Todas las encuestas electorales tienen una parte fungible, que se agota prácticamente según se publican. Una declaración, un pacto o, como es el caso, una convocatoria electoral pueden dejar en estimación mojada todos los análisis que hagamos. Pero tienen también una parte estructural menos caduca, que permite mirar las tendencias y movimientos de fondo. En el momento de escribir estas líneas aún no hay convocatoria electoral. Por eso, convoque o no convoque hoy las elecciones el presidente del Gobierno, conviene fijarse en una de las partes más estructurales de la encuesta de Winston para Artículo 14: las líneas de fractura que hoy se manifiestan dentro del cuerpo electoral socialista.

Primera fractura: España no funciona.
La primera división afecta al relato sobre el rumbo de España. Entre quienes votaron al PSOE en 2023, un 38% considera que el país va en la buena dirección y un 45% cree que va en la mala. Hay más pesimismo que optimismo entre los votantes del partido que preside el Gobierno. Este dato acompaña a los del CIS sobre lo que recibimos a cambio de nuestros impuestos y cotizaciones. Un 55% de los votantes socialistas piensa que la sociedad se beneficia mucho o bastante de lo que pagamos, frente a un 43% que considera que se beneficia poco o nada. En el balance de su propio hogar, un 48% considera que su familia y él reciben de las administraciones menos de lo que pagan.
Que casi la mitad de los votantes socialistas ponga en cuestión el funcionamiento del sistema y la máxima de que el esfuerzo colectivo se transforma en protección y oportunidades es un elemento que puede explicar algunos comportamientos electorales.
Segunda fractura. Orfandad política y crisis de representación.
Casi la mitad de los votantes socialistas, un 49%, considera que ningún partido representa sus intereses. Solo un 40% encuentra alguno que lo haga. Ahora vemos que las acampadas vuelven y que la crisis de representación diagnosticada hace 15 años nunca se fue.
Existe una permanente demanda de renovación: un 50% de los votantes del PSOE cree necesario que entren en el Congreso formaciones diferentes de las actuales, frente a un 32% que no lo considera necesario. Una gran parte del electorado socialista se une a esa mayoría de españoles que considera que sus intereses no están siendo atendidos ni entendidos.
Tercera fractura. Desconfianza en el líder.
La tercera línea de fractura alcanza la confianza en el presidente. La crisis de Ceuta y las semanas de vacaciones de Sánchez en La Mareta, después de que el propio presidente diagnosticara un ataque a la integridad territorial del país, parecen haber alimentado debates conspiranoicos. Entre los votantes del PSOE, la discusión va más allá de si el presidente tiene derecho al descanso: se dividen sobre si está actuando con plena libertad en esta crisis.
A un 41% de los votantes socialistas le parece creíble que la respuesta del presidente a la crisis de Ceuta esté condicionada por una amenaza personal de Marruecos; a un 44% no le parece creíble. Divididos casi por mitades. A pesar de las buenas evaluaciones sobre su liderazgo, que cuatro de cada diez votantes tengan esta sospecha constituye un problema de confianza de primer orden.
Cuarta fractura. Sánchez candidato.
Por último, el electorado socialista se divide al debatir la conveniencia o no de Sánchez como próximo candidato. Solo un 53% de los socialistas quiere que Sánchez vuelva a serlo; un 41% prefiere a otra persona. La discusión sobre su continuidad no existe en los cuadros directivos, quizá tampoco en la militancia, pero sin duda alcanza de lleno a una parte muy amplia de quienes votaron al PSOE.

