La pólvora forma parte de la vida de María José Lora desde que nació. Pertenece a la quinta generación de una familia de pirotécnicos, Caballer de Moncada y, pese a haberse licenciado en Farmacia por la Universidad de Valencia, decidió continuar con el oficio.
” Primero ayudaba en las épocas de mayor volumen de trabajo, pero con el tiempo me involucré de tal manera que decidí convertirme en pirotécnica. Tomé esta decisión motivada por mi pasión hacia esta profesión y por el firme compromiso de continuar un legado que los míos han mantenido vivo con tanto sacrificio.”
La pirotecnia continúa siendo un sector mayoritariamente masculino, aunque el papel de la mujer ha ido ganando visibilidad durante los últimos años. La presencia femenina dentro de la propia familia contribuyó a normalizar ese camino.
“En mi caso, esta situación estuvo más normalizada debido a que mi abuela ya asumió el relevo generacional en los años 50, lo que me permitió conocer a muchas mujeres que trabajaban en este oficio. Me recibieron con respeto y normalidad, y hoy en día me siento una pirotécnica respetada y valorada como profesional.”
Aun así, reconoce que todavía existe cierta sorpresa cuando una mujer se encuentra al frente de un espectáculo pirotécnico. “Cada vez ocurre menos, pero sí: todavía existe ese asombro o sorpresa por ver a una mujer al frente en algunos espectáculos.”

La seguridad es una de las cuestiones que más preocupan cuando se habla de fuegos artificiales. Es una profesión que exige estar alerta en todo momento. No hay espacio para los despistes.
“La pirotecnia es una profesión de riesgo que exige una gran responsabilidad y un profundo respeto. La fabricación de ciertos productos es la etapa que implica mayor peligro; sin embargo, este se minimiza al máximo mediante estrictas normas de seguridad y una formación continua. Son numerosas las medidas que se aplican en los talleres, los cuales están oficialmente autorizados y supervisados. Destacan el uso de ropa antiestática, la manipulación minuciosa del producto, el estricto control de almacenaje, los sistemas de extinción automáticos y los planes de emergencia y evacuación. Todo ello se implementa en riguroso cumplimiento del Reglamento de Pirotecnia vigente.”
Nunca ha sufrido un accidente, aunque la historia de su propia familia le recuerda la importancia de la seguridad.

“No, nunca he vivido un accidente y espero no vivirlo jamás; por esta razón debemos ser sumamente respetuosos con este oficio. Mi abuelo, que era músico de profesión, falleció en un accidente pirotécnico. A pesar del tremendo golpe que aquello supuso, mi abuela decidió seguir adelante con el negocio familiar y asumir el mando de la empresa.”
Detrás de cada castillo de fuegos artificiales hay muchas más horas de trabajo de las que el público imagina.
“Hay un complejo trabajo que comienza con el estudio del espacio y el conocimiento de los gustos del público. Se diseñan, fabrican o seleccionan los productos que darán forma al evento. Tras un premontaje en taller para facilitar las labores en el terreno, todo el material se transporta hasta el lugar de disparo. Se inicia el montaje final y se comprueba que cada detalle funcione a la perfección. Finalmente, solo queda esperar a que el público disfrute, un momento crucial en el que afloran los nervios y la preocupación de que todo salga según lo previsto.”

La tecnología y la sostenibilidad también han llegado a un sector que, pese a su modernización, continúa siendo profundamente artesanal.
“La pirotecnia ha avanzado notablemente en tecnología, tanto en los procesos de fabricación como en los sistemas de montaje y disparo de espectáculos. A pesar de esta modernización, sigue siendo un oficio muy artesanal que incorpora constantemente nuevos efectos para adaptarse a los diseños actuales. El sector pirotécnico mantiene un firme compromiso con el medio ambiente mediante el desarrollo de productos fabricados con materiales reciclados y biodegradables. Sin embargo, estos avances aún enfrentan desafíos económicos, ya que sus costos de producción son mayores en comparación con los fuegos artificiales tradicionales.”
También admite que en alguna ocasión ha percibido un trato diferente por el hecho de ser mujer.
“Sí, en pocas ocasiones, especialmente al visitar a clientes que están muy acostumbrados al trato masculino; sin embargo, con los compañeros del sector nunca he tenido ningún problema.”
Pero no importan los años que pasen entre pólvora y fuegos artificiales, hay algo que no cambia. “Sigo sintiendo lo mismo que el primer día: nervios y un gran sentido de la responsabilidad. Esto hace que durante el espectáculo no logre disfrutarlo plenamente, ya que estoy completamente pendiente de que todo el material salga de forma correcta. Sin embargo, al final de cada disparo, siempre siento una inmensa satisfacción al hacer disfrutar a todo tipo de públicos.”
Hay un espectáculo que recuerda especialmente. “Un espectáculo que recuerdo con especial cariño es el que realizamos el año pasado en la Semana Grande de San Sebastián. En esa ocasión me puse en ‘modo espectador’, lo disfruté muchísimo porque fue espectacular y pude sentir en primera persona lo que verdaderamente transmitimos los pirotécnicos con nuestro trabajo. Al terminar, experimenté un verdadero subidón de orgullo.”

