El sindiós espídico que ha caracterizado a la XV Legislatura oposita, desde hace un par de meses, a primo tonto y psicótico del Gran Colisionador de Hadrones. Sin cesar se suceden, como en una matrioska esquizofrénica de eclipses polarizantes, los acontecimientos que, dependiendo del pie del que cojee el pitoniso/analista, rematarán al Gobierno zombi o lo convertirán en Lázaro redivivo. El adjetivo histórico acumula más huellas que una comisaría porque, en efecto, colapsan el escaparate mediático invasiones, desahucios y amenazas de muerte a una juez que, presuntamente, provienen del PSOE, un partido sin el que no se entiende la democracia patria y, visto lo visto, sin el que tampoco se comprende su tisis, su ingreso en la UCI, su tufo insoportable a cadaverina.
En 1963, san Bob Dylan avisaba en “The Times They Are a-Changin’” a los errantes, a los escritores y críticos, a los senadores y congresistas, y a las madres y a los padres que había una línea trazada, una maldición echada: “El orden se desvanece rápidamente / y el primero ahora / más tarde será el último / porque los tiempos están cambiando”. El genio de Duluth tardó treinta y siete años en cambiar el gerundio por el participio. En la magnífica “Things Have Changed”, compuesta para la banda sonora de Wonder Boys, concluía que “toda la verdad del mundo se suma a una gran mentira” y, lejos de dirigirse a las masas, optaba por refugiarse en sí mismo: “La gente está loca y los tiempos son extraños, / estoy bien protegido, estoy fuera de alcance, / solía importarme, pero las cosas han cambiado”.
Las elecciones generales del 29 de noviembre se celebrarán exactamente cuatro meses menos un día después de que Marruecos permitiera que más de 70.000 inmigrantes ilegales, tirando por lo bajo, irrumpieran en Ceuta. Este viernes han pasado ya setenta y un días desde la génesis de una crisis que se suponía letal para el Ejecutivo. También han transcurrido dieciséis jornadas desde que se ejecutó el desahucio de Maricarmen Abascal (DEP), con el que Sánchez, durante su octavo año de gobierno –más vale tarde– descubrió, buah, tronco, lo humanísimo que es preocuparse por el cancerígeno problema de la vivienda, y llevó dos decretos de cartón piedra al Congreso, y la Cámara Baja los tumbó, y entonces, voilà!, topóse con una excusa estupenda para convocar elecciones cagando leches y, como bien ha escrito el camarada Vares, salvar los muebles con algunas esquirlas de dignidad –matemática, quiere decirse–. Por otro lado, querido Santi, no seré yo quien certifique, prematuramente, la muerte política del yerno de Sabiniano.
Este miércoles, instantes después de que el Sindicato de Inquilinas informara del deceso de la pobre señora, un coro de alimoches políticos hizo campaña sobre su cadáver; en las redes, algunos nietos de Savonarola se acordaban incluso del 11M y daban por hecho, ebrios de conspiranoia, el triunfo tramposo del macho alfa sociata. Claro, yo leía algunos de estos comentarios mientras escuchaba cómo los manifestantes, en los aledaños del Congreso, amén de ciscarse en Ayuso y en Abascal, clamaban: “Sánchez, rentista, estás en nuestra lista”, y pensaba: “Si el presidente es Victor Frankenstein, igual tiene que hacerle algunos ajustillos a su criatura, no sea que no le sirva o, incluso, que se le revele rebelde”.
Sin embargo, horas después, resurgía con brío un personaje prometedor que, con un espíritu mellizo del de Mercedes Alaya –¿se acuerdan los mayores del lugar?–, amenazaba con contrarrestar la narrativa febril y efectivísima, por basarse en una realidad harto dolorosa, que impulsó/impulsa el Gobierno para recuperar votos. La juez Beatriz Biedma, quien dirigió aquella investigación contra David Sánchez que desembocó en una condena a nueve años de inhabilitación por un delito de prevaricación derivado de las supuestas irregularidades en la contratación de este en 2017 por la Diputación Provincial de Badajoz, contó durante su declaración en la Audiencia Nacional un hecho cutre, terrorífico y gravísimo, más propio de un Estado fallido que de una democracia liberal: unos sicarios –el término es mío– como salidos de la Corporación ACME, porque se hicieron pasar por un hermano y un secretario que la juez jamás tuvo ni tiene, se plantaron en el colegio de sus hijas y preguntaron por las niñas y por los horarios de la juez. Recordemos que, tal y como publicó Artículo14, la cloaca socialista pretendía hacerle a Biedma “daño físico” porque consideraba que “a palos aprende un burro”. Menos mal que Los Rochos se negaron a consumar el encargo del exjuez séptico Luis Sáenz de Tejada, correa de transmisión de la canalla liderada por Leire Latre y Santos Cerdán. Siempre presuntamente, insisto. Faltaría más.
Así, grosso modo, la matrioshka Maricarmen eclipsó a la matrioshka Ceuta, pero la matrioshka Biedma amenaza seriamente con opacar a la matrioshka Maricarmen, y mañana…, Dios dirá. Conviene señalar que este jueves también supimos que la Fiscalía Anticorrupción remitió un escrito al magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, instructor del caso cloacal, en el que se oponía a la imputación del PSOE como persona jurídica por ser prematura, si bien apreciaba indicios de un delito de tráfico de influencias y otro de cohecho en la actuación del principal partido del Gobierno. A ver en qué acaba la cosa. Corren tiempos perros para los augures. “The Times They Are a-Changin’” y la realidad, implacable, no se demora a la hora de reventar profecías. “Things Haven’t Changed… yet”.

