¿Sabían que un maltratador puede utilizar el coche como un arma de control y miedo? Acelerar hasta que ella tema no salir viva de allí. Dar volantazos. Amenazar con estrellarse. Conducir sin cinturón o sin los sistemas de seguridad de los niños. Impedirle bajar. Dejarla tirada en mitad de una carretera. Lo que desde fuera puede parecer una imprudencia al volante es, para muchas mujeres, otra forma de violencia machista.
Los expertos alertan de que ocurre más de lo que se ve. El pediatra social Antonio Gancedo lleva años recogiendo relatos de mujeres que describen a sus parejas conduciendo de forma temeraria con ellas y con sus hijos dentro, saltándose normas, insultándolas o echándolas del vehículo. “Todas estas cosas ocurren; no me lo estoy inventando”, advierte.
El problema es que casi nunca se leen como parte de un patrón. Un exceso de velocidad queda registrado como una multa. Una maniobra peligrosa, como una infracción. Y un accidente, como un accidente. Por eso Gancedo reclama cruzar los datos de la DGT con las denuncias, las sentencias y los procedimientos por violencia de género: no para convertir una sanción de tráfico en prueba automática de maltrato, sino para detectar señales que, aisladas, pasan desapercibidas.

117 kilómetros por hora
Porque el coche puede ser una jaula con ruedas. Él controla la velocidad, el rumbo y la puerta. Ella no puede escapar. Y, sin conocer cómo opera la violencia de género, un acelerón puede parecer una imprudencia. Para una mujer atrapada en el asiento del copiloto puede ser una amenaza de muerte.
El caso de Ana Buza obliga ahora a mirar esa violencia de frente. La madrugada del 7 de septiembre de 2019, la joven viajaba con su entonces pareja por la A-4, después de una discusión. El coche circulaba a 117 kilómetros por hora en un tramo limitado a 80. Ana fue hallada junto a la autovía.
Durante el juicio, la defensa sostuvo que Ana se arrojó voluntariamente del vehículo. Su familia defendió que ella se bajó tras la discusión y que él la atropelló. La Fiscalía pidió inicialmente tres años de prisión por homicidio imprudente por el exceso de velocidad, aunque en sus conclusiones finales planteó también la absolución como alternativa.
Este lunes, el jurado ha declarado no culpable al acusado por siete votos frente a dos. Sus integrantes han descartado que atropellara a Ana y han dado por válida la tesis de que la salida del vehículo fue voluntaria. La magistrada ha anticipado su absolución.
El caso de Leticia Talavera
Algo parecido ocurrió en el juicio por el asesinato de Leticia Talavera, enfermera de 37 años y madre de tres hijas. Su marido, el capitán del Ejército Antonio Pastor, la estranguló en noviembre de 2023 delante de una de las niñas, de tres años. No se discutía quién la había matado: el jurado consideró probado que él lo hizo con intención de acabar con su vida.
La discusión estuvo en el porqué. Leticia llevaba más de un año intentando separarse. Había pedido una reducción de jornada, hablaba con una psicóloga y había contado a una amiga que vivía una “auténtica pesadilla”: insultos, humillaciones y miedo. Su hija pequeña había llegado a preguntarle: “Es porque papá te dice cosas feas, ¿verdad?”.
Pero cinco de los nueve miembros del jurado aceptaron la tesis de los peritos de la defensa: que Antonio Pastor sufrió un episodio disociativo en el contexto de un trastorno explosivo intermitente. También rechazaron considerar probado que la asesinara porque ella quería divorciarse. El veredicto abrió la puerta a una eximente incompleta por alteración psíquica y la condena quedó en once años y medio, muy lejos de los 27 años que pedían las acusaciones.

Es decir, el jurado entendió que él la estranguló, pero no que el asesinato fuera el desenlace de la violencia que Leticia estaba tratando de abandonar. Y es ahí donde empieza el debate que plantean las expertas.
Una violencia que hay que saber leer
Altamira Gonzalo, jurista especializada en violencia de género y exvicepresidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, no plantea eliminar el jurado popular. Pero advierte de que sus integrantes no llegan a la sala al margen de la sociedad y de que la involución que percibe ante la violencia machista puede trasladarse a las deliberaciones.
“En otro tipo de delitos puedes tener cultura jurídica o no, pero no tienes prejuicios. En este tipo de delitos hay muchos prejuicios y muchos estereotipos”, explica. Para Gonzalo, en el caso de Leticia se impuso una lectura benevolente con el agresor: se aceptó la eximente incompleta y también la atenuante de confesión. “Esta es una sentencia de comprensión”, resume. “Todo lo que se va analizando se va resolviendo a favor del acusado”.
La consecuencia, sostiene, es que Leticia desapareció del relato judicial. Su miedo, los insultos, las humillaciones, la separación que preparaba y el riesgo que esa decisión podía provocar quedaron desplazados por el análisis de la salud mental y las explicaciones de quien la asesinó. “He notado la ausencia de la mujer en casi toda la sentencia. No ha estado defendida en ese pleito, no ha estado presente”.
No basta, por tanto, con saber qué es un homicidio, una imprudencia o una eximente. “En materia de violencia de género no basta con conocer la norma, hay que comprender el fenómeno, saber identificar los riesgos”, ha advertido Marga Cerro, presidenta de la Comisión de Igualdad de la Abogacía Española.
Eso exige saber que la ruptura es uno de los momentos de mayor peligro; que los celos no son amor; que el control no siempre deja un parte de lesiones; y que un coche conducido a 117 kilómetros por hora durante una discusión puede no ser solo un coche a 117 kilómetros por hora. Puede ser, también, una amenaza.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

