Están preparando la alfombra roja y esperando al buen tiempo, no fuera caso que se les moje con las tormentas. El Parlament de Cataluña, sobre el que se ciernen profusamente antidemocráticos nubarrones desde que recibió a Otegi con todos los honores, celebró los plenos de la vergüenza y es cómplice de propuestas legislativas anticonstitucionales sólo salvadas, formalmente, por la colonización de instituciones realizada por el partido hermano del que es mayoritario en Cataluña, acaba de obsequiar a la “pacificada” ciudadanía catalana con el reclamo de una “resolución referendada” del conflicto que mantiene con España. Viene acompañado, por cierto, de otras tomas de posición que preludian una pujante agitación de la vida política pre-electoral. Así han celebrado el noveno aniversario del surrealista “referéndum” ilegal del 1 de octubre.
Más allá de lo rimbombante y, a la vez, novedoso, cuando no ridículo, del constructo que ahora van a tratar de imponer, llama la atención no sólo el contenido de lo acordado, sino que lo haya sido con los votos del PSC, Junts, ERC, Comuns y CUP (107), votando en contra PP y Vox (26) y absteniéndose Aliança catalana (2). ¡Fantástico, señor Illa! Ha conseguido seguir engañando a sus votantes, a los que prometió que no habría amnistía, que su partido no se apartaría de la senda constitucional y que no sucumbiría a los cantos de sirena del secesionismo. Pensar que lo tuvimos a nuestro lado, subido en el mismo escenario, cuando las grandes manifestaciones del constitucionalismo, en octubre de 2017.
Fíjense a qué ha dado su aprobación el partido, independiente, pero hermano, como suelen insistir Illa y sus mariachis, del de Pedro Sánchez (o primo, en el sentido figurado del término, visto lo visto). Han dado su aprobado a una propuesta de ERC que, bajo el título de Sobre la solución del conflicto político, constata la existencia y la pervivencia de un conflicto político entre el Estado español y Cataluña fruto de la “falta de reconocimiento nacional” de ésta por aquél. Según el texto aprobado, esta falta de reconocimiento nacional, impide dar respuesta a la voluntad de la ciudadanía, que quiere “decidir democrática, pacífica y libremente el futuro político del país”. Estamos, pues, bajo la bota de la opresión española y ello nos impide “decidir”. Ojo: Ya sabemos qué significa “decidir” en la fraseología secesionista.
Nos dicen, además, que existe un amplio consenso en la sociedad (no nos explican cómo lo cuantifican) para que la resolución sea “refrendada” por la ciudadanía de Cataluña. Ya sabemos, también, qué significa esa “refrendada” resolución, simbolizada en el cuadro de la urna de Waterloo bajo el cual presuntos delincuentes han pretendido, y continúan pretendiendo, dictar nuestro futuro. Repiten, hasta la saciedad: “Lo volveremos a hacer”.
Denuncian, la “persistencia de la judicialización del conflicto político entre Cataluña y el Estado”, expresada con la injerencia constante de determinados sectores del poder judicial en el debate democrático, con los procesos judiciales todavía abiertos y pendientes, y con los dirigentes políticos inhabilitados y en el exilio. Así caracterizan el derecho del constitucionalismo a defender, mediante la tutela judicial efectiva reconocida en la Constitución y la Carta de los derechos fundamentales de la UE, los derechos que continúan pretendiendo arrebatarles, situándoles como ciudadanos de segunda y burlando e impidiendo la ejecución, ellos sí, de las decisiones judiciales que, cuando superan las “ensoñaciones”, no hacen más que restituir, tímidamente, los derechos de los ciudadanos reclamantes.
Exigen, la aplicación total e “inmediata” de la amnistía a los condenados (e indultados) así como a los fugados de la justicia, considerando que ello está avalado por el Tribunal Constitucional y el Tribunal de Justicia de la UE. Esa aplicación, dicen, ha de ser “inmediata”, sin respetar los procedimientos que todavía tienen que ser seguidos ante los tribunales españoles para cerrar, en su caso, el círculo de ejecución de esa injusta e irregular amnistía, confundiendo el legítimo derecho a recurrir a los tribunales en tiempo y forma, con obstruccionismo a la labor de la justicia. Y sin mencionar en ningún momento que todavía están pendientes dos cuestiones prejudiciales ante el TJUE, sobre la compatibilidad de la amnistía no en relación con la malversación o el terrorismo tal como están regulados por la UE, sino en relación con la adecuación de la ley de amnistía al art. 2 del Tratado de la Unión Europea cuando establece que el Estado de Derecho es uno de los valores en los que se fundamenta la UE, lo cual es la verdadera cuestión de fondo. Cree el ladrón que todos son de su condición…
Este es el panorama político de la “pacificada” Cataluña. Un trágala secesionista apoyado por quien tendría que defender a ultranza los valores constitucionales. Seguramente todo ello está condicionado por un posible adelanto electoral en España, sabedores de que los resultados que se puedan obtener en Cataluña serán decisivos para la continuidad, o no, del [mal]gobierno imperante. La cortina de humo que personificará, cuando acontezca, el regreso del fugado de Waterloo, será visible desde los cuatro puntos cardinales. Puede que, incluso, los acuerdos que se han venido tomando, y los que se puedan tomar, estén en clave tan electorera como que pueden ser condicionantes para que se consigan “acompasar” los tiempos de la aplicación efectiva de la amnistía (si ello se produce) con las posibilidades de participación del fugado en las elecciones generales que tenemos casi a la vuelta de la esquina. También el golpista condenado e indultado Junqueras, que mantiene la pena de inhabilitación que no fue objeto de indulto, está muy expectante por el devenir que la amnistía puede significar para su futuro político. Por eso les pondrán alfombra roja, como si de los Óscar se tratara, vulnerando la institucionalidad debida a un Parlament que debería representar a toda Cataluña, no sólo a los golpistas y sus actuales amigos.
¡Fantástico panorama! Si a ello unimos la tragicomedia de los frustrados decretos-ley relativos a dar sesgada y engañosa respuesta al problema de la vivienda, que, no lo olvidemos, no se hubieran aplicado en Cataluña por ver si así se aplacaban el resto de “exigencias” de Junts, nos situamos como comparsas del esperpento que vamos a seguir viviendo en aras de soliviantar multitudes que, desde la ignorancia y la buena fe de algunos, pero también con la instrumentalización y perversión de otros, van a acompañarnos durante los próximos tiempos, con independencia, incluso, de los resultados electorales.
El agitprop no nos va a abandonar en esta estrategia de la tensión pergeñada desde los gabinetes monclovitas, convencidos, como están, al igual que sus “primos” catalanes, de que la mentira política puede presidir el ejercicio del poder, sea como sea. Hemos acumulado, en un abrir y cerrar de ojos, el Manual de resistencia con La ética del engaño.

