Opinión

Sánchez, a muerte con Marruecos

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y el rey Mohamed VI de Marruecos. EFE/ Mariscal
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez y el rey Mohamed VI de Marruecos. EFE/ Mariscal
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Vivimos en una España en la que el presidente del Gobierno es el único español que sigue pensando que Marruecos no tuvo nada que ver con el conato de invasión que se produjo hace un mes en Ceuta, cuando 100.000 personas violaron nuestra frontera y establecieron un régimen de anormalidad en la ciudad autónoma. Estado de excepción que llega al presente más inmediato, a escasos días de la vuelta al colegio, con nuestros compatriotas presos del miedo y de la incertidumbre, sin capacidad de volver a una rutina que se les ha hurtado y que no tiene visos de volver pronto.

Decimos que Pedro Sánchez es el único que no ve la mano de la dictadura alauita detrás de esta crisis sin precedentes, pero no es del todo así, esa fantasía bufa también la siguen sosteniendo, para sorpresa de nadie, una pequeña cohorte de kamikazes que se han empeñado en morir junto a él en la colina de la sinrazón. Nos referimos a esos últimos sanchistas como Óscar Puente, Félix Bolaños, Elma Saiz y, sobre todo, Fernando Grande-Marlaska que, frente a todas las evidencias, siguen sosteniendo una teoría que hasta a la izquierda más fervorosa le sabe a choteo.

Los ministros Óscar Puente y Félix Bolaños en el Congreso.
Los ministros Óscar Puente y Félix Bolaños en el Congreso.
EFE

Solo hay que ver como muchos de los grandes prescriptores de la progresía patria ya se han empezado a hacer en voz alta esa pregunta del millón que lleva años resonando por los rincones de nuestra nación: ¿Qué le debe Sánchez a Marruecos? ¿A qué viene esta dantesca servidumbre con una dictadura que desprecia los derechos humanos más elementales, que usa a su gente como carne de cañón? Y esta escisión del consenso de defender y justificar cualquiera de las falsedades majaronas del amado líder con el fin de que no gobiernen los otros, ha llegado tras la sonrojante entrevista del número Uno en la Ser. Una aparición tan bochornosa, plagada de tantas citas surrealistas, que ha conseguido lo impensable: romper el marco de la polarización para dejar paso al consenso de que el presidente del Gobierno se ha instalado en una realidad paralela.

A estas alturas de la película nadie le compra ya a Sánchez esa mercancía fantasiosa de que Marruecos y Mohammed VI no tuvieran nada que ver con el furioso ataque a nuestra integridad territorial. Él intento exculpar a nuestro vecino señalando a los fantasmas que más le conviene agitar: Rusia, Israel y la extrema derecha. No obstante, con su infundada acusación, que pretendía que los más hooligans se lanzasen a morder el hueso fácil, lo único que consiguió fue dejar más claro que vive esclavo de los intereses de quienes nos pretenden desestabilizar. La izquierda sumisa y mediocre que le ha sostenido en el poder, ya le perdonó, tragándose uno de los mayores sapos de su historia, la traición que perpetró contra el pueblo saharaui cambiando nuestra histórica postura sin dar ni una sola explicación. También miró para otro lado cuando decidió que íbamos a compartir el Mundial de Fútbol con esa execrable dictadura. Pero, ante lo grotesco de esta nueva humillación, han decidido que esta vez, aunque sea con la boca chica, no están dispuestos a quemarse a lo bonzo junto al pirómano.

Pedro Sánchez en Hoy por Hoy - Política
Captura de pantalla de la entrevista.
Cadena SER

Sánchez no tiene salida, y sus teorías alocadas tampoco tienen recorrido. Ante esa certeza, lo único que intentó el presidente fue responder a la pregunta de por qué dice que Marruecos no tiene nada que ver con otra pregunta capciosa: ¿Qué gana Marruecos con todo esto? Pues es bien sencillo, y basta con escuchar a sus ministros que, horas después del asalto, ya reivindicaban su legitimidad para quedarse con parte de nuestro territorio. Sin embargo, él seguía sosteniendo que no había pruebas de la participación marroquí. Este martes por la noche conocimos un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional. El documento, remitido a la jueza María Tardón de la Audiencia Nacional, sostiene con todo lujo de detalles que la invasión estuvo orquestada por el reino de Marruecos y que fueron los gendarmes marroquís los que capitanearon la agresión.

La farsa del número uno y sus secuaces queda totalmente desnuda, ya sin apoyos entre sus más fervientes contorsionistas. En la entrevista con Bretos vimos a un presidente perdido, incapaz de edificar ni una argucia con sustancia para que sus partidarios pudieran agarrarse a un bulo ardiendo. Es incapaz de explicar su inacción, está atrapado, acorralado por los hechos, por haber dejado a su suerte al pueblo ceutí mientras seguía de vacaciones en la Mareta. Le pesa el espejo, que le muestra el reflejo de un Vivas que ha estado al pie del cañón y que aún no ha podido conocer a su nieto, nacido hace 15 días. Sánchez no tiene respuestas para nada, todo lo que sale de su boca suena a insulto a la inteligencia. No tiene coartada para nada de lo que está ocurriendo. No puede explicar por qué no actuaron teniendo información de que iba a ocurrir, no puede explicar por qué ha abandonado un mes al pueblo de Ceuta, y no puede explicar por qué le lame las botas a Marruecos. Solo puede intentar enfangar, como hizo tratando de compararse con el Rey, cargando contra la Corona. Pero ni eso le sirvió para desviar el foco. Ahora su deslavazada opinión sincronizada trata de recoger cable por él, intentando traducirlo. Pero todo está muy claro.

Ayer, 24 horas antes de que el presidente tenga que comparecer en el Congreso para dar unas explicaciones que no tiene, todas las calles de España se han llenado de gente mostrando su apoyo al pueblo ceutí. El clamor crece por más que él intente agitar los grandes hits de su manida playlist ultrareaccionaria. Sánchez está tocado y hundido, con la losa de sus mentiras bien atada a los tobillos. La última vez se puso unas gafas y recitó sus no me consta, pero en esta ocasión ni los suyos están por la labor de reírles sus chistes postreros. Su tumba es Marruecos. Y él sigue siendo el único español que los defiende. Parece que pronto, muy pronto, sabremos por qué. No hay salida, presidente, esfuércese con sus triquiñuelas y sus pantomimas. Siga intentando que todo salte por los aires, erosionando la convivencia entre españoles, pero su game over está cada vez más cerca.

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