El colapso emocional que padece, tras ocho años de Gobierno, el Ejecutivo que preside Pedro Sánchez por el desahucio de Maricarmen le impide a sus miembros no ya conmoverse, sino reaccionar una mijilla cuando los diputados de la oposición invocan a la última menor –una inmigrante de diecisiete años– violada en Ceuta. Bien saben los ministros que la humanidad, como cualquier recurso, es escasa por definición, y habiendo el viernes una votación de dos decretos como diseñados por Gandhi, para qué desperdiciar esfuerzos en otras cuestiones harto menores –desde el punto de vista electoral, claro–.
Alucina uno con Carlos Cuerpo. El tipo me parece un verdadero crack, un disco duro con patas que recita de carrerilla letanías de datos, llegando, en no pocas ocasiones, al segundo o tercer decimal. Ahora bien, según dio a entender en la sesión de control de este miércoles, tiene menos corazón que una carabela portuguesa (Physalia physalis). Me pregunto si el ministro de Economía, Comercio y Empresa vino al mundo en Badajoz o es un producto de Skynet: cuando Ester Muñoz invocó a la menor violada por dos marroquíes en la zona del Trampolín, a la que los agentes de la UIP encontraron este sábado “semiinconsciente”, en muy mal estado, “compatible con la ingesta de algún tipo de sustancia inhibidora”, con cortes en la pierna y en la cara y que, además, sufría una hemorragia en los genitales, el vicepresidente primero se escudó en la “responsabilidad compartida que tiene directamente el Ayuntamiento para que deje de haber menores en las calles”. “Eso a Vivas, pregúntele”, le faltó añadir, a la manera del doctor que firma libros escritos por Irene Lozano.
La portavoz del PP le recordó a Cuerpo que “hoy, hace dos meses, comenzó la invasión en Ceuta” y le afeó el “silencio” del Ejecutivo, incluyendo el de la ministra de Igualdad, ante la menor violada el sábado. Cuerpo, sin inmutarse, como un cíborg, contestó que el Gobierno apoya “al tejido productivo” y a “los hogares” y que trabaja para que la normalidad vuelva “lo antes posible”. Muñoz, alucinando pepinillos, pero también disfrutona: “No sé si tiene cintura política para salirse de lo que le escriben o es tan frío y tan insensible como aparenta”. “Quieren cambiar de pantalla, pero no se lo vamos a permitir”, añadió. Y el vicepresidente, a su bola, criticó los “mensajes falsos, mensajes de la ultraderecha”, apostó por “avanzar” y señaló, como ya se ha indicado, al Ayuntamiento.
Elías Bendodo, también a Cuerpo: “Usted es vicepresidente de este barco en llamas. ¿No ve la corrupción que le rodea?”. Mencionó a los narcos de Badajoz contratados por la cloaca sociata para amedrentar a la jueza Biedma, que, al ritmo que transcurren los acontecimientos, son personajes como del Imperio asirio. “¿No cree –preguntó el vicesecretario de Coordinación Autonómica y Local pepero– que debería asumir alguna responsabilidad y dar alguna explicación?”. El ministro de Economía, mirando a los dos decretos de vivienda: “El viernes se vota, señor Bendodo. ¿Qué van a votar ustedes?”. “Suavón”, le dijo el diputado popular. “Faltón”, respondió el socialista, antes de cantar las virtudes de sus nuevas criaturas: protección y alivio de inquilinos, ampliación de la oferta, ayudas a la compra, etcétera.
José Vicente Marí: “¿Va a rectificar su política económica?”. Cuerpo: decreto Maricarmen. El cinegético Figaredo defendió que la invasión migratoria alimenta la inflación, o algo así. El vicepresidente: España va bien y las CCAA son lacayos de Pazuzu. Belarra, portavoz extraoficial del Sindicato de Inquilinas y valida del marqués de Galapagar (Federico), dio a entender que votarán en contra de los dos decretos este viernes, porque están en contra del troceo. El ministro, impasible: “Contamos con ustedes”. Miriam (X e Instagram) / Mirian (webs del Congreso y del PP) Guardiola, a Yolanda Díaz, reencarnación femenina de André Breton: “Cuando llama a manifestarse contra el Gobierno de España, ¿es consciente de que forma parte del Gobierno de España?”. La vicepresidenta menguante la atacó con el gas pimienta de Ana Vázquez, que puso “en riesgo la vida de nuestros trabajadores y trabajadoras”. Los ujieres no iban con máscaras de Darth Vader. Todavía.
El show de Bolaños –no sería mala idea dar paso al ministro trinitario con algún tipo de cabecera musicalizada– tuvo algo como de pressing catch: las tollinas dialécticas fueron tan contundentes como artificiales. Tellado intentó en vano rascar algo con Los Rochos: “¿Por qué negociaba usted con la Fiscalía beneficios para esa red de narcotraficantes? ¿Seguía órdenes de Santos Cerdán o de Pedro Sánchez?”. El titular de las carteras de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, más listo que un zorro, le reprochó que se riera mientras Belarra preguntaba sobre Maricarmen: “Usted con sus cosas y sus insinuaciones, y nosotros, con lo que importa”. Y ventilado. Hasta luego, Maricarmen –perdón, estaba a huevo–. Cayetana Álvarez de Toledo, con razón: “No ha contestado: ¿está implicado en el acoso de una juez o sólo quiere saltar del barco?”. La portavoz adjunta del PP llamó a Yolanda Díaz Evita Prêt-à-porter y afirmó que toda la política de vivienda del Ejecutivo “cabe en una línea: el Gobierno le puso un piso a una puta en Plaza de España”. Hala, venga. El socialista, gozando: “¿Con quién está usted: con los especuladores desalmados o con la gente que necesita casa? Escuche, escuche: ¡toda la cámara sabiendo que usted está con los especuladores sin alma! ¡Gracias!”. Pepa Millán: “Callan cuando la Policía tiene que ir a reanimar a una menor violada en la playa del Trampolín”. Y Bolaños calló.
Justo después, el pepero Carazo hurgó en el “cacao” de Isabel Rodríguez con los decretos Maricarmen, y la ministra de Vivienda, pomposa, como la Libertad de Delacroix pasada por Antonio López: “El mismo cacao tengo habitualmente en el orden de mis papeles que claridad en mis convicciones”. Menos mal que no le dio por la cirugía. Sánchez, entretanto, presidía la “reunión preparatoria” del encuentro con Macron. Hay que estar a lo importante, oyes.

