El PP y el PSOE miran al caso Maricarmen desde lugares muy distintos. En la dirección popular y entre sus barones anticipan que los socialistas querrán llevarlo a la campaña y ven “mezquina” esa posibilidad. En Ferraz esquivan la pregunta con el pretexto de que ahora no hay espacio para otra cosa que el duelo y la respuesta política al problema de la vivienda. ¿Cuánto puede pesar la indignación cuando llegue el momento de votar?
Las fuentes consultadas por Artículo 14 en el PP resumen así su pronóstico sobre el relato socialista: “Dirán que Maricarmen es una de las suyas”. Sin embargo, no creen que el caso provoque una movilización de la izquierda tan intensa como para transformar por sí solo el escenario electoral. Admiten que puede mover voto dentro de ese espacio, pero dudan de que su efecto alcance al conjunto de la sociedad. En ese cálculo introducen la condición de propietarios de parte de los votantes socialistas. “Atacan a una parte de sus propios votantes propietarios”, dicen.
Desde el cuartel general socialista, las fuentes consultadas se limitan a insistir en su “respeto y dolor por su fallecimiento” y por la “causa social que representa”. Toca “honrarla”, dicen, al tiempo que vinculan ese duelo a la obligación de actuar. Defiende seguir poniendo en marcha “medidas que eviten que un fondo buitre eche de su casa a una persona vulnerable”.
Qué dicen las redes sociales
Ninguna de las dos posiciones resuelve qué harán los votantes. Maricarmen Abascal murió el 7 de octubre, a los 87 años, después de que su desahucio del 23 de septiembre desencadenara una oleada de protestas por la vivienda. El rechazo del Congreso a dos decretos precedió a la convocatoria de elecciones anticipadas para el 29 de noviembre. Su caso ya forma parte de la explicación del final de la legislatura. Saber si alterará el resultado de las urnas exige un análisis distinto.

La investigadora Mariluz Congosto, especialista en análisis de redes sociales y visualización de datos, ha estudiado la conversación sobre el desahucio en X. Su trabajo recoge 11.985 tuits originales publicados entre el 21 y el 28 de septiembre, con más de 340.000 retuits. Retrata una reacción anterior al fallecimiento y a la conmoción posterior, pero es representativa de lo que ocurre en estos momentos en las redes.
Su hallazgo más revelador es que la vulnerabilidad de Maricarmen está por encima de cualquier división ideológica. La edad, la fragilidad y la imagen de la camilla aparecen en proporciones similares en casi todas las comunidades analizadas, incluida la conservadora. El acuerdo se rompe al señalar quién debía haberlo evitado.
Reparto de responsabilidades
El bloque progresista concentra su atención en la empresa propietaria y la especulación, con diferencias internas. Los afines al PSOE apuntan especialmente a Ayuso y Almeida; los próximos a Podemos incorporan críticas a la actuación policial y a la inacción del Gobierno. El bloque conservador dirige el reproche hacia Sánchez y el Ejecutivo central, y concede más espacio a la legalidad del procedimiento y a la instrumentalización política.
Ese mapa ayuda a comprender las posiciones recogidas ahora por Artículo 14, aunque no confirma sus previsiones. La acusación de uso electoral que plantea el PP ya aparece en la conversación conservadora analizada. Pero la dimensión humana la encuentra en ambos bloques. Que la compasión sea transversal no significa que lo sea el apoyo a una medida concreta o a quienes la proponen.
“La polarización está creciendo”, advierte Congosto. También destaca la ausencia de medios en una posición intermedia en esta red de retuits, algo que señala como novedoso en sus observaciones. Cada bloque comparte las cabeceras de su entorno. Cuando le preguntamos por el impacto de los mensajes incendiarios, la investigadora distingue entre públicos. “Al votante radicalizado le sirven para afianzar posiciones; sobre el indeciso pueden producir efectos diversos. Pero en X no están todos los segmentos sociales igualmente representados”, recuerda. A ello se añade un activismo que distorsiona la percepción del conjunto.
¿Por qué recurren los políticos a esos mensajes? “Buscan visibilidad. El algoritmo favorece los mensajes que causan polémicas y generalmente generan muchos comentarios”. En su opinión, las respuestas, favorables o contrarias, pesan más que la difusión, habitualmente asociada a la adhesión. Pero conseguir atención no acredita capacidad para convencer.
Tampoco el predominio progresista en la conversación garantiza una ventaja para el PSOE. Ese bloque produce el 51 % de los tuits originales de la muestra, frente al 14 % del conservador, pero reúne sensibilidades distintas y críticas que también alcanzan al Ejecutivo. Al mismo tiempo, que un eventual movimiento de voto se concentre dentro de la izquierda no significa que sea irrelevante: podría cambiar la participación o el reparto de apoyos entre sus partidos.
El precedente del 11-M
Los atentados contra los trenes de Cercanías de Madrid se produjeron tres días antes de las elecciones del 14 de marzo de 2004, que ganó el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero. La comparación sirve para examinar mecanismos electorales, sin equiparar hechos de naturaleza y dimensión tan diferentes. Incluso sobre aquel episodio existen conclusiones distintas. José García Montalvo comparó el voto de residentes en España con el de electores en el extranjero que habían votado antes de los atentados. Su investigación de 2011 encontró un efecto capaz de alterar quién ganaba, aunque no podía separar el impacto de los ataques del de la gestión informativa posterior del Gobierno.
José Ramón Montero e Ignacio Lago, utilizando encuestas postelectorales, apreciaron un efecto significativo, pero no decisivo en el sentido de un vuelco. Destacaron la movilización de abstencionistas y las transferencias de votantes de Izquierda Unida al PSOE.
El Prestige aporta otro ejemplo. En los estudios reunidos en un volumen editado por Ricardo García Mira, la exigencia de dimisiones tras el desastre variaba según el voto previo: alcanzaba al 76,1 % de los votantes socialistas y al 37,4 % de los populares. La conmoción no borraba las afinidades con las que se juzgaba la respuesta política.
En el PP subrayan que queda mucho tiempo de campaña y creen que algunos electores pueden decidir su voto incluso en el último momento. La diferencia temporal con 2004 es evidente. Entonces transcurrieron tres días entre los atentados y las urnas; ahora quedan semanas para evaluar medidas, explicaciones y conductas.
Para conocer el impacto de la muerte de Maricarmen harán falta encuestas comparables y un seguimiento de las mismas personas antes y después. De momento, el PP anticipa un intento de movilización que considera limitado. Congosto lo que constata es que muchos ciudadanos comparten la conmoción, pero discrepan sobre quién debe responder. A quienes no saben cómo pagarán el próximo alquiler todavía tendrán que explicarles qué van a hacer.

