Laura de la Fuente es directora de Marketing (CMO por sus siglas en inglés) en Xcalibur Smart Mapping, donde trata de conectar la Inteligencia Artificial con los datos, minerales críticos, transición energética y comunicación estratégica; trasladando contenidos técnicos complejos a las diferentes audiencias (instituciones, inversores, medios de comunicación y sociedad civil).
De la Fuente también participa como portavoz y ponente en foros nacionales e internacionales de innovación, IA, sostenibilidad, tecnología climática y transformación empresarial, como South Summit 2026, DAVOS CNBC (participando también la serie de CMOs globales sobre ‘Building Trust’), Cannes Lions, MWC, Icex Forum y encuentros sectoriales. En una entrevista con Artículo14, comparte como ha sido su trayectoria profesional.
¿Qué ha sido lo más complejo que ha tenido que enfrentar en su carrera profesional?
Probablemente, liderar procesos de transformación en entornos de gran incertidumbre. He trabajado en compañías que han vivido momentos de cambio profundo donde había que tomar decisiones importantes sin disponer de toda la información necesaria. En esas situaciones aprendí que el liderazgo no consiste en tener todas las respuestas, sino en generar confianza, mantener una visión clara y ayudar a los equipos a avanzar, incluso cuando el camino no está completamente definido.
Además, he desarrollado gran parte de mi carrera en sectores muy técnicos y tradicionalmente masculinos. Eso me ha enseñado a que el valor de una profesional no depende de su género, sino de su capacidad para generar resultados, construir equipos y aportar una visión que ayude a la organización a crecer.
¿Podría contarnos sobre una persona que haya tenido un impacto significativo en su vida? ¿Qué aprendió de esa persona?
He tenido la suerte de encontrar personas que me han marcado profundamente en momentos muy distintos de mi vida.
La primera fue mi abuela Amparo. Pertenecía a una generación de mujeres que rara vez aparecían en los titulares, pero que sostenían familias enteras sobre sus hombros. Nunca hablaba de sacrificio, simplemente hacía lo que había que hacer. De ella aprendí la cultura del esfuerzo, la dignidad, la generosidad y algo que intento recordar cada día: que la verdadera fortaleza no necesita hacer ruido. También aprendí de ella que la fortaleza no está reñida con la empatía, y una sonrisa atrae otra sonrisa. Ambas, lecciones que intento aplicar cada día tanto en mi vida personal como profesional. Creo que gran parte de la mujer que soy hoy tiene mucho que ver con lo que aprendí observándola.
En el ámbito profesional destacaría a Francisco Jiménez-Alfaro, Curro, entonces CEO de MioGroup. Curiosamente, él creyó en mis capacidades antes incluso de que yo misma lo hiciera. Con menos de 30 años me lanzó a liderar la apertura de un nuevo mercado, una responsabilidad para la que, si soy sincera, no estaba completamente segura de estar preparada.
De ambos aprendí algo parecido, aunque desde lugares muy diferentes: que las personas crecen cuando alguien confía en ellas.

¿Cuál considera que será su legado en su actual posición y qué impacto espera haber logrado?
Pocas personas tienen la oportunidad de trabajar en algo que conecta tan directamente con su propósito personal.
En Xcalibur Smart Mapping estamos construyendo algo que hace apenas unos años parecía ciencia ficción: un gemelo digital de la Tierra capaz de proporcionar información objetiva para ayudar a tomar mejores decisiones sobre recursos naturales, infraestructuras, seguridad energética, resiliencia climática o desarrollo territorial. Con XENAI, nuestra Earth Intelligence Platform, estamos transformando datos complejos en conocimiento accionable para gobiernos, instituciones y empresas.
Si algún día puedo mirar atrás y pensar que contribuí a acercar ese futuro, ayudando a que las decisiones de mayor impacto para la sociedad se tomen con más información, más transparencia y más responsabilidad, sentiré que he participado en un sueño hecho realidad.
No me obsesiona dejar un legado personal. Me interesa más formar parte de proyectos que dejen huella. Si dentro de unos años podemos decir que ayudamos a tener una mejor comprensión del planeta, sentiré que participé en algo que mereció la pena.
¿Qué mito sobre el liderazgo femenino le gustaría desterrar para siempre?
La idea de que existe una única forma correcta de liderar y que las mujeres deben adaptarse a modelos tradicionales para tener éxito.
He conocido mujeres brillantes que lideran desde la empatía, la escucha o la capacidad de construir consenso, y hombres que lo hacen igual. También he conocido perfiles mucho más directos o ejecutivos en ambos casos.
El liderazgo no tiene género. Tiene visión, coherencia y capacidad para movilizar a las personas hacia un objetivo común.
Desde su posición, ¿cómo fomenta el crecimiento profesional de otras mujeres?
Me preocupa que volvamos a llegar tarde a una revolución tecnológica. Ya ocurrió en algunas disciplinas STEM y no me gustaría que sucediera de nuevo con la inteligencia artificial.
Por eso participo activamente en foros, conferencias y espacios de formación donde intento trasladar un mensaje muy sencillo: la IA no es un tema de género. Es una oportunidad que debemos construir entre todos.
De hecho, tengo una teoría. Muchas de las capacidades que van a ser críticas en la era agéntica tienen menos que ver con programar y más con comprender contextos, formular buenas preguntas, coordinar equipos, gestionar complejidad y conectar tecnología con personas. Y ahí veo a muchísimas mujeres extraordinariamente preparadas.
Como madre, además, esta revolución tiene una dimensión muy personal.
Compagino mi trabajo con mi actividad como consultora, ponente y directora académica del MIB, el Máster en Transformación de Empresas en la Era de la IA. Como tantas otras mujeres, vivo constantemente haciendo malabares entre responsabilidades profesionales y personales. Por eso la era ‘agéntica’ me parece tan apasionante. No porque vayamos a trabajar más horas, sino porque podremos dedicar menos tiempo a tareas repetitivas y más tiempo a lo que aporta valor: pensar, crear, aprender, liderar y estar presentes para las personas que queremos.
Creo, sinceramente, que la inteligencia artificial puede convertirse en una de las herramientas de igualdad más potentes de nuestra generación.
¿Ha cambiado la tecnología su forma de trabajar? ¿Usa la IA y para qué?
Absolutamente. Utilizo inteligencia artificial todos los días. La empleo para investigar, analizar tendencias, contrastar ideas, acelerar procesos de trabajo, programar, preparar contenidos o explorar nuevas perspectivas sobre un problema. Pero más allá de la productividad, creo que la verdadera revolución está en que nos obliga a replantearnos cómo trabajamos y dónde aportamos valor como personas. La IA es extraordinaria procesando información. Nuestro trabajo será cada vez más aportar criterio, creatividad, empatía y capacidad de decisión.
Por eso no veo la inteligencia artificial como una amenaza, sino como una herramienta que amplifica nuestras capacidades. Pocas veces me oirás hablar de la IA como inteligencia artificial, si no que me refiero a ella como Inteligencia Aumentada.
Si el éxito profesional fuera un viaje, ¿cómo le gustaría que fuera? ¿Qué llevaría en la maleta?
Me gustaría que fuera un viaje lleno de aprendizaje y de personas interesantes.
Nunca he entendido el éxito como un destino final. De hecho, cada vez que alcanzas una meta aparece otra nueva en el horizonte.
En la maleta llevaría curiosidad, capacidad de adaptación y sentido del humor. Este último es mucho más importante de lo que parece. Las cosas nunca salen exactamente como las habías planeado y aprender a relativizar ayuda mucho. También llevaría la capacidad de disfrutar del camino. A veces estamos tan pendientes del siguiente reto que olvidamos celebrar todo lo que ya hemos conseguido.

¿Alguna rutina matutina que le ayude a prepararse mental y físicamente para el día?
Mi momento favorito del día ocurre a las 8 de la mañana cuando despierto a mi hija con alguna canción que nos dé energía y alegría. Prepararle el desayuno, caminar o ir en patinete juntas hasta el colegio conversando con ella. Son apenas 50 minutos, pero tienen algo mágico.
También es verdad que muchas veces me despierto y lo primero que veo es un móvil lleno de correos pendientes. Suelo responder algunos antes incluso de salir de la cama. No voy a fingir que soy de esas personas que meditan cuarenta minutos al amanecer porque no sería verdad, pero a las 8am, todo se para y empieza la magia. Precisamente por eso valoro tanto esos pequeños momentos con mi hija.
Luego llego a la oficina y vuelven las reuniones, los proyectos, los viajes y los problemas que resolver. Pero durante ese trayecto al colegio el mundo va un poco más despacio. Y eso vale muchísimo.
¿Cuál era su sueño de niña?
Siempre fui una niña tremendamente creativa. Me gustaba pintar, bailar, escribir historias e inventar mundos. Recuerdo pasar horas imaginando personajes, conversaciones y proyectos que solo existían en mi cabeza.
Cuando mis padres se divorciaron, siendo yo bastante pequeña, desarrollé también un fuerte sentido de la responsabilidad. Sentía que tenía que cuidar de mi hermano pequeño y asegurarme de que todo estuviera bien.
Con los años me he dado cuenta de que esas dos facetas aparentemente opuestas, la creatividad y la responsabilidad, han marcado toda mi carrera.
Hoy sigo dedicándome a algo muy parecido a lo que soñaba entonces. Construyo relatos, conecto personas e ideas e intento convertir proyectos complejos en productos y servicios que inspiren a otros. Al final, comunicar consiste precisamente en eso: ayudar a que algo que parecía imposible empiece a parecer alcanzable, pero hacerlo de una forma responsable y de alto impacto social.
Un imprescindible en el bolso.
Mi teléfono móvil. Me gustaría decir que podría vivir sin él, pero sería mentira. Entre viajes, reuniones, proyectos y familia, se ha convertido en mi herramienta más útil.
Su cita o frase vital.
Hay dos frases que me acompañan desde hace años. La primera es: “No seas hija de tu pasado, sé arquitecta de tu futuro”. Y la segunda: “El conocimiento no elimina la vulnerabilidad”. Creo que ambas tienen mucho sentido en la época que estamos viviendo.
Vivimos rodeados de información, pero eso no significa que tengamos certezas. Seguimos teniendo que tomar decisiones difíciles, asumir riesgos y avanzar sin conocer todas las respuestas.
Con los años he aprendido que la valentía no consiste en no tener miedo. Consiste en actuar a pesar de él. Por eso intento tomar decisiones combinando datos, experiencia, intuición, humanidad y sentido común. Y aceptar que, por mucho que aprendamos, siempre habrá una parte de incertidumbre que tendremos que abrazar. Es ahí donde, en mi opinión, empieza realmente el liderazgo.


