Una serie. La estación de las chicas perdidas
Francesa, basada en hechos reales y con una mujer policía entregada a la causa. La estación de las chicas perdidas suena a combinación ganadora. Y lo cierto es que es casi redonda. Para mi gusto, le sobran esos elementos con los que construyen la periferia de hechos reales que “necesitan dramatizar”. El clásico, por cuestiones de guion. A mí me rechinan porque los detecto entre todo lo que sí me interesa: básicamente, la narración de unos hechos demoledores muy bien recreados en la ficción. El cómo se buscó al/los asesinos de esas -“chicas perdidas” entre 1995 y 2018, desaparecidas y asesinadas cerca de la estación de tren de Perpignan, a 30 kilómetros de nuestra frontera.
Llegó a plantearse que una de ellas, Tatiana Andújar, hubiera cruzado a España. Pero la investigación policial erró y se atascó durante años; avanzó gracias en parte a la ciencia y la insistencia, marcando a un grupo de Homicidios que lo investigó durante dos décadas. Una vez avanzada o terminada la serie, recomiendo buscar el rostro de sus protagonistas. Spoiler: descubriréis que alguna no existió. Pero sí veréis el rostro de las víctimas y del auténtico mal con el que se cruzaron en su camino.

Y cómo no, me quedo con ese momento en la serie a donde se refleja el tratamiento informativo del caso. En concreto, me quedo con esta frase: “Preferiría hablar de mi hija que de ese asesino”, que le suelta la madre de una de las víctimas a una periodista carente de tacto. Solo espero que no haya salido de la mente de un guionista sino que sucediera en la vida real.
Se puede ver en Disney+.
Un libro. Las Carniceras
Lo confieso, tengo debilidad por cómo narran en Francia. Será algo que les echan en las baguettes, el aura de la guillotina o que inventaron el concepto del bon vivant. Je ne sais quoi. Pero resulta que Las Carniceras también es de autoría francesa, Sophie Demange. E igual que busco los rostros reales de un true crime, me gusta fijarme en la cara de quien escribe. Y he de decir que la de Sophie encaja muy bien con los personajes que ha construido: dos jóvenes justicieras hartas de agresores, violadores, cómplices y machistas sin más, que casualmente han montado una carnicería que ya quisiera Dexter.
“Esto es una carnicería, ¿verdad? Cuando he entrado, he dudado entre un bar y una galería de arte…”. Anne fingió una risita incómoda”
La portada de Siruela es para hacerse un bookposing con ella.
Un espectáculo. Carmen Avilés
La recomiendo con los deberes hechos a medias para este Bosadías porque el 7 de mayo no pude verla en Madrid, como pretendía. Pero mi entrada se usó y se agradeció con creces. Con lo que, a falta de cata propia, vale como un testeo de una Carmen Avilés para mí desconocida hasta que el algoritmo me mostró la fuerza visual de esta bailaora en chándal. Así aparece en escena. Dadle al play y veréis como os entran ganas de no perderos el siguiente.

