Monsieur Periné es el grupo liderado por Catalina García, voz, y Santiago Prieto, al charango, el violín y la guitarra. Su nombre procede de una referencia al periné en Las partículas elementales, de Michel Houellebecq. De estilo difícil de clasificar, el proyecto bebe de infinidad de sonidos latinoamericanos, como la cumbia, el tango o el bolero, sin renunciar a los códigos del pop contemporáneo.
Nacidos en la escena independiente de Bogotá en 2008, publicaron su álbum debut, Hecho a mano, en 2012. Tres años después, ganaron el primero de sus dos Latin Grammy, el de mejor nuevo artista. De su segundo disco, Caja de música, salió “Nuestra canción”, el tema que encontró la fama internacional gracias a la difusión en redes varios años después de su lanzamiento original. Desde entonces, su popularidad no ha dejado de crecer, hasta el punto de que su cuarto álbum, Bolero apocalíptico, les valió un segundo Latin Grammy en 2023.
Este año presentan Instrucciones para ser feliz, un enérgico LP en el que se cuelan voces invitadas como las de Carlos Vives, Rawayana, Luísa Sonza, Piso 21, PJ Sin Suela o incluso su paisano Gabriel García Márquez. Tras actuar en el Orgullo de Madrid y dentro de una gira que pasará por el Náutico de San Vicente y festivales como La Mar de Músicas y Pirineos Sur, hablamos con García y Prieto sobre el nuevo álbum, la viralidad y cómo mantener un vínculo genuino con el arte y con el público en tiempos de cambio acelerado.
El título del disco, Instrucciones para ser feliz, podría sonar casi como una promesa de autoayuda, pero el álbum parece decir lo contrario: que cada persona tiene que encontrar sus propias instrucciones. ¿Qué instrucciones tuvisteis que desaprender vosotros para llegar a este disco?
Catalina García: En mi caso, dejar de normalizar que la opinión de los demás me importara tanto.
Santiago Prieto: Yo creo que trabajar el síndrome del impostor.
Existe todavía esa idea romántica de que el artista tiene que sufrir para crear. ¿Os ha costado reivindicar la alegría, el color y la celebración como materiales igual de profundos que el dolor?
Catalina García: Justamente tengo un amigo con quien trabajo desde hace muchos años, por lo menos diez, en toda la parte del styling, el pelo y todo este mundo. Una vez, en una conversación, me dijo: “Es que nos han enseñado que es en la tristeza donde más aprendemos sobre lo humano”. Y entonces, cuando estamos felices o viviendo momentos alegres, los dejamos escapar como si no pasara nada. Está bien a veces imprimir esa sensación de felicidad en el cuerpo. Esa idea se me quedó. Yo siempre he tendido a ser mucho más nostálgica, a habitar la tristeza y creer que de ahí sale una gran fuente creativa. Y la hay, sí. Pero disfrutar del bienestar, de la calma, de todo lo que puede estar alrededor de eso que significa ser feliz, también es interesante.
No se trata necesariamente de estar feliz un ratito, sino de hacerse esa pregunta en la vida. Aunque estés viviendo momentos difíciles, de frustración, rabia o ansiedad, siempre está la posibilidad de salir a una ventana, mirar el cielo y encontrar nubes, o detenerte y hacer un gesto, tener una acción que aliviane ese momento. Esa descarga es muy potente. Entonces, no se trata de pregonar la felicidad, sino de verdad valorarla. Valorar eso que te hace bien y poder cuidarlo. Para que eso suceda, hay que aprender muchas otras cosas: aprender a poner límites, aprender a decir que no, aprender a que no te importe tanto esa energía negativa de tantas cosas que pueden afectar tu ser, aprender a alivianar cargas. No significa vivir la vida simplemente con liviandad y ya, sino también disfrutar de estar vivo. Porque puede ser muy agobiante y doloroso.
El álbum tiene 19 canciones y muchas colaboraciones: Carlos Vives, Rawayana, Luísa Sonza, Piso 21, PJ Sin Suela… ¿Cómo se mantiene una identidad propia cuando el disco se construye a partir de tantas voces?
Catalina García: En este álbum, creo que las personas con quienes colaboramos están ahí porque, por un lado, las admiramos un montón. Y, por otro, porque quisieron participar de verdad. Se dio en encuentros, en charlas, en risas, en parche, como decimos. Son personas cercanas. Casi todas, y quizá las que no tienen ese vínculo tan cercano de amistad, son igualmente personas a quienes admiramos mucho y que se enamoraron de las canciones o de la posibilidad de crear juntos. También fue bonito conocer a personas increíbles a través de ese acto creativo, de sentarte a escribir con alguien. Creo que eso es lo que nos deja la idea de colaborar. La mayoría son amigos o amigas. Y ha sido bello poder tener ese espacio porque, en esto, muchas veces estás todo el tiempo corriendo. Te encuentras con la gente, la saludas rápido, pero no te detienes a conversar un poco.
¿Conocíais personalmente a todos? ¿Cómo se dio ese primer contacto?
Santiago Prieto: A todos sí, a excepción de una sola persona en el disco.
Catalina García: No, y Bejuco tampoco, pero sí.
Santiago Prieto: Ah, Bejuco. Entonces, dos agrupaciones. Pero se dieron, como decía Cata, a través de puentes de admiración. Por ejemplo, Luísa Sonza: no la conocemos, es brasileña, pero a ella le encantó la canción y genuinamente fue una colaboración. Obviamente hay un vínculo de disquera, pero hubo una mirada artística, y eso fue lo principal. Con Bejuco fue parecido. Surgió más a partir de una invitación de WWF para hacer una canción en común, dentro de un proyecto sobre el manglar, de la COP16, algo puntual de 2024. Pero también fue algo hecho con una intención muy clara, principalmente artística. Los demás, que son varios, sí han sido cercanos y, de alguna forma, amigos.
“La felicidad” incorpora la voz de Gabriel García Márquez. ¿Qué lugar ocupa la literatura, y en concreto esa sensibilidad colombiana, dentro del universo de Monsieur Periné?
Santiago Prieto: Es vital. Creo que nosotros, en general, somos amantes de la literatura y, obviamente, como tú dices, García Márquez es un pilar. Es como nuestro Cervantes colombiano. Casualmente nos encontramos con una entrevista que le hacen en Barcelona, donde él conversa con un periodista con mucho desparpajo, muy libremente. Le hace preguntas muy cotidianas y él responde algo genial sobre la felicidad. Entonces pudimos ampliar esa frase y hacer de ahí un track, que se convirtió en un interludio dentro del disco. Al final casi no pudimos porque fue muy difícil conseguir la autorización y contactar con sus editores, de hecho, en Barcelona. Hasta el último momento, casi el día en que tocaba entregar los másteres del disco, recibimos un correo con la autorización. Fue genial tener su voz. Y que diga “featuring Gabriel García Márquez” suena de puta madre.
“Nuestra canción” se volvió viral varios años después de su lanzamiento y conectó con una generación que quizá no os había descubierto en tiempo real. ¿Cómo se vive que una canción deje de pertenecerte y empiece a tener una vida propia en internet?
Catalina García: De alguna forma, eso es lo que sucede con la música. Al principio parece que te pertenece, pero una vez sale, ya empieza a acompañar la historia de otros. Lo que pasó con “Nuestra canción” es muy potente para nuestra historia, porque no vino de una estrategia de marketing ni de un momento de lanzamiento. Después de varios años, empezó a explotar y nosotros lo vimos desde un lugar muy secreto, porque no estaban ni nuestra cara ni nuestro nombre expuestos en primera plana, sino que estaba la canción. Y estaba la gente mostrando su lado más vulnerable y también más dulce. Creo que esa canción invitó a la dulzura. Es muy lindo verlo en la gente cuando la tocas en vivo y ver lo que representa. Nos ha traído cosas increíbles.
Venís de una escena alternativa muy concreta y ahora tenéis una presencia internacional enorme. ¿Qué recordáis de la escena musical de Bogotá cuando empezasteis? ¿Sentís que aquella escena todavía vive dentro de vuestra música?
Catalina García: Imagínate, éramos un parche, como decimos en Colombia. Un parche de cantautores y de artistas que estábamos arrancando en ese momento: Manuel Medrano, Juan Pablo Vega, Vicente García, que no es colombiano, pero estaba radicado en Bogotá, Esteman, que luego se mudó a México… Estábamos empezando en un momento en que no había tantas plataformas. La música se cocinaba en vivo. Hacías la música que se te venía en gana sin pensar tanto en una estrategia de marketing digital. Había una conexión muy espontánea con la gente, y siento que eso todavía existe porque existe la música en vivo. Vas y ves a personas mostrando su interior, poniéndolo sobre la mesa con instrumentos, y se forma una linda fiesta que sigue pasando. Pero ahora, además, está esta dinámica muy fuerte del marketing digital, en la que cada artista, mientras saca una canción, tiene que estar pensando en cómo va a contar la historia, cuál es el personaje que se va a inventar, cuál es el bailecito, cómo es la pinta…
Todo está demasiado enfocado en la red social y no tanto en su propio universo. Creo que esa es un poco la diferencia con lo que hacíamos antes. Existía una puesta en escena, existía un universo, existía todo, pero estaba desvinculado de lo que iba a pegar en una red. Ahora siento que hay mucho afán por entender cuál es la fórmula para que mi contenido se viralice. Y a veces, bueno, no sé. De nuestro parche, todo el mundo ha crecido, cada quien hizo su carrera y es bonito ver a todos siguiendo su camino. Creo que eso ha estado muy claro. Bogotá es una capital gigante en América Latina para la cultura. Pasa mucho que hay música en vivo; hay muchos artistas proponiendo cosas que traen sabores, sonidos e identidad desde sus propias regiones, porque a Bogotá llegamos gente de todas partes de Colombia. Yo, por ejemplo, vengo de Cali, y eso permite crear muchas cosas interesantes. Pero sí siento que está muy presente ese asunto de cómo volverme viral y a veces eso se vuelve como: ay, no sé. Hay parches que se reúnen a conversar y hablar de otras cosas. Pero ahora tenemos esta situación que creo que a todos nos amarga un poco.
En vuestros videoclips siempre ha habido una apuesta visual muy fuerte. En una época en la que cada vez se hacen menos vídeos así de trabajados, ¿qué os sigue interesando del videoclip como forma artística?
Catalina García: En mi caso, pienso que es un espacio de creatividad, igual que cuando haces un disco o un show. Tienes esa posibilidad de imaginar. Cuando hago música, pienso en imágenes. Siempre ha sido así. De alguna manera, siento que es una plataforma que permite llevar a otros espacios ese concepto, esa energía o eso que quieres contar a través de la música.
Vuestro público parece muy fiel y muy transversal: gente que os sigue desde hace años y gente que os descubre por TikTok. ¿Cómo se cuida una comunidad así sin intentar complacerla todo el tiempo?
Santiago Prieto: Yo siento que la instrucción sería tener una mirada muy honesta sobre la creación e intentar salvaguardarla incluso cuando transitamos las aguas de las disqueras y de intereses más corporativos. También es un camino, y lo hemos transitado con cierta ética, metiéndonos al barro con las botas, porque es parte de crecer de una forma internacional y salir de una escena pequeña. Pero dentro de eso hay que guardar siempre una línea de honestidad estética: esta es mi voz, este es mi sonido, y conversa con lo otro. Muchas veces eso ocurre en las colaboraciones, pero entonces tratamos de que tengan también ese carácter real, que haya una colaboración artística y no solo un matrimonio de conveniencia. Aunque al final todas tienen conveniencia, por supuesto, y está bien; no pasa nada. Siento que el público, aunque sea heterogéneo, porque sí lo es, y aunque algunos vengan desde antes y otros lleguen ahora, cuando conoce la realidad del proyecto y escucha las canciones más verdaderas, siempre está ahí. Cuando hay una entrega real por parte del artista, eso se nota. Esa sería la instrucción: cuidar esa fuente, ese manantial, aunque te toque empacarlo en una botella de plástico, pero que esa agua siempre esté pura.
Después de los Latin Grammy, el fenómeno de “Nuestra canción” y ahora este nuevo disco, ¿sentís que estáis abriendo una etapa de consolidación o más bien de búsqueda?
Santiago Prieto: Yo creo que seguimos buscando. De hecho, cada disco que hemos hecho ha tenido el reto de preguntarnos cómo nos reinventamos, por el gozo mismo de crear algo distinto. Claro que hay un sustrato que siempre está ahí y se transforma, y eso es lindo. Pero los tiempos cambian, los formatos cambian. Antes teníamos una banda, éramos ocho personas y podíamos viajar ocho. Hoy en día es imposible tener una banda y sostener un directo con músicos. Eso, por ejemplo, cambió y cambia naturalmente el sonido de las producciones. De alguna forma, siento que hemos cambiado al tenor de las circunstancias y sosteniendo ese sustrato que somos, aceptando siempre el reto de una manera divertida y a nuestra manera. La industria de la música seguirá cambiando. Ya entró la inteligencia artificial; quién sabe qué estará pasando en cinco años, cómo será el consumo de la música, cómo será la producción musical, cómo será el mundo. Todo seguirá cambiando y nosotros tendremos que ir transformando lo que hacemos, pero haciéndolo con gusto.

