La ciencia ha asumido durante muchos años que las conclusiones obtenidas con organismos masculinos podían aplicarse también a los femeninos. Una simplificación que ahora una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo ha convertido en asunto de portada. El número de Science de octubre de 2026 marca un momento significativo en el reconocimiento de esta deuda histórica.
Bajo el título A Lifelong Focus on Women’s Health (Una mirada a la salud de las mujeres durante toda la vida), la publicación reúne investigaciones que muestran cuánto se desconoce todavía sobre la biología femenina. No se trata únicamente de corregir una desigualdad estadística. Los estudios sugieren que algunas enfermedades siguen mecanismos distintos según el sexo y que ignorar esas diferencias puede afectar a la eficacia y seguridad de los tratamientos.

El monográfico, preparado por un equipo editorial femenino, parte de un hecho innegable. La salud de las mujeres se redujo durante mucho tiempo prácticamente a la salud reproductiva. El interés científico se concentraba en la menstruación, el embarazo, el parto o la fertilidad. El corazón, el cerebro, el sistema inmunitario y los procesos de envejecimiento se estudiaban a partir de modelos masculinos.
Durante buena parte del siglo XX, las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en numerosos ensayos clínicos. La posibilidad de un embarazo y las fluctuaciones hormonales se utilizaban como argumentos para restringir su participación, al considerar que introducían variables que complicaban los resultados. Se pretendía obtener una investigación más homogénea, pero se estaba sacrificando una parte fundamental de la realidad biológica.
En Estados Unidos, no fue hasta 1993 cuando una ley obligó a los Institutos Nacionales de Salud a garantizar la inclusión de mujeres en la investigación clínica financiada con fondos públicos. Y hasta 2016 no entró en vigor una política que exigía considerar el sexo como variable biológica en el diseño de numerosos estudios, incluidos los realizados con animales de laboratorio.
El dolor femenino, una asignatura pendiente
Uno de los aspectos más reveladores del especial de Science se refiere al dolor crónico. Las mujeres presentan una mayor prevalencia de numerosas enfermedades dolorosas, como la fibromialgia, la migraña, la endometriosis o el síndrome del intestino irritable. Sin embargo, la medicina ha sido incapaz de explicar suficientemente esa diferencia.
La investigación encabezada por Archana Venkataraman, Élora Midavaine y Holly Ingraham muestra que las hormonas sexuales, las células inmunitarias, la comunicación entre estas y las neuronas y la microbiota intestinal pueden intervenir de manera diferenciada en la aparición y persistencia del dolor.

Las nuevas investigaciones están identificando mecanismos biológicos que ayudan a comprender por qué determinadas enfermedades afectan más a las mujeres. Esto no significa que todo el dolor femenino tenga una causa hormonal ni que todas las mujeres lo experimenten de idéntica manera. Supone reconocer que existen procesos específicos que deben estudiarse para desarrollar tratamientos más precisos.
Numerosas pacientes con dolor persistente han visto a lo largo del tiempo cómo sus síntomas se atribuían al estrés, la ansiedad o una supuesta hipersensibilidad. La endometriosis es uno de los ejemplos más conocidos. En España, la propia guía del Ministerio de Sanidad reconoce que pueden transcurrir más de diez años entre los primeros síntomas y el diagnóstico definitivo.
La menopausia, más que el final de la fertilidad
El monográfico dedica especial atención a la menopausia, una etapa que, a pesar de cubrir varias décadas de la vida de una mujer, se ha interpretado simplemente como la pérdida de la capacidad reproductiva, dejando de lado sus amplias implicaciones biológicas. Los cambios hormonales pueden influir en la salud cardiovascular, la densidad ósea, el metabolismo, el sueño y determinados procesos cognitivos. Sin embargo, aún se desconocen algunas de las consecuencias a largo plazo y las diferencias individuales.
Uno de los trabajos propone replantear la terapia hormonal desde una perspectiva personalizada. No todas las mujeres necesitan el mismo tratamiento ni presentan idénticos riesgos. La edad, los antecedentes médicos, el tiempo transcurrido desde la menopausia y el tipo de terapia condicionan sus posibles beneficios y efectos adversos.

Otra de las cuestiones abordadas es el destino de los ovarios cuando termina su función reproductiva. Después de dar por hecho que se convertían prácticamente en órganos inactivos, existen por fin indicios de que pueden mantener actividad biológica después de la menopausia. Los investigadores Michael Stout y Francesca Duncan subrayan que todavía queda por determinar qué funciones conservan y cómo pueden influir en la salud durante el envejecimiento.
El corazón femenino también necesita otra mirada
Las consecuencias de este desequilibrio científico resultan relevantes en cardiología. El hecho de que el conocimiento sobre la enfermedad coronaria procediese de estudios con predominio masculino ha contribuido a que determinadas manifestaciones y factores de riesgo específicos de las mujeres recibieran menos atención.
Aunque el dolor torácico sigue siendo uno de los principales síntomas del infarto en ambos sexos, las mujeres pueden presentar también náuseas, dificultad respiratoria, cansancio intenso o molestias en la espalda y la mandíbula. Reconocer todas estas manifestaciones resulta esencial para evitar retrasos diagnósticos.
En España, la Sociedad Española de Cardiología impulsó en 2025 el primer consenso nacional multidisciplinar sobre prevención cardiovascular femenina. El documento incorpora factores de riesgo tradicionalmente menos considerados, como determinadas complicaciones del embarazo y los cambios asociados a la menopausia.
Los fármacos no funcionan igual
El problema no reside únicamente en cómo se manifiesta una enfermedad, sino en cómo se investiga, se reconoce y se trata. Las diferencias entre sexos pueden tener consecuencias farmacológicas. En 2013, la Agencia estadounidense del Medicamento (FDA) exigió reducir la dosis inicial recomendada de determinados medicamentos con zolpidem, utilizados contra el insomnio, para las mujeres. Los estudios habían demostrado que eliminaban el principio activo más lentamente, por lo que podían mantener concentraciones elevadas en sangre a la mañana siguiente, aumentando el riesgo de alteraciones de la atención y la conducción.
Otros trabajos del número especial examinan la influencia de los cromosomas X e Y en el envejecimiento y enfermedades neurológicas, inmunitarias y metabólicas. También revisan el papel activo del sistema inmunitario en las transformaciones que experimenta el organismo materno durante el embarazo.
El panorama comienza a cambiar. Actualmente, las mujeres representan aproximadamente la mitad de los participantes en las investigaciones clínicas financiadas por los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses. Sin embargo, persisten desigualdades en determinadas áreas, particularmente en la investigación básica y preclínica, donde todavía se utilizan con frecuencia modelos animales y celulares masculinos.
La portada de Science tiene un valor que va más allá del reconocimiento de un error histórico al plantear una transformación de la propia concepción de la medicina. En lugar de mirar atrás para calcular cuánto conocimiento se ha perdido, invita a preguntarse cuántas enfermedades podrían diagnosticarse y tratarse mejor a medida que se salde esa deuda científica.

