“Relájate y ya verás cómo llega”. Pocas frases irritan tanto a una mujer que lleva meses o incluso años intentando quedarse embarazada. Detrás de ese consejo, pronunciado casi siempre con buena intención, se esconde la idea de que la ansiedad o la preocupación pueden ser las responsables de que el embarazo no llegue.
La ingeniera de Telecomunicaciones y divulgadora Patricia Bartolomé ha tomado como punto de partida esa expresión para bautizar su nuevo programa de 21 días, “Si te relajas, te quedas”, dirigido a mujeres que afrontan la búsqueda del embarazo con elevados niveles de estrés. Antes de nada, nos aclara que su propuesta no consiste en presentar la relajación como una solución milagrosa.
“Relajarse por sí solo -dice- no provoca un embarazo, pero cada vez sabemos mejor que reducir un estado prolongado de estrés favorece un entorno biológico más adecuado para la función reproductiva. No es lo mismo decir que una mujer no se queda embarazada porque está nerviosa que preguntarse si el estrés crónico puede influir, junto con otros factores, en determinados procesos hormonales o inmunológicos relacionados con la fertilidad”.

La infertilidad afecta aproximadamente a una de cada seis personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Sus causas son múltiples: edad, reserva ovárica, calidad seminal, alteraciones hormonales, endometriosis, factores genéticos o enfermedades, entre otras. El estrés no figura como una causa demostrada de infertilidad, aunque sí existe consenso en que el propio diagnóstico genera una enorme carga emocional.
Qué evidencia existe
El programa de tres semanas de Bartolomé se apoya, entre otros trabajos, en las investigaciones de la psicóloga Alice Domar en la Escuela de Medicina de Harvard. Uno de sus estudios más conocidos, publicado en el año 2000 en la revista Fertility and Sterility, observó que las mujeres con problemas de fertilidad que participaron en programas de apoyo psicológico y terapia cognitivo-conductual alcanzaron tasas de embarazo cercanas al 55 %, frente al 20 % registrado entre quienes no recibieron esas intervenciones.
En 2011, otro ensayo dirigido por Domar estudió a 143 mujeres menores de 41 años que iban a comenzar su primer ciclo de fecundación in vitro. Las pacientes fueron asignadas aleatoriamente a un programa grupal de cuerpo y mente o a la atención habitual. Aquellas que participaron suficientemente en el programa antes del tratamiento consiguieron una tasa de embarazo superior a la del grupo de control, aproximadamente un 52% frente a un 20 %.

Este trabajo debe interpretarse con cautela. La muestra era limitada, las tasas dependieron de la asistencia efectiva a las sesiones y el estudio se realizó en un centro privado vinculado académicamente. Además, fue financiado por una división de Johnson & Johnson, circunstancia declarada por los autores que no invalida el resultado, pero forma parte de la información necesaria para valorarlo.
Los resultados no son uniformes y los propios investigadores insistieron en que no demostraban que la relajación, por sí sola, provocara el embarazo. Es difícil separar el efecto psicológico del tratamiento médico, la continuidad asistencial, el apoyo recibido o las diferencias entre las pacientes. Sin embargo, los trabajos despertaron un gran interés.
En sus sesiones, Bartolomé ofrece estrategias para afrontar el proceso, cambios conductuales y acompañamiento emocional. “Son elementos que van mucho más allá de unas técnicas de respiración o meditación. Hay investigaciones muy recientes que apuntan en la misma dirección: reducir la ansiedad mejora el bienestar psicológico y los resultados reproductivos”.
Un programa de 21 días
Durante las tres semanas del taller, las participantes practican ejercicios de respiración consciente, relajación muscular, meditación, regulación emocional, movimiento y visualizaciones guiadas. “El objetivo es ayudar a disminuir la ansiedad, mejorar el descanso y recuperar una mayor sensación de control durante un proceso especialmente exigente”.

Insiste en que estas herramientas no pretenden sustituir el diagnóstico médico ni los tratamientos de reproducción asistida, sino acompañarlos desde el plano emocional. “El organismo dispone de un campo o flujo de energía cuya alteración influye en el bienestar físico, emocional o mental. Si la energía deja de fluir correctamente, se sitúa en zonas concretas del cuerpo, pudiendo llegar a desarrollar enfermedades. Se trata de eliminar esos bloqueos para lograr un equilibrio mental y físico”.
Una experiencia personal
El origen de su método está estrechamente ligado a su propia historia. Bartolomé explica que, con 23 años, sufrió una depresión que apareció de forma repentina y sin una causa aparente. Aquella experiencia la llevó a interesarse por la relación entre las emociones y el cuerpo y, posteriormente, por la llamada fertilidad integrativa. “Empecé a encontrar recursos desde la ingeniería después de una depresión profunda que llegó de la noche a la mañana. Aquello me llevó a estudiar cómo el estrés y las emociones pueden influir en el organismo”, relata. Más adelante sufrió cuatro abortos consecutivos antes de conseguir que su quinto embarazo llegara a término. “Mi hijo tiene hoy nueve años. Además, he acompañado a muchas mujeres durante este proceso y ver nacer a esos niños es enormemente satisfactorio”, asegura.
Relajarse no cura la infertilidad. Tampoco el estrés cotidiano impide por sí mismo la concepción. De hecho, convertirlo en la explicación principal de la infertilidad puede hacer que las mujeres se sientan responsables de un problema cuya causa puede ser más compleja. “No es lo mismo afirmar que una mujer no se queda embarazada porque está nerviosa que preguntarse si el estrés crónico puede influir, junto con otros muchos factores, en determinados procesos hormonales, inmunológicos y conductuales relacionados con la fertilidad”.

