Cine

Bosadías: recomendaciones culturales para no salir indemnes

¿Te atreverías a hacerte 'un Agneta', te has sentido una "mujer alterada" o irías a una guerra cámara en mano? Si dudas qué responder, sigue leyendo

Una película, la primera que recomiendo en Bosadías: Je m’appelle Agneta, que me ha sacado carcajadas, lágrimas y me ha entretenido visualmente como si llevara el sello de calidad de las buenas comedias francesas. Salvo porque esta es sueca. La protagonista, que responde por Agneta, como era de prever, es una mujer en la cincuentena que acaba de perder su trabajo, con dos hijos fuera del nido y un matrimonio mustio en el que se ve abocada incluso a ocultar su pasión por Francia, comiendo fromage a escondidas.

Es una mujer atrapada en su conformidad hasta que, por un giro del destino, acaba en la Provenza francesa encargada de cuidar de quien creía sería un menor, pero nada más lejos de la realidad. Nada será como esperaba en lo que se convertirá el despertar de una Agneta que se nos descubre así ante el espejo: “Hola lorcita, hola bracito, mi queridísima tripita…”. No penséis que con cursilería ni buenismo. Es un “porque yo lo valgo”, en toda regla. En Netflix.

Un libro. Todas las mujeres alteradas, de Maitena, la viñetista argentina que aquí también tuvo sus años de gloria. Se dio a conocer desde las páginas de El País, donde su estela la sigue Flavita Banana. Aunque a día de hoy, lo más parecido a las viñetas de los 90-2000 de Maitena lo tengamos en los vídeos tiktokeros de parejas versionando la clásica guerra de sexos en el reparto de tareas. “Yo siempre sostuve que una mujer se alteraba cuando tenía muchos frentes de combate abiertos al mismo tiempo y se la pasaba batallando para que saliera todo bien”, cuenta Maitena Burundarena en el prólogo de un un tocho-volumen de más de 400 páginas, con sus respectivas viñetas. Lo publica Lumen Gráfica.

Una instantánea. Cualquiera de Lee Miller, una de las grandes fotógrafas de la primera mitad del XX de la cual tenía pendiente ver su biopic protagonizado por otra grande, Kate Winslet. Por desgracia, resultó ser tan decepcionante como ya reveló Nando Salva en Artículo14. Pero al menos me sirvió para hacer un recorrido por la vida de Miller y recoger esta frase que dicen que dijo: “Prefiero hacer una fotografía que ser una”.

Antes que fotógrafa, fue modelo y se hizo un hueco con su cámara en plena guerra mundial. Entre sus 60.000 archivos, destacan sus registros del horror de los campos de concentración de Buchenwald y Dachau. Igual que ocupa un lugar especial el cómo la captaron a ella. Precisamente, gracias al algoritmo descubrí esta instantánea que la puso de nuevo en mi radar. Se la hizo su padre, en 1931. Y, sin ser yo fan de los domingos, es innegable que este plan suyo resulta de lo más apetecible casi un siglo después.