Salud femenina

Del infarto a la menopausia, la medicina todavía mide a las mujeres con cuerpo de hombre

Tantos años de investigación basada en el organismo masculino han dejado huella en el diagnóstico y el tratamiento. El último ejemplo, un informe en España sobre nutrición durante la menopausia

Una mujer puede sufrir un infarto y no responder exactamente al patrón que aprendieron los médicos. Puede acudir a Urgencias con dolor y tener menos probabilidades de recibir un analgésico que un hombre. Puede tomar un medicamento cuya dosis tuvo que ser revisada años después porque se descubrió que las mujeres lo eliminaban más lentamente. Y puede llegar a la menopausia y encontrarse con recomendaciones nutricionales calculadas a partir de estudios realizados exclusivamente en varones.

No pertenece al pasado. Está ocurriendo en España en 2026 y así lo confirma un informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) dedicado a los riesgos nutricionales de las mujeres durante la menopausia, perimenopausia y posmenopausia. El documento debía responder a qué necesita nutricionalmente el organismo femenino durante una etapa marcada por importantes cambios hormonales y metabólicos.

El problema es que para algunas respuestas no se había estudiado a esas mujeres. Varias investigadoras de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT) denuncian que algunos de los valores utilizados en el documento, entre ellos los relativos al hierro y la vitamina C, proceden de estudios realizados exclusivamente en hombres o de datos correspondientes a la población adulta general, no específicamente a mujeres menopáusicas.

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La primera en advertirlo fue Sonia de Pascual-Teresa Fernández, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición del CSIC y miembro de AMIT. Mientras trabajaba en un proyecto relacionado con la vitamina C, revisó la tabla 4 del informe y decidió acudir a las fuentes originales utilizadas por AESAN: documentos de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Encontró algo que en el documento español no quedaba suficientemente claro. La propia EFSA advertía expresamente de que para determinados nutrientes no existían datos obtenidos en mujeres y que los valores femeninos habían tenido que estimarse matemáticamente a partir de estudios realizados en varones, teniendo en cuenta factores como el peso corporal. Además, algunas recomendaciones correspondían a adultos en general y no específicamente a mujeres mayores de 40 años.
Tras las críticas, AESAN ha reconocido que parte de la evidencia disponible es limitada y no específica de mujeres y ha anunciado la incorporación de una nota aclaratoria al informe.

El hombre como medida

Durante buena parte de la historia de la investigación biomédica, el cuerpo masculino se ha usado como organismo estándar. Las mujeres estuvieron infrarrepresentadas en numerosos ensayos clínicos por diferentes razones: el temor a posibles daños durante un embarazo, las variaciones hormonales o la comodidad metodológica de estudiar una población considerada más homogénea.
Como las fluctuaciones hormonales femeninas introducían variables, buena parte de los investigadores prescindieron de ellas. Después, los resultados obtenidos en hombres se extrapolaban a las mujeres.

La medicina ha ido corrigiendo esta situación, pero sus consecuencias todavía siguen presentes. La FDA estadounidense publicó nuevas recomendaciones a finales de 2025 para aumentar la participación femenina en los estudios clínicos y mejorar el análisis de los resultados según el sexo.

El caso del corazón

La imagen popular del infarto fue durante mucho tiempo masculina. Un hombre se lleva la mano al pecho ante un dolor intenso que puede extenderse hacia el brazo. Ese cuadro existe también en las mujeres. De hecho, el dolor o malestar torácico es el síntoma más frecuente del infarto en ambos sexos. Pero ellas presentan con mayor frecuencia determinados síntomas acompañantes, como náuseas, dificultad para respirar, dolor de espalda, cuello o mandíbula y cansancio extremo. Es importante porque aquello que un médico o un paciente puede considerar normal condiciona la velocidad con la que se reconoce una emergencia.

Un ensayo ha puesto en entredicho la validez de un tratamiento clásico tras el infarto
Kiloycuarto

La American Heart Association ha advertido de que las mujeres jóvenes han sufrido históricamente más diagnósticos erróneos de infarto y recuerda que buena parte del conocimiento cardiovascular se realizó alrededor de pacientes masculinos.

El sesgo no afecta únicamente al diagnóstico. Durante años, millones de personas utilizaron zolpidem, un medicamento contra el insomnio, con pautas similares. Hasta que se comprobó que las mujeres eliminaban el fármaco del organismo más lentamente. A la mañana siguiente podían conservar concentraciones más elevadas del medicamento en sangre, suficientes en algunos casos para reducir el nivel de alerta necesario para conducir o realizar otras actividades.

La FDA terminó modificando las recomendaciones. En determinadas formulaciones de liberación inmediata, la dosis inicial aconsejada para las mujeres se redujo de 10 a 5 miligramos; en las de liberación prolongada pasó de 12,5 a 6,25 miligramos. Un ejemplo de por qué una mujer no es simplemente un hombre de menor tamaño.

Sesgo en el dolor

Hay situaciones en las que ni siquiera existe una analítica capaz de demostrar lo que siente el paciente. El dolor es una de ellas.
Una investigación publicada en 2024 por la Sociedad Española del Dolor analizó datos correspondientes a 21.851 pacientes atendidos en Urgencias y encontró diferencias llamativas en el tratamiento. Incluso teniendo en cuenta la intensidad del dolor declarado y otras variables, las mujeres presentaban menor probabilidad de recibir medicación analgésica. En una de las muestras estudiadas, recibió analgésicos el 38% de las mujeres frente al 47% de los hombres. Además, el dolor femenino tenía menos opciones de quedar registrado y las pacientes permanecían, de media, alrededor de 30 minutos más en Urgencias.

La menopausia devuelve el problema a la actualidad. No estamos hablando de un estudio médico de hace cincuenta años, sino de un documento oficial publicado en 2026 sobre una circunstancia que únicamente experimentan las mujeres. El informe coincide con el anuncio por parte del Gobierno, el pasado mes de junio, de un programa dotado con 18 millones de euros destinado a combatir la infrainvestigación histórica de la salud femenina y mejorar el diagnóstico y tratamiento de problemas que no han recibido suficiente atención.

 

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