Crisis migratoria

“Si no les echan ellos, les echaremos nosotros”: crece el hartazgo entre los ceutíes

Ceuta llega a la gran manifestación de este 2 de septiembre con una parte de sus vecinos reclamando la devolución de los migrantes y acusando al Gobierno de haberlos abandonado

A las nueve de la noche, las terrazas de la plaza del Correo están llenas. Las mesas se suceden bajo los toldos, los camareros entran y salen de los establecimientos y grupos de familias cenan al aire libre. En el centro de Ceuta cuesta encontrar a simple vista la ciudad paralizada que describen algunos de quienes se sentarán esta noche en esas mismas terrazas y que, unas horas después, acudirán a la manifestación convocada para este miércoles 2 de septiembre.

Rosa está cenando con su hijo, su nuera y sus dos nietas pequeñas. Habla de una ciudad en la que, asegura, los niños no pueden salir a la calle y las familias tienen miedo. A pocos metros, otros niños corretean por la plaza mientras sus padres terminan de cenar.

“Esto no es inmigración, es una invasión. Llevamos diciéndolo desde hace un mes”, afirma. Sus nietas empiezan ahora el colegio y esa vuelta a las aulas se ha convertido en una de sus principales preocupaciones. “Tenemos que llevarlas al colegio y queremos hacerlo con normalidad. Son niñas pequeñas. Pedro Sánchez no ha sido capaz ni de interrumpir sus vacaciones. Nos ha abandonado el presidente del Gobierno porque no le da la gana solucionar esto”.

La palabra “normalidad” se repite mucho estos días en Ceuta. También aparece en la convocatoria nacional impulsada por la Federación Española de Municipios y Provincias para este 2 de septiembre y respaldada por el PP. En la ciudad autónoma, sin embargo, la protesta será propia: la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos y el Foro Ceuta Siglo XXI han unido sus convocatorias en una única manifestación que partirá a las 19:00 h. de las Murallas Reales y recorrerá el centro hasta la plaza de los Reyes, frente a la Delegación del Gobierno. Sus organizadores han pedido expresamente que sea una movilización “sin siglas y sin violencia”.

El llamamiento llega después de varios días de protestas y de los graves incidentes de la semana pasada, cuando algunos participantes irrumpieron en los asentamientos de la playa de Benítez, destruyeron chabolas y quemaron pertenencias de los migrantes. El sábado, alrededor de 300 personas volvieron a recorrer aproximadamente un kilómetro entre la plaza de África y la Delegación del Gobierno en una marcha pacífica en la que se reclamó el cierre de la frontera y la dimisión del delegado del Gobierno. Este miércoles se espera una afluencia mucho mayor.

“Esto no es racismo, es coraje”

Rosa no duda de que acudirá. “En Ceuta hemos convivido siempre con españoles de religión musulmana. Han nacido aquí, son españoles y nunca hemos tenido ningún problema. Yo he salido y entrado de joven y mis hijos han hecho exactamente lo mismo”, explica. Después establece una frontera muy distinta cuando habla de quienes llegaron desde Marruecos el pasado 30 de julio: “Esto no es racismo, es coraje. Vienen asesorados. Nos han invadido”.

La distinción entre los musulmanes ceutíes y los marroquíes recién llegados aparece repetidamente en las conversaciones. También el rechazo a que las protestas sean calificadas de racistas. “No somos racistas. Con los de aquí no tenemos ningún problema. Son españoles”, insisten Rosa y su familia.

Su enfado aumenta a medida que habla. Considera que los recursos destinados a la emergencia están perjudicando a familias ceutíes que ya tenían dificultades antes de la llegada masiva. “Aquí hay criaturas con tres, cuatro o cinco hijos que van a pedir alimentos y no les dan. Y ahora ven que a ellos se les está dando todo. Si quieres ayudar a alguien, dale una caña de pescar, no le des pescado todos los días. Primero habrá que ayudar también a la gente que está pasando hambre aquí”.

No aporta datos que permitan establecer que las ayudas destinadas a los migrantes hayan dejado sin alimentos a familias ceutíes. Buena parte de la asistencia de emergencia procede además de entidades humanitarias y organizaciones sociales que ya trabajaban previamente con población vulnerable de la ciudad. Pero la idea de una competición por unos recursos escasos ha penetrado en parte del discurso de la calle.

Rosa continúa. Dice que lo ocurrido en 2021 “se queda pequeño” frente a la situación actual y acaba utilizando una palabra todavía más contundente: “Esto es la guerra”. Después llega la frase con la que resume hasta dónde alcanza su indignación: “Si Pedro Sánchez quiere guerra, va a tener guerra. Si no les echan ellos, les echaremos nosotros”.

El miedo a la vuelta al colegio

A unos minutos andando, en la plaza de África, María pasea con sus dos hijas, ambas en edad escolar. También piensa participar en la manifestación. “Nos manifestamos por lo que está pasando en esta ciudad, por nuestra seguridad y por la de nuestras familias”, explica. Espera que las movilizaciones convocadas en otras ciudades españolas sirvan para aumentar la presión sobre el Gobierno. “Estamos viendo muchísimo apoyo desde la Península y lo agradecemos, pero necesitamos mucho más. Sentimos que nos han dejado solos”.

La vuelta al colegio concentra buena parte de su preocupación. Durante agosto se utilizaron instalaciones educativas para atender la emergencia. El Ministerio de Juventud e Infancia solicitó dos colegios públicos, el Reina Sofía y el Príncipe Felipe, ambos en la barriada del Príncipe, para alojar temporalmente a menores migrantes. Uno de ellos acogía ya el 6 de agosto a más de un centenar. Por otro lado, el colegio concertado San Daniel denunció accesos de migrantes a su almacén de Educación Física después de que se forzara una ventana del gimnasio y una puerta de emergencia, y contrató seguridad privada. No puede hablarse, por tanto, de una ocupación generalizada de “los colegios de Ceuta”, aunque varios centros sí se han visto directamente afectados por la emergencia.

“Estamos confusos. No sabemos qué medidas de seguridad habrá en los colegios, qué tenemos que hacer y qué no tenemos que hacer. Nos preocupa la seguridad y también la limpieza de los centros que han sido utilizados”, dice María. Ha llegado a plantearse marcharse a la Península con su familia si la situación se prolonga. “No debería tener que cambiar mi vida por esto”.

Su discurso cambia cuando habla de las personas que duermen en la calle. “Son seres humanos. Tienen que comer y hay que ayudarlos. Me da igual que sean árabes o cristianos. Ayudar hay que ayudar siempre”. Para ella, la responsabilidad está fundamentalmente en la respuesta institucional: “El Gobierno nos ha dejado vendidos. Nos han dejado solos mientras ellos se iban de vacaciones”. Una de sus hijas ha permanecido escuchando la conversación y quiere intervenir. “Vienen porque quieren una vida mejor”, dice la niña. Hace una pausa y añade: “Algunos se la merecen y otros no”.

“Llevamos un mes sin ir a la playa”

Mercedes lleva también una bandera de España. Viene de la concentración con velas celebrada la víspera en la plaza de África y ya tiene preparada la bandera y las pancartas para la manifestación. Este martes, cientos de personas acudieron allí bajo el lema “Ceuta despierta. Ceuta renace” como antesala de la movilización de este miércoles. “Lo que siento es indignación. Esto se había avisado. No vale decir que nadie sabía que podía ocurrir”, afirma.

Mercedes concede que las primeras horas pudieran desbordar a cualquier administración. Lo que no acepta es que la improvisación se haya prolongado durante todo agosto. “Te puede pillar por sorpresa y puedes quedarte en shock uno o dos días. Pero después tienes que reaccionar. Han pasado más de 30 días. Si estas personas ya han entrado, hay que darles una solución, y la solución no puede ser dejarlas en un campamento sin más”.

Su planteamiento pasa por separar situaciones: menores, solicitantes de asilo, personas vulnerables y adultos susceptibles de ser devueltos. Propone incluso utilizar las naves vacías del Tarajal. “Hay que organizarlo. Poner camas, baños, saber quién está ahí y qué situación tiene cada persona. Y después establecer un sistema para devolver a quien corresponda”.

CEUTA, 14/08/2026.- Vista de la playa ‘El Trampolín’ de Ceuta donde se encuentran los migrantes que llegaron a la playa del Tarajal. La entrada masiva de migrantes desde Marruecos a Ceuta, el 30 de julio, ha provocado una tragedia sin precedentes en esta frontera, con más de 70.000 personas que cruzaron a pie o nado al enclave español; 141 muertos, según organizaciones humanitarias, y tensiones entre Madrid y Rabat. EFE/ Reduan
La playa de El Trampolín de Ceuta donde se encuentran los migrantes que llegaron a la playa del Tarajal.
Efe

El Gobierno, de hecho, ha comenzado a habilitar grandes recursos temporales y pretende elevar la capacidad de acogida hasta unas 6.000 plazas. Aun así, este lunes continuaban existiendo familias que recorrían Ceuta buscando un lugar donde dormir y miles de personas seguían en instalaciones provisionales o asentamientos. Mercedes habla entonces de lo que su familia ha dejado de hacer durante agosto. “Llevamos un mes sin ir a la playa. No hemos podido ir a la feria. Por la noche no estamos tranquilos”.

La distancia entre las dos realidades resulta particularmente visible junto al mar. Para muchos ceutíes, Benítez o El Trampolín son playas que sienten que han perdido durante un verano. Para quienes duermen allí, son el lugar donde han conseguido unas cañas, unos cartones y unas mantas con los que pasar la noche. La misma arena representa para unos la interrupción de su vida cotidiana y para otros la ausencia de cualquier alternativa.

Del centro a la periferia

Esa diferencia también es geográfica. Los testimonios recogidos para este reportaje proceden fundamentalmente del centro, escenario de las manifestaciones. Allí la actividad comercial continúa, las terrazas están abiertas y resulta posible caminar durante largos tramos sin encontrarse con grandes concentraciones de migrantes. La presión es mucho más visible en los barrios periféricos y en zonas como El Príncipe, Loma Colmenar, El Tarajal, Los Rosales o las playas del Trampolín y Benítez.

Los propios vecinos de Los Rosales llevan semanas denunciando que son precisamente las barriadas las que han soportado una parte considerable de las consecuencias de la emergencia. Comercios, asociaciones y particulares comenzaron proporcionando agua, comida, duchas o enchufes cuando todavía no existía una respuesta suficiente.

En El Príncipe y otras zonas periféricas se habilitaron además instalaciones para mujeres y menores. Mientras en el centro se reclama recuperar la playa o volver a pasear por la noche, este lunes todavía había mujeres con niños dando vueltas por Ceuta para encontrar dónde dormir. Algunas familias migrantes permanecen en el polígono del Tarajal y en otros asentamientos a la espera de conocer si serán trasladadas, podrán solicitar protección o tendrán que regresar a Marruecos. La frustración de unos y la precariedad de otros ocupan así la misma ciudad sin encontrarse necesariamente en los mismos lugares.

“Tenemos un grupo para andar y hemos dejado de salir”

En la calle Real, María del Rosario Giménez cuenta otra renuncia cotidiana. Tiene un grupo de amigas con el que solía salir a caminar. “Ya no estamos saliendo porque tenemos miedo”, explica. Su solución a la crisis es tajante: “Devolverlos a todos. Tendrían que haberlos devuelto desde el primer momento”.

Varias personas durante otra manifestación este jueves en Ceuta.
Varias personas durante otra manifestación este jueves en Ceuta.
Marcos Moreno - Europa Press

La legislación española, sin embargo, impide una devolución indiscriminada. Cada situación debe ser estudiada individualmente y existen obligaciones específicas respecto a menores, solicitantes de protección internacional y personas en situación de especial vulnerabilidad. Eso no ha impedido que la devolución general se haya convertido en una de las reclamaciones más repetidas durante las últimas protestas.

Rocío, una madrileña residente en Ceuta, llegó a tomar la decisión que María, la madre de la plaza de África, todavía se plantea. Se marchó a Madrid después de permanecer encerrada en casa durante los primeros días. “Me fui por muchos motivos, pero principalmente porque he sentido mucho miedo”, explica.

El miedo aparece en casi todas las conversaciones. A veces procede de un episodio concreto. Otras, de algo que alguien ha contado, de mensajes que circulan por WhatsApp o de la presencia extraordinaria de miles de desconocidos en una ciudad de apenas 85.000 habitantes. En ese clima, separar hechos comprobados, rumores y percepciones se ha vuelto especialmente difícil.

“Estoy harta”

Ana es profesora en el García Lorca. Está con su hijo Daniel y habla sin demasiados rodeos mientras ondean sus banderas de España. “Estoy harta. Se tienen que ir todos por donde han venido”. Su colegio está próximo a Loma Colmenar, una de las zonas donde se han habilitado recursos para migrantes, y reconoce que afronta con inquietud el regreso a las aulas. Como otras familias y docentes, espera saber cómo evolucionará la situación durante los primeros días del curso.

Esa preocupación por el colegio, las playas, los paseos nocturnos o la limpieza dibuja buena parte del estado de ánimo que desembocará esta tarde en las Murallas Reales. Es un malestar cotidiano y comprensible en una ciudad que recibió en apenas unas horas una entrada de población de dimensiones extraordinarias. Pero durante este mes se ha mezclado también con discursos que presentan a decenas de miles de personas como un bloque homogéneo, atribuyen colectivamente comportamientos delictivos o reclaman expulsiones sin distinguir entre adultos, menores y personas con derecho a protección.

CEUTA, 20/08/2026.- Migrantes aguardan en la explanada de 'Loma Colmenar' para poder acceder al nuevo centro provincial instalado en Ceuta este jueves. El Gobierno ha habilitado temporalmente varios espacios para la acogida de 1.800 personas migrantes que se encuentran en situación de calle en la playa del Trampolín y en la zona de Loma Colmenar, en Ceuta, que prevé ampliar progresivamente. EFE/Reduan
Migrantes aguardan en la explanada de ‘Loma Colmenar’ para poder acceder al nuevo centro provincial instalado en Ceuta este jueves.
EFE/Reduan

Los convocantes de la marcha conocen el riesgo. Después de que las protestas de la semana pasada terminaran con chabolas destruidas y pertenencias de migrantes ardiendo en Benítez, la Federación de Vecinos y Foro Ceuta Siglo XXI han insistido en desvincular la manifestación de partidos y grupos violentos y han pedido una movilización estrictamente pacífica.

Ceuta llegará así a las siete de esta tarde con dos imágenes difíciles de reconciliar. En las Murallas Reales comenzarán a reunirse vecinos que llevan un mes diciendo que quieren recuperar su ciudad. A pocos kilómetros, en El Tarajal, Loma Colmenar o El Trampolín, continuarán miles de personas que tampoco saben todavía dónde estarán dentro de una semana.

Rosa estará entre los primeros. Sus dos nietas seguirán yendo a su colegio concertado, donde reconoce que no se ha producido ningún problema. Aun así, está convencida de que la ciudad en la que han crecido ha cambiado. “Nosotros no tenemos por qué quedarnos encerrados en nuestras casas”, repite. En la plaza del Correo, mientras lo dice, la cena continúa.

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