Bosadías: recomendaciones culturales para no salir indemnes

Cuando nos hablan de maternidades incomprendidas, oscuros crímenes y burbujas de amor

Un libro. Violaine Bérot nació pirenaica. Creció entre pastos, rebaños y el apego a la tierra, pero sus estudios y su trabajo la llevaron a rozar el extremo opuesto hasta desear volver al origen. Con treinta años dejó su trabajo en inteligencia artificial y retomó lo rural sin comodidades, en una cabaña sin agua ni luz. Y se puso a escribir. Busqué fotos suyas porque su aspecto es el de alguien que vive en paz, tranquila. Si la lees sabes bien que de algún lugar propio brotará esa furia que consiguen reflejar sus personajes en Caída de las nubes (Las Afueras, 2025).

“A los demás o tenía nada que decirles y no les decía nada, me miraban como a un bicho raro, me dolían las mandíbulas de tanto contener la rabia, y sonreía, no hacía más que sonreír, era la única defensa que había encontrado, sonreír, pues era incapaz de gritar”

131 páginas. Le calculan unos tres horas de lectura. Apenas puntos, todo comas, sin apenas mayúsculas. Nunca para iniciar siquiera un párrafo. Y aun así se lee de forma fluida, llevadera, con ritmo cuidado e intimista que te acerca a los pensamientos de cada personaje. Te coloca en una posición privilegiada para entender sospechas, miedos, alegrías y dudas. Bérot llena todo de matices para intentar entender lo incomprensible: ¿cómo es posible que una mujer dé a luz una bebé que ni ella esperaba ni nadie le percibió, que le creció dentro, enroscada, buscando espacios, ávida de supervivencia?, ¿cómo se cuida de un ser no buscado e imprevisto?, ¿cómo se cuida de una mujer que se siente invadida?

Una serie. Jackie Ellis investigó sin éxito el crimen de su sobrina, con la que sueña cada noche. Se ve columpiando a la niña, acompañándola entre juncos mecidos con fuerza en la noche, y perdiéndola una y otra vez. Dejó de ser policía y la conocemos metida a maestra, en Under salt Marsh (Skyshowtime). Seis capítulos de casi una hora cada uno, grabados en la costa galesa de la que sobre todo vemos las imponentes olas que amenazan una aldea asolada, de nuevo, por la muerte de un menor.

Kelly Reilly interpreta a una expolicía implicada en otro crimen

Y no, quizás no esté perfectamente cerrada, pero compensa por demasiados motivos. El primero, la protagonista: la carismática Kelly Reilly, bastante bien acompañada en el reparto. El segundo, la lograda atmósfera del pueblo pequeño, infierno grande. Y el tercero, el tratamiento policial y forense. Esta es de esas series en las que se nota que han contado con buenos asesores en ese sentido, aunque todavía les cueste salir del cliché del investigador atormentado con lo que sea y por lo que sea.

Un canción. “A mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz”, le dijo la Maga a Gregorovius. Palabras de Julio Cortázar que leídas por Juan Luis Guerra se transformaron en ese “quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera”, que ha versionado ahora con exquisita dulzura y maestría Russian Red. Muestra de que así es el arte, reciclaje de unos y otras. Por cerrar este pequeño circuito, Bérot también se inspiró en Rayuela al proponer cómo leer su Caída de las nubes: en orden normal o siguiendo las indicaciones numéricas, que salta entre párrafos. Por ahora, yo solo probé la primera opción. Creo que en cualquiera de las opciones no dejará indiferente.

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