafonda, un futbolista que me entusiasma y me recuerda al más grande (un Diego que hoy entusiasma a santos, ángeles y arcángeles gambeteando sin descanso en los Cielos) y que por primera vez en la historia ha conseguido que un futbolista español sea el mejor del mundo. De mi pronóstico electoral, como decían los geniales Tip y Coll: “La semana que viene… hablaremos del Gobierno”.

Quiero terminar con un ruego a todos los partidos políticos españoles, porque a pesar de mi corazón partío hay una cosa que tengo clarísima y creo que compartimos millones de españoles de todas las ideologías y sensibilidades: nunca más se puede desahuciar en nuestra patria a ningún español vulnerable, ¡NUNCA MÁS! Tengo también clarísimo que en la próxima reforma constitucional (cuando sea), además de suprimir la preferencia del varón al trono, hay que blindar el derecho a la vivienda, para que deje de ser un principio rector de la política social y económica y se convierta con plenas garantías en un derecho fundamental de los españoles, como obliga la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Los españoles vamos a votar en una auténtica Noche oscura del alma del derecho a la vivienda, que para muchos compatriotas ha pasado de ser un sueño para convertirse en la peor de las pesadillas. El partido que consiga ilusionar a los españoles con la idea de que con ellos el problema de la vivienda empezará a resolverse tendrá un gran resultado; el líder que consiga convencer a los españoles de que con él los españoles volverán a tener su casa sosegada ganará las elecciones… otra cosa distinta es quién consiga la mayoría parlamentaria para poder gobernar.