“No quiero hablar con nadie”. Antonio Buza está agotado, desolado y lleno de rabia. La justicia que tanto clamó para su hija no ha llegado: el jurado ha declarado no culpable al que él logró sentar en el banquillo tras siete años de un proceso durísimo, elaborado en pleno duelo. Todo lo peleó y costeó la familia de la joven. De no ser por su empeño, el juicio que estas dos semanas se ha celebrado en la Audiencia de Sevilla contra Rafael Vicario no habría tenido lugar. Pero ahora sienten que de un plumazo les han borrado todo ese esfuerzo realizado y los han devuelto de golpe a la casilla de salida. A la del suicidio. A la única tesis que han defendido este tiempo los investigadores de la Guardia Civil y los forenses de IML de Sevilla, desde las 36 horas de la muerte de Ana, el 7 de septiembre de 2019.
Este martes, los padres de la joven no han querido estar presentes en la sala durante la lectura del veredicto. Apenas 24 horas después de entregarles el objeto de de veredicto, seis mujeres y tres hombres ya tenían clara la deliberación que ha leído la portavoz sin poder ocultar cierto nerviosismo en la voz. “No culpable”, por mayoría de siete. Al peor de sus pronósticos, el que los Buza temían escuchar, le han sucedido los suspiros y el llanto desconsolado del único acusado. Ni siquiera esta vez ha habido unanimidad sobre si se le escaparon las lágrimas, que nadie recuerda en el tanatorio ante el cuerpo sin vida de Ana, como tampoco se vieron durante su declaración de hace una semana.
“Ya ha pasado todo”, le repetían entre abrazos los Vicario visiblemente aliviados. “La verdad solo trae un camino”, le ha susurrado su madre, quien también declaró como testigo al igual que el padre del único implicado en los hechos. Aunque la sospecha del posible encubrimiento y participación en los hechos ha sobrevolado a ambos a lo largo de la causa. Pese a todo lo demostrado en siete años, los Buza han sentido que les ataban las manos en numerosas ocasiones. Ya fuera para apuntalar su hipótesis de la violencia de género, aportando correos electrónicos de la pareja o peritajes de sus teléfonos móviles, como para señalar abiertamente a terceros implicados.

La justicia delimitó los márgenes del caso. Como permitió que la fiscal de violencia de género que en instrucción no veía viable la acusación contra Rafael Vicario representase al Ministerio Público en el juicio oral, siendo su posición clave hasta el último momento. María Isabel Novoa, fiscal de VioGén desde hace dieciséis años como ella misma recordó al jurado popular en la primera sesión, nunca creyó la hipótesis de la familia de que Ana había sido atropellada de forma intencionada por su ex. Pero en un intento de ejercer la labor de acusación que le corresponde optó por plantear una alternativa, la del homicidio imprudente por provocar un accidente al volante. De ahí que en la declaración de Rafael –que solo respondió a preguntas de la fiscal y su abogado– le interrogase por si había sufrido una distracción al volante o si en algún momento se desabrochó el cinturón de seguridad. Pero cuando este entró en contradicciones con lo anteriormente declarado, a la fiscal le valió el comodín de que “estaba en shock”.
La fiscal de Viogén que creyó al acusado de matar a su ex
El interrogatorio de Novoa no pasó desapercibido. De entrada, llamó la atención que se dirigiese a él por su nombre de pila, o que no emplease un tono inquisitivo. Tampoco recogió los supuestos apuntados por la acusación particular a lo largo del juicio, como si en lugar de declarar el último día lo hubiera hecho el primero y no se hubieran planteado ante el jurado numerosas cuestiones sobre las que el acusado podría haber respondido. Pero no se le interrogó sobre ellas o la fiscal aceptó sin más las vaguedades atribuidas al paso del tiempo o al estado de nervios en que él se encontraba.
“De los informes de los catedráticos ni se habla, de la manipulación post mortem del teléfono móvil de mi hija tampoco, ni del borrado que hizo. Por no hablar de que la tesis oficial no cumple las leyes de Newton”. La mente matemática de Antonio Buza no concibe ni el veredicto del jurado ni el posicionamiento de la fiscal. Pero de esta última habla de un movimiento calculado. Está convencido de que está ejecutando una estrategia de la Fiscalía de Sevilla destinada a tapar los errores policiales y forenses cometidos en el caso, que ha revelado a lo largo de todo el proceso con la asistencia de reputados expertos en ingeniería aeroespacial, física, aerodinámica y elaboración de peritajes forenses como tecnológicos. Los mismos que el primer día desacreditó Novoa recordando que eran peritos “de parte” y que el jurado ni siquiera ha mencionado en su veredicto, como si los únicos que hubiesen presentado pruebas fehacientes fueran los agentes de la Guardia Civil y los forenses que lo cerraron como suicidio.
¿Qué pasos les queda por dar tras siete años de lucha judicial?
Antonio está derrotado. A día de hoy, no tiene claro cuál será el siguiente paso. Si recurrirán la decisión del jurado o no. La decepción con el veredicto ha sido mayúscula. Esperaban haber sembrado la semilla de alguna duda razonable, como para que al menos tardaran más en descartar la tesis del atropello intencionado e incluso llegaran a darla por creíble, como lo entendieron los magistrados que decidieron abrir juicio oral pese a la oposición de la fiscal Novoa. Entonces, durante la instrucción, ocupaba la plaza del juzgado número 2 de Violencia de Género de Sevilla a la que volverá ahora de nuevo.
“A Ana, una vez más, la justicia la ha dejado sola”, se lamentan desde su entorno. La plataforma Justicia para Ana acusa directamente a la fiscalía de este situación. No solo porque María Isabel Novoa pidiese in extremis la absolución para Rafael Vicario sino porque lo hizo asumiendo que “lo que ocurrió exactamente en el vehículo no podemos saberlo”. Y aun así, pese a no tener claro el porqué, solicitó que lo absolvieran. “La fiscalía manipuló el relato, apelando a la conciencia del jurado y advirtiendo de las consecuencias de condenar a quien consideraba inocente”, acusan desde la plataforma constituida por amigas de la joven y colectivos feministas de Carmona, su ciudad natal. Allí no dan la lucha por perdida. Confían en que, como ocurrió con la Manada de Pamplona, se produzca el necesario “yo sí te creo” que vire el transcurso de los acontecimientos. Mientras, Rafael Vicario esperará a que la sentencia sea firme. A sus 32 años, ha abandonado la Audiencia de Sevilla con mascarilla, de la mano de su novia actual y entre los abrazos de los suyos. Mientras los de Ana Buza, muerta a los 19 años, la seguirán llorando sin consuelo.
Si algo de lo que has leído te ha removido o sospechas que alguien de tu entorno puede estar en una relación de violencia puedes llamar al 016, el teléfono que atiende a las víctimas de todas las violencias machistas. Es gratuito, accesible para personas con discapacidad auditiva o de habla y atiende en 53 idiomas. No deja rastro en la factura, pero debes borrar la llamada del terminal telefónico. También puedes ponerte en contacto a través del correo 016-online@igualdad.gob.es o por WhatsApp en el número 600 000 016. No estás sola.

