Tecnología

La próxima revolución de la IA tendrá brazos y piernas

La inteligencia artificial ya escribe, responde y programa. Ahora algunos inversores buscan a las empresas que podrían beneficiarse cuando también empiece a trabajar

Mientras Wall Street vive un momento de euforia por las salidas a bolsa de OpenAI, Anthropic o SpaceX, el mercado empieza a mirar hacia la siguiente fase de la inteligencia artificial (IA). La IA física, formada por robots que abandonan el laboratorio y empiezan a desplegarse en fábricas, almacenes y oficinas. Y aunque todavía no hayas compartido oficina con un robot humanoide, empresas como BMW, Foxconn, Tesla o Mercedes ya trabajan para acelerar la llegada de máquinas capaces de razonar, moverse y trabajar como las personas.

Hace apenas unos años, los robots humanoides parecían condenados a vivir entre vídeos virales, películas como Terminator y demostraciones espectaculares en ferias tecnológicas. La irrupción de ChatGPT desplazó toda la atención hacia la IA generativa y muchos empezaron a preguntarse si los humanoides seguían siendo una apuesta real o si su momento tardaría décadas en llegar.

Sin embargo, mientras el mundo debate sobre asistentes virtuales capaces de escribir correos o resumir reuniones, la llamada IA física sigue avanzando entre bastidores. Y eso ha vuelto a despertar el interés de los inversores.

ChatGPT - Sociedad
Un fondo de pantalla con el logo de ChatGPT.
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Qué son los robots humanoides

Básicamente, son ChatGPT con piernas. Máquinas diseñadas para parecerse a los humanos e imitarlos. Incorporan sensores, cámaras, baterías, sistemas de control del movimiento y componentes mecánicos de alta precisión. Todo ello coordinado por un cerebro impulsado por IA.

Podemos pensar en ellos como un cuerpo y una mente trabajando juntos. Un chip procesa la información y envía órdenes al resto del sistema. El objetivo es construir máquinas versátiles, capaces de realizar tareas muy distintas entre sí, desde mover mercancías en un almacén hasta asistir a personas mayores o colaborar en una cadena de producción.

La cuestión es si realmente pueden convertirse en la próxima revolución industrial y, de ser así, qué empresas podrían beneficiarse de ello.

Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, está convencido de ello. Cree que los humanoides transformarán la logística, la restauración, el sector servicios, la manufactura, la asistencia a domicilio y muchas otras industrias. También ha señalado que llegará un momento en el que prácticamente todo lo que se mueva será autónomo.

Morgan Stanley también ha intentado poner cifras a esa oportunidad. El banco estimó en 2025 que el ecosistema mundial de los humanoides podría superar los cinco billones de dólares en 2050 si se incluyen la fabricación, los componentes, el software y los servicios de reparación, mantenimiento y soporte. El mismo equipo de analistas amplió esa previsión en marzo de este año a los 7,5 billones de dólares anuales en 2050, unas tres veces los ingresos combinados que generaron en 2024 los veinte mayores fabricantes de automóviles del mundo.

Bank of America mira todavía más lejos y calcula que la población mundial de humanoides podría alcanzar los 3.000 millones de unidades en 2060.

Elon Musk prefiere jugar todavía más fuerte. El fundador de Tesla y SpaceX cree que, en algún momento de la década de 2040, podría haber más robots humanoides que seres humanos. Su estimación habla de hasta 10.000 millones de unidades en funcionamiento.

Puede sonar exagerado, pero el mercado empieza a tomárselo en serio.

China y Estados Unidos compiten por liderar esta nueva industria. Japón y Corea del Sur tampoco quieren quedarse atrás. Sin embargo, Pekín va el primero en la carrera.

Previsiones

Se espera que el gigante asiático produzca alrededor de 10.000 robots humanoides este año, más de la mitad de los fabricados a nivel mundial. Además, concentra el mayor número de patentes y empresas vinculadas al sector. Detrás de ese liderazgo hay años de financiación pública, incentivos y una estrategia clara para acelerar el desarrollo de estas tecnologías.

Y la apuesta ya ha salido del laboratorio.

China acaba de anunciar una inversión de 6.800 millones de yuanes (866 millones de euros) para desplegar unos 8.500 robots con inteligencia artificial en su red eléctrica durante 2026. El plan incluye perros robóticos destinados a inspeccionar infraestructuras remotas y humanoides encargados del mantenimiento de líneas de ultra alta tensión.

Mientras tanto, BMW ha comenzado a probar robots humanoides desarrollados por Figure que han participado en la producción de más de 30.000 vehículos BMW X3.

Mercedes ha invertido en Apptronik y prueba su robot Apollo en fábricas de Alemania y Hungría. Las máquinas se entrenan para mover componentes, transportar materiales y realizar controles de calidad en trabajos repetitivos o físicamente exigentes.

Apptronik captó otros 520 millones de dólares en febrero de 2026 dentro de una ronda respaldada por Google, Mercedes y otros inversores, mientras que Foxconn también prepara el despliegue de humanoides en la fabricación de servidores de IA para Nvidia.

Incluso Sam Altman, fundador de OpenAI, empieza a mirar más allá del software. A través de su fondo Hydrazine Capital ha participado en la financiación de Alfred, una startup fundada por antiguos empleados de Tesla y Meta que desarrolla herramientas para acelerar el entrenamiento y el diseño de sistemas robóticos.

Sam Altman, consejero delegado y miembro de la junta directiva de OpenAI.
EFE/John G. Mabanglo

Las señales empiezan a aparecer por todas partes

Según datos de Crunchbase, las startups vinculadas a la llamada IA física captaron alrededor de 5.300 millones de dólares solo en abril. Mientras Silicon Valley sigue obsesionado con los modelos de lenguaje, parte del capital riesgo ya explora qué ocurre cuando esa inteligencia abandona definitivamente la pantalla.

McKinsey calcula que las tecnologías actuales podrían automatizar hasta el 57% de las horas trabajadas en Estados Unidos. No significa que desaparezca la mitad del empleo. Significa que muchas tareas podrán hacerse de otra manera.

Y ahí surge la pregunta que realmente importa para los inversores.

Cómo se invierte en esta tendencia

La primera reacción suele ser buscar al próximo “Tesla” fabricante de robots. Sin embargo, algunas de las oportunidades más interesantes podrían encontrarse lejos del foco mediático.

Es el caso de Harmonic Drive Systems. La compañía japonesa fabrica transmisiones armónicas, componentes que permiten que los movimientos de los robots sean precisos y eficientes. Puede que su nombre no diga demasiado fuera del ámbito industrial, pero sus resultados han empezado a captar la atención del mercado. Sus acciones llegaron a subir un 16% después de revisar al alza sus previsiones de ingresos y beneficios para el ejercicio cerrado en marzo de 2026. Detrás de esa mejora aparecía un viejo conocido. El aumento de la demanda procedente del sector robótico.

Otros nombres también se repiten entre los analistas especializados. Keyence suministra sensores utilizados en automatización avanzada. Fanuc y Yaskawa llevan décadas desarrollando robots industriales en Japón. Siemens y Dassault Systèmes trabajan con gemelos digitales que permiten entrenar máquinas en entornos virtuales antes de enviarlas al mundo real.

Retos futuros

Porque uno de los grandes retos sigue siendo el aprendizaje.

A diferencia de ChatGPT, que pudo entrenarse con enormes cantidades de información disponible en internet, los robots necesitan practicar. Caminar entre personas, manipular objetos o desenvolverse en espacios impredecibles exige millones de horas de ensayo. Hacerlo en una réplica digital resulta mucho más rápido y barato.

Para quienes prefieran una exposición más diversificada, también existen productos especializados. El Roundhill Humanoid Robotics ETF, que cotiza en Estados Unidos, reúne empresas vinculadas a esta temática, desde fabricantes de componentes hasta desarrolladores de software. Otros fondos cotizados especializados son el Global X Robotics & Artificial Intelligence, ROBO Global Robotics and Automation y ARK Autonomous Technology & Robotics.

Gran parte de todas las expectativas dependen de que los costes sigan reduciéndose y de que la tecnología continúe avanzando.

La conversación, en cualquier caso, ya ha cambiado. Hace no tanto tiempo el debate giraba en torno a si los humanoides llegarían algún día a formar parte de la economía real. Las preguntas son qué sectores los adoptarán primero, qué empresas estarán mejor posicionadas y cuánto tardaremos en dejar de pensar en ellos como protagonistas de una película para empezar a verlos como una herramienta más dentro del mundo laboral.