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Melanie Santiler: “Aspiro a ser una artista del mundo, sin dejar de estar en Cuba”

La artista cubana presenta "Gataza", su nuevo single, y habla del reparto, la diáspora, la identidad, el amor propio y el sueño de actuar algún día en el Estadio Latinoamericano de La Habana

Entrcevista con Melanie Santiler: "Aspiro a ser una artista del mundo, sin dejar de estar en Cuba"
Entrcevista con Melanie Santiler: "Aspiro a ser una artista del mundo, sin dejar de estar en Cuba"

Melanie Santiler, “la Mami Fina”, se ha convertido en una de las voces más prometedoras de la nueva música cubana. A sus 24 años y todavía a las puertas de publicar su primer álbum, la artista ha llamado la atención de medios como Billboard Latin y Rolling Stone en Español por su manera de llevar el reparto cubano hacia una dimensión más global, sofisticada y personal.

El reparto, subgénero urbano nacido en La Habana, mezcla estructuras del reguetón con ritmos y acentos propios de la música cubana, de la timba a la rumba. En manos de Santiler, ese sonido se abre también al pop, a la electrónica, a la estética visual y a una idea de empoderamiento femenino que no pasa por la consigna limpia, sino por el cuerpo, la calle, el deseo y la actitud.

Canciones como Todo se supera, Un momentico +, Delincuente, Todo se me da o Deja la sonsera la han situado como una de las artistas cubanas emergentes más observadas del panorama latino. Su nuevo single, Gataza, funciona como un collage de referencias populares: nace de una frase escuchada en TikTok, pero también de canciones infantiles cubanas, del cubatón de Yomil y El Dany y de recuerdos de infancia que Santiler ha incorporado a su propio universo.

Hablamos con ella durante su paso por Madrid sobre su relación con España, el reparto, la diáspora cubana, el proceso de Gataza, sus referentes y el álbum debut que prepara.

Estás estos días en Madrid y en septiembre vuelves con varias fechas por España.

Llevo ya dos semanas. Estuve en el Orgullo de Madrid y ahora, el 19, abro para Rubén Blades en Pirineos Sur, en Huesca. Luego tengo un festival en Burgos y, ya en septiembre, empiezo con los conciertos de la gira.

¿Ya habías actuado antes en Madrid? ¿Qué relación tienes con España y con el público de aquí?

Sí, en noviembre del año pasado. Mi relación con España es bella. Yo me siento de aquí y me encanta. No sé, no es algo que pueda explicar. Es simplemente llegar a un lugar y sentirte bien. Además, creo que siempre vengo en los mejores momentos en los que lo necesito. Casualidad, vaya.

Para quien todavía no te conozca: ¿cómo explicarías quién es Melanie Santiler sin tirar de etiquetas?

Un cisne.

Se habla mucho de ti como una de las voces femeninas del nuevo reparto cubano. Para alguien que no esté familiarizado con el género, ¿qué es el reparto y qué tiene de distinto frente al reguetón o el pop urbano latino más global?

El reparto, comparado con otros géneros urbanos, tiene muchas raíces cubanas. Viene mucho de la timba, de la fusión de géneros tradicionales y, ahora mismo, es básicamente la identidad del pueblo cubano. Tiene algo muy diferente del reguetón o del dembow: la jerga cubana. El dembow viene con su jerga dominicana, el reguetón clásico con su raíz puertorriqueña, aunque ya se ha hecho muy internacional. El reparto todavía no ha explotado así fuera de Cuba. Lo hacen mayormente artistas cubanos y se nota mucho cuando quien lo hace no es cubano. Tiene ese veneno, esa jerga muy nuestra.

El reparto ha sido tradicionalmente un terreno muy masculino. ¿Qué cambia cuando una mujer entra en ese espacio desde su propio deseo, su cuerpo y su lenguaje?

Primero, siempre existe la competencia de mercado entre artistas. Ojalá no existiera, pero es una realidad. Y ha sido un reto competir con eso, porque en Cuba generalmente se escucha a los hombres, sus formas de hablar, su perspectiva. Que de pronto enfrenten a una diva que lo haga es más complicado. Tarda el doble, la verdad. Pero yo no lo hago para competir ni para demostrar nada. Lo hago porque me gusta. Sí creo que se tarda más en llegar a la gente. Todavía lo estoy haciendo. También es complicado porque creo que cambio muchas cosas de lo que es el reparto tal cual. Le doy mi toque, mi vuelta. No es exactamente lo que se consume como reparto puro, de calle. Para mí eso está bien, porque me diferencia.

¿Sientes que todavía hay que pelear para que una artista mujer dentro de lo urbano no sea vista solo como “la versión femenina” de algo?

Tal cual. Y es complicadísimo. De ahí el valor que tienen tipas como Karol G, Rosalía y artistas así.

Billboard Latin y Rolling Stone en Español te han señalado como una de las figuras a seguir. ¿Eso te da vértigo, presión o más bien confirmación de que algo se está moviendo?

Más bien es una confirmación, creo. No tanto una confirmación en plan “ya está”, sino: si esta gente que sabe me ve así, hay que echar para adelante.

Tu ciudad más escuchada en Spotify es Miami. ¿Qué papel tiene la diáspora cubana en la forma en que circula tu música?

En Cuba las plataformas no funcionan. Ni yo ni ningún artista cubano tenemos prácticamente números de Cuba, solo en YouTube se ve un poco más. Hay muchísimas personas que escuchan la música de los artistas cubanos sin poder darnos números, sin aparecer en las estadísticas. Son escuchas fantasma: bots, descargas, formas alternativas, porque en Cuba no existe esto. Gracias a la comunidad de Miami tenemos estadísticas, números y alcance. También hay comunidad cubana en España y en muchos lugares del mundo, gracias a Dios, pero Miami es superimportante. Conquistamos Miami [risas]. Yo no he ido todavía, pero por lo que veo en vídeos y por lo que me cuenta la gente, es como no irte de Cuba. Antes siento que no éramos tan conscientes de eso. Cuando naces en Cuba, te enseñan mucho que tienes que irte, que Estados Unidos es mejor, que “mira, me trajeron tal ropa”. Ahora, con esta generación, creo que nos hemos asentado mucho más. Hemos querido más a Cuba, a nuestra raíz y a de dónde venimos. Y eso viene de hace no tanto. Antes muchos latinoamericanos llegaban a Estados Unidos y no querían saber nada de sus países. Ahora, por lo menos los cubanos están mucho más conscientes de su patria.

Gataza nace de una frase que escuchaste en TikTok. ¿Cómo pasa una frase suelta de internet a convertirse en una canción?

Gataza nace de muchas formas. Sí, viene de un TikTok en el que una muchacha decía algo como “gata cara, gata fina”. Yo lo cambié y puse “gata fina, gata cara”, porque a mí me dicen la Mami Fina. Cuando escuché eso, pensé: “Ay, sí, una gata fina, gata cara, soy”. También viene de una canción infantil cubana y de un collage enorme de referencias. Sampleamos a dos tipos durísimos, uno de los dúos legendarios de Cuba: Yomil y El Dany. Son como Wisin y Yandel en Puerto Rico, pero en Cuba. Está ese pedazo que dice: “Yo tengo una jeva que es fina”, que conectaba mucho con lo de la Mami Fina. La canción tiene muchas referencias a cosas cubanas y también españolas, porque usamos el “toma que toma”, que en Cuba fue épico. Cuando yo era niña me lo sabía de memoria; mi mamá me lo cantaba mucho. Fue muy bonito reinterpretar cosas, buscarles lugar en mi universo y traer elementos que desde niña me han sido familiares.

¿Te interesaba que la canción sonara también a la memoria popular cubana?

Exactamente. Qué lindo eso de “memoria popular”. Eso me gustó. Te lo voy a robar.

¿Lo de La Mami Fina viene de una frase de tu tía Tata?

No. La tía Tata es una vecina de cuando yo era niña y fue muy bonito incluirla ahí, pero la Mami Fina es mi otro nombre, mi alter ego. Viene de un concierto en Cuba, cuando estaba empezando. Sigo siendo una artista emergente, pero nunca como al principio. Hacía falta un nombre para el concierto y yo tenía una canción, mi primera canción, que se llamaba Fina. Estaban pensando en llamar al show Reparto fino, pero yo hago reparto y muchas más cosas. Eso no me definía del todo. Entonces dije: “Mira, pónganle Mami Fina“. En el show se hicieron camisetas que decían “Mami Fina” y, unos días después, estaba en una fiesta en una playa. Yo venía caminando y alguien me dijo: “Oye, la Mami Fina”. Y yo dije: “Espérate, ¿qué?”. Desde ahí se quedó. Lo cogimos, lo explotamos y ya es parte de mi identidad. A veces lo pienso y digo: “Ay, Mami Fina, qué estupidez”. Y después pienso: qué locura que algo tan simple esté llegando a ser tan grande. Hay mucha gente en Cuba que me dice: “Uy, la Mami Fina”. Es impresionante.

Se suele hablar de amor propio de una forma muy limpia, casi de autoayuda. En Gataza parece más físico, más callejero, más descarado. ¿Lo ves así?

Lo entiendo perfectamente. Yo he pasado por una crisis de identidad, por sentirme menos conmigo misma, por procesos difíciles. Cuando escucho Gataza, me recuerda mis valores, lo que tengo que respetar de mí y hacia dónde tengo que apuntar. Es verdad que el autocuidado no es siempre un proceso tan limpio y que el self love ya es más una marca que una verdad. Pero en ese tema encontré una sinceridad con lo que yo siempre he proyectado y que había olvidado mucho en este tiempo. Llega a ser algo muy verdadero y muy divertido. Más que un “vamos a amarnos”, es: voy a descargarme, voy a acordarme de que soy una gataza. Eso es lo que quisiera: que otra tipa, incluso un man o elle, la escuche y diga: “Soy una gataza”. Que se identifique con eso. Es crear un sentimiento antes que una canción de “me siento mal y vamos a cuidarnos”. No. Es: esta soy yo. Hay muchas canciones de empoderamiento hechas por mujeres. Esta es una de las mías, definitivamente.

Has citado a Celia Cruz, Rosalía y Juan Luis Guerra como influencias. ¿Qué tomas de cada uno?

Juan Luis Guerra, más que una referencia o una influencia, es uno de esos artistas que amo escuchar sin juzgar, sin que tenga que influirme en nada. Doy gracias a Dios por Juan Luis Guerra, por escucharlo cuando no me siento bien. Me da una alegría tremenda y me encantaría conocerlo. Celia es un referente enorme para el directo, porque es la raíz cubana. Es cómo hace un show una persona cubana. Y Rosalía es un referente internacional de algo que tampoco está tan alejado de los cubanos. Al final nosotros venimos aquí. Además, es una tipaza, una artistaza por encima de todo. También Beyoncé ha sido una de mis inspiraciones enormes de toda la vida. Lemonade fue el primer álbum que escuché y dije: “Diablos, esto es un álbum”. No era solo “eres famosa, eres genial”, sino: esto es un álbum conceptual, visual, una cosa seria. Y Shakira, Selena y Thalía fueron referentes latinos importantísimos en mi infancia. Luego empecé a escuchar música en inglés: Lady Gaga, que también es un referente. De hecho, el otro día vi su documental en Netflix.

Five Foot Two. Yo también lo he visto.

Tú eres Little Monster, definitivamente.

Un poquito sí. Bueno, bastante.

Me encanta. Ella es superconfiada, pero también me dio miedo porque vi ciertas actitudes que yo estaba teniendo y que no veo bien en ella. Dije: “Dios mío, tengo que cambiar estas cosas”.

Ese documental tiene ya tiempo. Me gustaría pensar que, desde entonces, ella ya ha encontrado algo más de paz, porque ahí estaba en un momento muy duro.

Durísimo. Se ve muy inestable. Y yo venía de pasar por un momento muy raro, muy inestable, estos últimos tiempos. Cuando la vi, dije: “Oh, espérate.” También vi el documental de Nina Simone, que es otro superreferente, y también la vi inestable, y pensé que era algo común. Me asusté un poco. Pero es genial tener esos referentes para poder darte cuenta de lo que quieres y lo que no. De eso hay una falta increíble en Cuba, porque desde Celia, que fue la última gran artista, no existe más nadie así.

Has mencionado influencias muy variadas. Siento que eso también refleja la industria musical actual: los artistas toman referentes de distintas épocas, lugares y géneros. La música ya no pertenece a un solo sitio. ¿Aspiras a que tu música sea así?

Lo prefiero. Aspiro a ser una artista del mundo, sin duda. Pero eso sin dejar de estar en Cuba, sin dejar de ir a Cuba y sin dejar de nutrirme de lo que está pasando en Cuba. Ahora mismo es muy difícil nutrirte allí por toda la situación, pero en algún punto ha sido muy encantador crear en Cuba.

¿Hay alguna parte de la música cubana que sientas que el público internacional todavía no entiende del todo?

No sé, pero al final creo que así funciona en todos los lugares. Hay cosas que se van superando cuando aparece una superfigura y la gente empieza a interesarse por lo que está pasando ahí.

Un poco lo que pasó con Rosalía.

Y con C. Tangana también pasó. Son figuras importantes para que la gente haya venido a consumir música de aquí: Bad Bunny en Puerto Rico, Karol G en Colombia. Cuando hay una figura muy importante en un país, de pronto se busca mucho más qué está saliendo de ahí. Ojalá pase en Cuba pronto. Y si fuera yo esa figura, me encantaría.

¿Cómo quieres que suene tu primer álbum: más calle, más club, más pop, más cubano?

El álbum soy yo, básicamente, con todo esto que te he contado. Con aspiraciones y con miedos. Los artistas siempre dicen: “Es mi disco más personal”. Bueno, yo soy otra. He buscado cómo comunicar la etapa que estoy viviendo. Tengo miedo porque cuando haces algo tan propio, tan tuyo y dices: “No voy a hacer solo lo que la gente quiere de mí o lo que ya ha escuchado; quiero hacer otras cosas”, da un miedo del carajo. Lleva una valentía del carajo. Es meterse en un problemón, porque también quieres que tenga resultado comercial y que la gente se enganche más contigo y con tu música. Pero bueno, con fe. Es más fe que otra cosa.

¿Cómo son tus conciertos? ¿Qué debería esperar alguien que te vea por primera vez?

En estos conciertos quiero hacer algo diferente de lo que venía haciendo. El artista cubano tiene muy claro lo importante que es el directo y poner a la gente a bailar. En Cuba la gente va a gozar. Muy poca gente iría a un concierto tuyo si fueras, por ejemplo, cantautora, porque ese momento pasó con la trova, con Pablo Milanés, Silvio Rodríguez… Ahora mismo la gente quiere ir a un concierto y que tú la pongas a bailar. Eso es complicado, porque cuando cuentas un proceso no todo el tiempo estás bailando. También tienes miedo, sufres, lloras, estás triste. Al mismo tiempo, hay canciones que hablan de felicidad, alegría y diversión.

Este show va a cambiar. Quiero que sea mucho más conceptual, más puesta en escena, con bailarines. Que sea algo divertido y al mismo tiempo pueda hacerte resonar cosas sensibles. Que te cuestiones algo viéndolo, pero sin que sea facilista ni tampoco complicado. Quiero que sea fácil de consumir y, a la vez, te lleve a un lugar sensible.

¿Cómo te preparas física y mentalmente antes de salir al escenario?

Físicamente ahora mismo no me estoy preparando de ninguna forma porque tengo que empezar en el gimnasio. Eso está muy mal [risas]. Creo que una de las cosas que tienen muy claras los artistas de la a-list es su preparación física y mental. Mentalmente tengo terapia, tengo a mi psicóloga. Este año me di cuenta de que era algo muy importante. Llegamos a trabajar tanto que nos fundimos. Nos quemamos muchísimo y eso te pasa una factura increíble, más que la física incluso. Estoy trabajando todos los días en mí, como nunca antes: qué me viene bien, qué no, qué estoy dispuesta a aceptar, en qué momento estoy. Me hace falta estar muy enfocada. Físicamente tengo que hablar conmigo muy en serio, porque quiero bailar en los conciertos y quiero cantar bien. Tengo mis clases de canto. Menos el gimnasio, todo caminando [risas]. Quiero empezar. No quiero, pero tengo.

¿Qué vibras quieres canalizar con tu vestuario de esta gira?

Estoy en mi era císnica. El equipo se ríe mucho porque “císnico” no existe, y yo les digo que me he comprado un abanico císnico porque estoy vestida muy de cisne. La figura principal, el símbolo principal, es el cisne: el cisne blanco y el cisne negro. Ha sido un poco reinterpretar la idea que hay tanto en el ballet como en el cine sobre el cisne. Los shows van con esta temática, aunque todavía se están armando; también el vestuario, para que en septiembre lleguemos con todo lo más claro posible. Estamos viendo cómo divertir a la gente y, al mismo tiempo, llevar más arte al escenario. Todo está relacionado con el disco. La dualidad, la identidad, la búsqueda, la libertad, el vuelo… son palabras clave. Estoy terminando el disco y no estoy terminando el proceso. De hecho, me está costando mucho terminarlo por esto mismo. Mi productor me dice que llega un momento en que los discos se abandonan. A veces creo que lo voy cerrando, incluso este proceso personal, y de pronto no. Estos 24-25 han sido una etapa heavy.

¿Sientes tu carrera distinta después de “Todo se supera”?

Sí. Necesito tener ya un nuevo hitazo porque esa canción me sale en todas partes, hasta en la sopa [risas]. Le agradezco muchísimo a ese tema y a Velito, el artista con el que colaboré, pero ya quiero que uno de los temas de esta nueva etapa sea el superhit. Aunque uno no maneja eso. Después de Todo se supera hubo un antes y un después, sin duda. Pero bueno, ¿qué cantidad de cosas no son un antes y un después?

¿Hay alguna canción que disfrutes especialmente interpretar en directo?

Me gusta mucho cantar Guardaespaldas. Es uno de los temas que más me gustan. Todo se supera también, porque la gente la conoce mucho y conecta de una forma muy bonita. Estoy loca por cantar Gataza, que es la nueva y forma parte del álbum, igual que Delincuente, que también me encanta cantarla. Y hay un par que todavía no han salido y que estoy esperando para poder cantar.

Cuando vuelves a La Habana, ¿cuáles son tus lugares imprescindibles?

Tienes que ir al Malecón. Ver un atardecer en el Malecón, o varios, o todos los días que puedas. A mí eso me desconecta muchísimo. Tengo otros lugares de Cuba, pero son más personales, como la azotea de la casa de mis abuelos. Si vas a La Habana, tienes que ir al Morro, sin duda, y a restaurantes de comida cubana.

¿Eres de afterparty después de un concierto o de dormir y desaparecer?

De irme. Full. Me encanta irme. Cuando estoy en una afterparty, muy pocas veces la disfruto. Quiero irme ya a dormir, llegar a la casita rápido, bañarme, hacer mis ritualitos, meterme en mi canal y dormir rico.

¿Qué tiene que haber sí o sí en tu camerino?

Me encantan los dulces. Todas las chucherías, todo lo malo. Absolutamente todo lo malo. Me gusta comer y aquí me gustan mucho los jamones. Todo me gusta. Tiene que haber comida y agua. Con eso soy feliz. Bebida no, definitivamente. A mí no me hace feliz. A los músicos sí [risas].

¿Haces rituales o escuchas a algún artista antes de subir al escenario?

Muy pocas veces. Trato de concentrarme mucho. A veces hago posturas de fuerza cuando me siento muy nerviosa. No tengo un ritual fijo. A veces le echo perfume a la banda, pero no es constante. Es lo que me dé por hacer en ese momento. A lo mejor debería tener algo que me lleve tierra. Debería pensarlo.

¿Cuál sería tu lugar soñado para actuar?

Tengo un sueño enorme. En Cuba está el estadio de los Industriales, el equipo de pelota de La Habana. Se llama Estadio Latinoamericano y me encantaría tocar ahí por lo emblemático que es y porque en Cuba no se usan los estadios para conciertos de artistas. Para mí eso sería un sueñazo. Más que tocar en el Madison Square Garden. Sería lograr tocar en un estadio en el que en Cuba nunca ha tocado nadie de esa manera. A veces me gustaría poder hacer cosas como las que hace Bad Bunny, romper cosas que nunca han pasado. Eso me gustaría hacerlo con el Latino.

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