Natalia Palomares, la española que dejó Derecho para bailar junto a Shakira y Rosalía

La valenciana empezó a formarse a los 18 años y hoy es la única europea del cuerpo de baile de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, después de trabajar con Rosalía, Karol G, Nathy Peluso, Dua Lipa y algunas de las mayores estrellas de la música latina

Natalia Palomares, la española que dejó Derecho para bailar junto a Shakira
Natalia Palomares, la española que dejó Derecho para bailar junto a Shakira
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Natalia Palomares ocupa el lado izquierdo del escenario cuando Shakira canta la sesión que grabó con Bizarrap. En el momento de “pa tipos como tú”, avanza, señala hacia el público y se concede unos segundos de libertad dentro de una coreografía ensayada hasta el último movimiento. A veces elige a una niña de las primeras filas; otras, su gesto termina convertido en uno de los vídeos que circulan por las redes después de cada concierto. La cantante continúa en el centro, pero la energía de la bailarina valenciana ha conseguido atraer una atención poco habitual para quienes trabajan alrededor de una estrella.

A sus 33 años, Natalia Palomares Pascual es la única española y la única europea del equipo de baile de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour. La residencia de Shakira en Madrid la ha devuelto ahora a España después de meses recorriendo estadios, hoteles y aeropuertos. Su presencia en el espectáculo resume una trayectoria construida lejos de los caminos habituales de la danza profesional. Empezó tarde, cuando muchas bailarinas de su generación ya acumulaban más de una década de clases, y durante varios años creyó que su futuro estaría en un despacho.

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Palomares creció en el Cabanyal-Canyamelar, el histórico barrio marítimo de Valencia. Era, según se ha definido, una niña “muy estudiosa, muy empollona”. Al terminar el instituto eligió Derecho en la Universitat de València y compaginó las clases y los exámenes con una formación cada vez más exigente en danza. Había empezado a bailar a los 18 años, una edad casi tardía dentro de una profesión que requiere técnica, fuerza y disciplina física. A los veinte ya entrenaba durante varias horas al día y se formaba en danza urbana, contemporánea y otras técnicas en la escuela EDAE Sergio Alcover.

La decisión definitiva llegó cuando cursaba cuarto de Derecho. Mientras estudiaba, escuchó Pretty Hurts, la canción de Beyoncé sobre el coste de perseguir una perfección impuesta. “Fue como si Dios me tocara la cabeza”, ha contado. Abandonó una carrera estable para entrar en un sector incierto, competitivo y marcado por contratos breves. Su familia recibió el cambio con preocupación. Hoy sus padres acuden a los estadios para verla bailar ante decenas de miles de personas.

Antes de incorporarse al universo de Shakira, Palomares ya había trabajado con una parte importante del nuevo pop español y latino. Ha bailado o creado coreografías para Rosalía, Nathy Peluso, Karol G, Anitta, Tini, Danna Paola, Lali Espósito, Luis Fonsi, J Balvin y Dua Lipa. Su nombre aparece ligado a algunos movimientos que millones de personas han imitado frente al teléfono sin conocer a su autora. Ella creó la coreografía de Chicken Teriyaki, de Rosalía, y participó en la de TQG, la colaboración de Shakira y Karol G. También intervino en la difusión del baile de la sesión de Shakira con Bizarrap.

Con Rosalía trabajó antes de que la cantante alcanzara su actual dimensión internacional. Formó parte de la etapa de El mal querer, apareció en proyectos como Aute Cuture y terminó bailando con ella en Coachella. Palomares ha recordado aquella experiencia como una de las más importantes de su vida. Su carrera avanzaba en dos direcciones: como intérprete capaz de adaptarse a lenguajes escénicos muy distintos y como coreógrafa que traduce una canción en movimientos reconocibles.

El vínculo con Shakira comenzó en 2019, durante el espectáculo de apertura de la Copa Davis celebrado en Madrid. Palomares formaba parte de un grupo de treinta bailarinas. La oportunidad tenía un significado personal: había crecido escuchando a la colombiana y bailando sus canciones en el comedor de casa. Un año después fue seleccionada, junto a otra bailarina, para acompañarla en Girl Like Me, el videoclip de la colaboración con Black Eyed Peas. Aquella aparición abrió una relación profesional que se ha mantenido durante años. Shakira y Maite Marcos, su coreógrafa habitual, la eligieron después para incorporarse a la gira.

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Las Mujeres Ya No Lloran World Tour ha situado a Palomares ante el público más amplio de su carrera. También la ha obligado a sostener un nivel físico difícil de percibir desde las gradas. Cada concierto exige ofrecer la misma intensidad con independencia del cansancio, los viajes o el estado anímico. El equipo realiza una prueba de sonido y un ensayo antes de cada función, ajusta detalles e incorpora cambios durante la propia gira. Después llegan la recuperación, el cuidado del cuerpo y el esfuerzo por dormir y alimentarse bien antes de volver a empezar.

La bailarina ha hablado abiertamente de la dimensión mental del trabajo. La gira proporciona acompañamiento psicológico a sus integrantes y les permite solicitar sesiones con profesionales. Palomares considera este recurso “increíble y muy necesario”. Para conservar el equilibrio también escribe un diario, medita, lee, recorre las ciudades en las que actúa y mantiene el contacto con su familia y su pareja. La espectacularidad del escenario convive con una rutina de ausencia: vivir durante meses lejos de casa, enlazar países y aprender a encontrar una familia provisional dentro del equipo.

Su creciente visibilidad ha mostrado además la facilidad con la que las redes convierten a dos mujeres que trabajan juntas en rivales. Durante la primera etapa de la gira se difundió el rumor de que Shakira estaba molesta porque su bailarina intentaba eclipsarla. Algunas publicaciones aseguraron incluso que había sido despedida. Palomares respondió que mantenía las mismas posiciones dentro del espectáculo y continuó apareciendo junto a la artista. La historia inventada decía menos sobre su relación profesional que sobre una cultura empeñada en interpretar el brillo de una mujer como una amenaza para otra.

La exposición también ha dado a conocer su carácter fuera del escenario. Palomares ha contestado públicamente a comentarios racistas y homófobos y ha mostrado con naturalidad su relación con la creadora de contenido Andrea Legaspi. Su contundencia le ha granjeado apoyos y críticas, pero impide reducirla a la figura silenciosa que acompaña a una cantante famosa. Tiene opiniones, proyectos propios y una comunidad digital que ya supera ampliamente el círculo habitual de la danza profesional.

En 2026 añadió otro hito a su recorrido al actuar con Shakira en la final del Mundial de fútbol. Para una familia aficionada a este deporte, aquella actuación unió dos mundos que parecían muy alejados cuando Natalia estudiaba Derecho en Valencia. Ella ha descrito la presión de presentarse ante una de las audiencias más grandes del planeta y los nervios añadidos por la presencia de España en la final.

Palomares interpreta la gira como un relato de transformación femenina. Le interesa la forma en que Shakira ha convertido una experiencia dolorosa en una fuente de energía artística y en un espectáculo compartido con mujeres de distintas generaciones. Desde el escenario observa a madres, hijas y niñas cantar juntas. Para ella, esa respuesta concede una dimensión más profunda a un trabajo que puede parecer puramente físico.

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