Los alumnos que esta semana se sientan ante los exámenes de la PAU pertenecen a una generación inédita en la historia educativa española. Son los primeros estudiantes que han llegado al final del Bachillerato utilizando durante años herramientas de inteligencia artificial capaces de explicar una derivada, corregir una redacción, resumir un tema de Historia o diseñar un plan de estudio personalizado en cuestión de segundos.
Cuando ChatGPT apareció a finales de 2022, los jóvenes que ahora afrontan la Selectividad estaban cursando los últimos años de ESO. Tres años después, la inteligencia artificial se ha convertido en una compañera habitual de estudio. La PAU de 2026 es, en cierto sentido, la primera prueba de acceso a la universidad de la generación ChatGPT.

Entre el 85% y el 90% de los estudiantes que se presentan este año a la PAU han utilizado alguna herramienta de inteligencia artificial al menos una vez, y entre el 55% y el 65% la emplean de manera efectiva para preparar exámenes, resolver dudas o estructurar su aprendizaje, según un informe del Observatorio FIEX. Aunque no existe todavía una encuesta específica sobre estudiantes de Selectividad, los datos de los principales barómetros educativos permiten hacerse una idea bastante precisa del cambio que se ha producido en las aulas españolas durante los últimos tres años.
Un tutor disponible 24 horas al día
Los estudios de GAD3 y Empantallados indican que en 2024, el 87% de los alumnos de Bachillerato ya había utilizado herramientas de inteligencia artificial y más de la mitad empleaba chatbots como ChatGPT para estudiar o preparar exámenes. Un año después, el 58% de los estudiantes afirmaba usar IA generativa específicamente para preparar pruebas o reforzar el aprendizaje.
La diferencia respecto a generaciones anteriores es también es cualitativa. Hasta ahora, los estudiantes buscaban información. Hoy conversan con ella. La IA se ha convertido en una especie de tutor disponible las veinticuatro horas del día. Los usos más frecuentes son la búsqueda de información (80%), la ayuda para organizar trabajos (68%), la preparación de exámenes (58%) y la resolución de problemas matemáticos o científicos (46%). Cada vez es más habitual que un alumno fotografíe unos apuntes y pida un resumen, convierta un tema en una batería de preguntas tipo test o solicite un simulacro completo de examen adaptado al formato de la PAU.
El estudio tradicional no ha desaparecido, pero sí ha cambiado de forma. La inteligencia artificial ha reducido drásticamente el tiempo dedicado a buscar información, ordenar materiales o diseñar esquemas. Lo que antes exigía horas de trabajo mecánico ahora puede resolverse en minutos. Los estudiantes piden a ChatGPT que les genere, por ejemplo, un examen de Historia siguiendo los criterios de corrección de su comunidad autónoma o que resuelvan problemas matemáticos y contrastan después sus procedimientos con la explicación del chatbot. También los aspirantes a Medicina utilizan la IA para identificar lagunas de conocimiento y elaborar calendarios de repaso personalizados.

La inteligencia artificial ya forma parte del escritorio donde preparan la PAU, junto a los repositorios de apuntes, los bancos de exámenes de convocatorias anteriores y los vídeos de profesores especializados. Plataformas como Wuolah acumulan millones de documentos compartidos por estudiantes, mientras universidades como la Miguel Hernández reúnen centenares de exámenes resueltos en vídeo para facilitar la preparación de la prueba.
Uno de los hallazgos más interesantes de los estudios recientes es que existen diferencias de género en la forma de utilizar la IA. Contra algunos estereotipos sobre tecnología y adolescentes, las chicas utilizan ligeramente más estas herramientas para resolver dudas académicas. Según el informe “Así Somos. El estado de la adolescencia”, el 62% de las chicas empleó inteligencia artificial para cuestiones relacionadas con los estudios durante el último mes, frente al 59% de los chicos.
Los chicos buscan ahorrar esfuerzo; las chicas, apoyo académico
Sin embargo, la situación se invierte cuando se pregunta por usos orientados a reducir el esfuerzo académico. Un 30% de los chicos reconoce utilizar la IA para dedicar menos esfuerzo a los estudios, frente al 25% de las chicas. La diferencia no es enorme, pero refleja una utilización desigual. Mientras las estudiantes buscan en la inteligencia artificial apoyo académico, los chicos muestran una mayor inclinación hacia usos sustitutivos o de ahorro de trabajo.
Pero cuanto más se normaliza la IA en el estudio, más estrictas se vuelven las medidas para impedir su uso durante los exámenes. En la PAU de 2026 se han reforzado los protocolos contra el fraude tecnológico. Varias comunidades autónomas han endurecido los controles sobre relojes inteligentes, auriculares ocultos, gafas conectadas y otros dispositivos capaces de comunicarse con sistemas de inteligencia artificial. Algunas universidades incluso han incorporado detectores de frecuencia para localizar transmisiones inalámbricas dentro de las aulas.

Como era de esperar, el sistema educativo acepta que la inteligencia artificial puede ser una herramienta legítima para aprender, pero la evaluación sigue basándose en la capacidad individual del estudiante para demostrar conocimientos sin ayuda externa.
Entender no es aprender
¿Está en riesgo el aprendizaje? En un informe de la Crue Universidades Españolas, Los expertos identifican varios riesgos. El primero es la falsa sensación de comprensión. Entender una explicación generada por IA no siempre implica haber aprendido realmente el contenido. El segundo es la dependencia cognitiva. Delegar sistemáticamente tareas que antes obligaban a reflexionar, resumir o relacionar conceptos. El tercero es la pérdida de autoría, especialmente cuando la herramienta genera trabajos completos o partes sustanciales de ellos. Un 29% de los estudiantes admite haber utilizado la inteligencia artificial para realizar un trabajo completo.
Aun así, el balance general se aleja de las visiones apocalípticas que acompañaron la llegada de ChatGPT. No existen pruebas concluyentes de que la IA esté empeorando el rendimiento académico de los estudiantes españoles. Tampoco de que lo esté mejorando de manera automática. Los resultados dependen menos de la tecnología que de la forma en que se utiliza. Lo que es evidente es que la generación que hoy se examina de la PAU ha cambiado la manera de estudiar.
No hay, por ahora, estudios causales españoles que vinculen uso de IA con resultados en la PAU o con notas de corte por materias, pero por primera vez en la historia, miles de estudiantes llegan a una prueba decisiva después de haber preparado parte de su aprendizaje dialogando con una máquina. Han estudiado con profesores, academias, libros, apuntes y exámenes anteriores, pero también con algoritmos capaces de responder instantáneamente a cualquier pregunta. La Selectividad de 2026 marca este hito.

